lunes, 15 de septiembre de 2014

Neoliberales en América Latina (I): Ortodoxos y convencionales

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

En América Latina el neoliberalismo comenzó antes y ha enfrentado mayores resistencias. Es una práctica reaccionaria, un pensamiento conservador y un modelo de acumulación basado en agresiones a los trabajadores, en un marco de mayor internacionalización del capital.

Hubo una etapa inicial del ajuste y otra fase posterior de privatizaciones durante las dictaduras y las transiciones posteriores. La aplicación del esquema neoclásico acentuó los desequilibrios financieros, cambiarios y productivos tradicionales y repitió los socorros estatales a los capitalistas a costa del erario público.

A diferencia de otras regiones el neoliberalismo latinoamericano quedó afectado por el impacto de las sublevaciones populares. Mantiene el programa derechista, pero redujo su triunfalismo, atenuó sus ambiciones y acepta cierta intervención estatal. Puede ser visto como etapa del capitalismo, estrategia de libre-comercio, política económica o gobierno derechista. Para definir si se encuentra a la ofensiva o en repliegue hay que distinguir esas cuatro acepciones.

El librecambismo postula una imaginaria inserción natural en el mercado mundial y reproduce el subdesarrollo que genera la exportación primaria. Las brechas internacionales de productividad desmienten las fantasías de convergencia entre economías avanzadas y periféricas.

El neoliberalismo hereda viejas teorías de inferioridad de los nativos, atraso cultural hispanoamericano y supremacía de Occidente. Retoma los mitos positivistas de la modernización basados en la copia del capitalismo avanzado. Despotrica contra la injerencia estatal, ocultando los beneficios que obtienen los capitalistas y no explica la continuidad de esa intervención al cabo de tantos gobiernos pro-mercado. Es absurda su presentación de la informalidad laboral como una resurrección de la competencia empresaria.

Como creencia, programa o cosmovisión el neoliberalismo es la principal ideología actual de las clases dominantes. No ha sido internalizada por los oprimidos.

¿Cuáles son las peculiaridades del neoliberalismo en América Latina? ¿Alcanzó mayor penetración que en los países centrales? ¿Registra un declive superior al resto del mundo?

Es sabido que esta modalidad reaccionaria fue introducida en la región con cierta antelación. Las dictaduras del Cono Sur anticiparon en los años 70 la oleada derechista, que posteriormente se afianzó en el grueso del planeta. Pero Latinoamérica ha sido también el epicentro de grandes resistencias populares, que propinaron significativas derrotas a ese aluvión conservador. Una revisión de la trayectoria e ideología del neoliberalismo permite explicar muchas especificidades de la región.

Caracterizaciones generales

Las primeras discusiones internacionales sobre el neoliberalismo destacaron las raíces teóricas de esta corriente en el pensamiento económico neoclásico. También explicaron su aparición por el agotamiento del crecimiento keynesiano de pos-guerra y resaltaron sus objetivos políticos regresivos. El neoliberalismo fue definido en los años 80, como una ofensiva del capital sobre el trabajo para recomponer la tasa de ganancia. (1)

En la década siguiente se constató la hegemonía ideológica mundial alcanzada por esta vertiente. A pesar de los magros resultados económicos logrados durante ese decenio, la derecha se reforzó aprovechando el debilitamiento de los sindicatos y el desasosiego creado por la fractura social. El neoliberalismo expandió su influencia e implementó una drástica reconversión de la economía.

La expectativa en un rápido declive de esta corriente fue disipada por la implosión de la URSS y la crisis del horizonte socialista. Las tendencias conservadoras obtuvieron un impulso adicional con la anexión de Alemania Oriental, el amoldamiento de la Unión Europea a la globalización y la demolición del estado de bienestar. (2)

La crisis económica iniciada en el 2008 abrió grandes interrogantes sobre la continuidad del modelo privatista. Esta convulsión superó las conmociones financieras precedentes e ilustró la magnitud de los desequilibrios creados por el neoliberalismo. Pero la preeminencia de este ciclo se mantuvo. (3)

Su persistencia se ha verificado en todos los acontecimientos de la coyuntura 2008-2014. La etapa que comenzó con el thatcherismo transformó el funcionamiento del capitalismo mediante privatizaciones, aperturas comerciales y flexibilizaciones laborales. Este esquema intensificó la competencia global por aumentos de la productividad desgajados del salario, que amplifican todas las tensiones de la producción, el consumo y las finanzas.

En los últimos años este modelo profundizó los atropellos contra los trabajadores en contextos recesivos que potencian el temor a la miseria. La desigualdad social alcanzó niveles sin precedentes, la pobreza se expandió en las economías centrales y la precarización laboral se masificó en todo el planeta.

El neoliberalismo converge con la internacionalización de la economía. La fragmentación mundial de los procesos de fabricación, el desplazamiento de la industria hacia al Oriente consolidan la primacía de las empresas transnacionales. Las grandes firmas utilizan las normas del libre-comercio y los bajos aranceles para desenvolver intercambios entre sus filiales. Estos movimientos apuntalan, además, la globalización financiera y el vertiginoso flujo de capitales entre los distintos países.

Las transformaciones neoliberales han generando un modelo que opera con parámetros muy distintos al keynesiano de posguerra. Ese esquema desencadena crisis muy específicas, que ya no irrumpen como arrastres de viejos desequilibrios de los años 70. Al cabo de tres décadas de reorganización capitalista se han creado nuevas contradicciones en múltiples esferas.

El neoliberalismo contrajo los ingresos populares, afectó la capacidad de consumo, incrementó la sobreproducción de mercancías y agravó varias modalidades de sobre-acumulación de capital. Acentuó, además, un deterioro del medio ambiente que amenaza desatar inéditos desastres ecológicos.

En el plano geopolítico este curso ha precipitado un rediseño de fronteras que contrasta con el congelado mapa de la guerra fría. Ya transitó por fases diferenciadas de bipolaridad, unipolaridad y multipolaridad en las relaciones que mantienen las grandes potencias. Pero todos los conflictos entre las clases dominantes se procesan en un nuevo marco de negocios globalizados.

El neoliberalismo perdura por el retroceso que impuso a los trabajadores. Se sostiene en el cansancio político que genera la alternancia de conservadores y socialdemócratas en la administración del mismo modelo. Todo indica que la reversión de esta etapa exigirá grandes victorias populares impuestas desde abajo. (4)

En este escenario: ¿cuáles son las peculiaridades de América Latina?

Justificaciones y períodos

A mitad de los años 70 el neoliberalismo latinoamericano anticipó todas las tendencias de los países desarrollados. Ese paradigma se forjó en Chile bajo Pinochet, con el asesoramiento económico ortodoxo de Hayek y Milton Friedman. Allí se experimentó la doctrina que posteriormente aplicaron otras dictaduras de la región.

Estos ensayos no se extinguieron con el fin de los gobiernos militares. El neoliberalismo fue convalidado por los regímenes constitucionales que sucedieron a las tiranías del Cono Sur. Esta continuidad afianzó las transformaciones estructurales introducidas por el modelo derechista.

La prioridad del neoliberalismo en la región fue desterrar la influencia alcanzada por la izquierda y el nacionalismo radical al calor de la revolución cubana. También arremetió contra la heterodoxia keynesiana de varios pensadores de la CEPAL.

Su cruzada contra las reformas sociales, la redistribución del ingreso y la defensa del patrimonio nacional signó todo el período de transición post-dictatorial. Con algunos cambios de formato fueron convalidadas las principales mutaciones regresivas impuestas por los militares.

En el plano económico el neoliberalismo latinoamericano atravesó por dos etapas diferenciadas. En los 80 prevalecieron las “reformas de primera generación” con prioridades de ajuste anti-inflacionario. En el decenio siguiente predominó el “Consenso de Washington” con transformaciones complementarias de apertura comercial, privatizaciones y flexibilización laboral.

En el primer período se introdujeron políticas de shock para recortar el gasto público social y elevar las tasas de interés. Estas medidas fueron justificadas con criterios neoclásicos de equilibrio, que realzaban la primacía del mercado en la asignación de los recursos. (5)

Estos postulados walrasianos fueron esgrimidos para exaltar el reinado de la oferta y la demanda y cuestionar la injerencia estatal. Todos los debates fueron encapsulados en conceptos neoliberales. Abundaron los estudios para mensurar el aporte de cada “factor” (tecnología, recursos naturales, capital humano) al crecimiento. Las evaluaciones de los procesos productivos fueron despojadas de sus fundamentos sociales y la enseñanza de economía quedó reducida a una indagación de relaciones funcionales entre variables inexplicadas. (6)

La ideología neoliberal incentivó esa fascinación con la formalización y el tratamiento de la economía como un sistema mecánico, sujeto a los ajustes aconsejados por los técnicos neoclásicos. Toda la tradición latinoamericana de estudios históricos-sociales quedó sepultada por el aluvión de especialistas llegados desde Washington y Chicago. El análisis de las contradicciones, desequilibrios o límites de la economía latinoamericana fue reemplazado por espejismos tecnocráticos.

En este clima se gestó la segunda fase neoliberal. Se afirmó que el saneamiento del escenario macroeconómico regional ya permitía abrir las compuertas de la eficiencia, desmantelando empresas estatales y eliminando protecciones arancelarias.

A partir de ese momento cobró más relevancia la vertiente austríaca de la teoría neoclásica. Las supersticiones en la mano invisible fueron complementadas con propuestas de darwinismo social competitivo. Se incentivó el remate de las propiedades del estado y la apertura masiva a las importaciones. Con el pretexto de restaurar patrones de riesgo, esfuerzo y productividad se propició la reducción de los ingresos populares y el aumento de la desigualdad.

El establishment transformó estos principios en un libreto de toda la sociedad. El mismo relato fue expuesto por los gobernantes, transmitido en las escuelas, enaltecido en las universidad y popularizado por los medios de comunicación. La organización ultra-liberal Mont Pelerin Society y sus Centros de Estudios de la Libertad (CDEL) introdujeron muchas ideas para esta contrarreforma.

Crisis y fracasos

Al comienzo del nuevo siglo irrumpió la crisis del neoliberalismo latinoamericano. Los desequilibrios generados por ese modelo salieron a flote en toda la región, junto a la creciente primacía del sector exportador en desmedro del desenvolvimiento interno. Aumentó la heterogeneidad estructural de la economía y se concentraron las actividades más rentables en un puñado de empresas. La capacidad del estado para priorizar las decisiones de inversión quedó muy debilitada. (7)

Las dos etapas neoliberales de ajuste y apertura no sólo deterioraron los ingresos populares. También provocaron la desintegración de la vieja industria local gestada durante la sustitución de importaciones. Se acentuó la vulnerabilidad de todas las economías ante la descontrolada afluencia o salida de capitales externos. También se intensificó la dependencia del vaivén internacional de los precios de las materias primas.

Las economías latinoamericanas volvieron a soportar la carencia estructural de divisas. No pudieron respaldar las reservas, ni mantener bajo control el tipo de cambio, la tasa de interés o el nivel de inflación. Cuando estos desequilibrios emergieron, los ministros pro-mercado abandonaron sus doctrinas y recurrieron al mismo endeudamiento que caracterizó a sus antecesores.

Todas las prédicas de ortodoxia fiscal, cuidado monetario y prudencia en la expansión de la deuda pública fueron archivadas. Se optó por el costoso crédito externo para lidiar con las asfixias generadas por el propio modelo. En muy poco tiempo los mitos del rigor neoliberal en el gerenciamiento del estado quedaron desmentidos. Esta política desembocó en la misma asfixia de pagos que ha jaqueado repetidamente a la región. (8)

Varios años de privatizaciones y flexibilidad laboral recrearon las crisis financieras, los quebrantos fiscales, las fugas de capital y los colapsos cambiario-monetarios del pasado. El desplome de la Argentina en el 2001 fue la expresión más dramática de esta repetición de viejas convulsiones.

El neoliberalismo mantuvo un bajo nivel de actividad económica. La ilusión en un repentino despegue por el simple efecto de políticas conservadoras quedó desmentida. El recorte de los salarios y del gasto social no incentivó la inversión. Tampoco las privatizaciones encendieron la mecha del crecimiento.

En todo el período estuvo ausente el esperado derrame de bienestar desde los acaudalados hacia el resto de la población. Sólo resurgieron los breves ciclos de mayor consumo de la clase media. Fue muy visible el acaparamiento de ingresos de los poderosos a costa de los trabajadores.

El balance del neoliberalismo es contundente en los propios términos de ese esquema. Pretendía revertir el bajo crecimiento y mantuvo un reducido nivel de expansión de la economía. Esperaba eliminar las crisis financiero-cambiarias y agravó esos desmoronamientos. Prometía erigir una plataforma duradera de inversión y acentuó la distancia de la región con los países que incrementaron su desarrollo.

Los intentos de remontar estos fallidos con alguna dosis de la misma medicina terminaron precipitando las crisis mayúsculas de principio de siglo XXI. Estas convulsiones confirmaron que las clases dominantes atropellaron las conquistas populares, sin convertir esos éxitos capitalistas en procesos sostenidos de acumulación. (9)

Los propios impulsores del liberalismo extremo quedaron defraudados por un retroceso económico que deterioró la incidencia de América Latina en el mercado mundial. La cohesión política inicial del proyecto derechista se diluyó y el modelo afrontó su desafío más directo a partir de las sublevaciones populares de 1999-2005.

Rebeliones y virajes

El neoliberalismo latinoamericano fue socavado por levantamientos sociales parcialmente exitosos. Este resultado determinó la principal singularidad de este proyecto en la región. Las protestas pusieron un límite a la ofensiva del capital, especialmente luego de cuatro alzamientos victoriosos (Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela) que tumbaron a los artífices del ajuste.

Las rebeliones no alcanzaron la envergadura de las revoluciones del siglo XX, pero modificaron las relaciones de fuerza y forzaron concesiones sociales que contradicen el programa de Thtacher-Hayek. Estas conquistas erosionaron el plan de la reacción y generaron un escenario que diferencia a Sudamérica de otras zonas con predominio neoliberal continuado. (10)

En este nuevo marco la derecha ajustó su estrategia e introdujo una variante más moderada del mismo modelo. Este curso incluye discursos éticos, cierta intervención del estado y alguna sintonía con la síntesis neoclásico-keynesiana de posguerra. (11)

La retórica que adoptó el Banco Mundial es muy representativa de este cambio. Los promotores del ajuste han edulcorado sus recetas y esgrimen una hipócrita preocupación por la pobreza. Reconocen las “fallas de mercado” y promueven alguna regulación del estado parar corregir los excesos de la concurrencia. (12)

Los informes de los organismos internacionales ya no presentan la radicalidad neoclásica de los años 80 o 90. Reconocen las imperfecciones mercantiles y destacan la primacía de la acción estatal en ciertas áreas (medio ambiente, capital humano, infraestructura). Estos mensajes combinan el acervo ortodoxo con la intervención pública y proponen nuevos remedios para las rigideces de los precios y las trabas en la circulación de la información.

Este neoliberalismo más atenuado también remarca la importancia del asistencialismo. Acepta el gasto público para contener la explosión de pobreza, como un precio a pagar durante la transición en curso. Supone que esa erogación será pasajera y se extinguirá cuando el modelo genere más empleo. En los hechos registra el enorme impacto de grandes sublevaciones que atemorizaron a los capitalistas.

El neoliberalismo del siglo XXI ha morigerado su entusiasmo inicial con la globalización. Ya no transmite el espíritu triunfalista de “fin de la historia” que anunciaba Fukuyama, ni se vanagloria por las “victorias de Occidente”. Acepta la existencia de una mayor variedad de caminos al bienestar que la simple imitación de Estados Unidos o Europa.

También destaca la incidencia de los valores imperantes en Oriente que facilitaron los despegues de China y el Sudeste Asiático. Resalta la centralidad cultural de la comunicación global y subraya su novedosa influencia para incentivar el desenvolvimiento de la periferia.

El neoliberalismo actual ha incorporado además varias teorías de crecimiento endógeno, que realzan la necesidad de inversiones públicas para financiar los procesos de innovación. La tecnología ya no es vista como un bien público, neutral y exógeno, que puede ser absorbida por cualquier concurrente atento a la señales del mercado.

Pero ninguno de estos agregados, sutilezas o complementos ha modificado las conclusiones regresivas del neoliberalismo. Estos corolarios se mantienen tan invariables, como las convocatorias a garantizar los negocios de los poderosos. La prioridad de políticas “amigables” hacia el capital mediante aperturas comerciales, privatizaciones y flexibilidad laboral no ha cambiado. El mismo recetario persiste con un nuevo envase de presentación.

Variedad de sentidos

Al comienzo del siglo XXI el neoliberalismo perdió la homogeneidad que caracterizó a su debut. El término adoptó múltiples connotaciones y la definición previa de ofensiva del capital sobre el trabajo quedó referida a cuatro problemas específicos.

En primer lugar existe una interpretación de este fenómeno como nueva etapa del capitalismo. Esta acepción alude al período transcurrido desde los años los 80 hasta la actualidad a escala global. La peculiaridad de América Latina en esta fase ha sido su inserción internacional como proveedora de materias primas.

El neoliberalismo aporta la justificación de este modelo exportador con primacía agro-minera, pilares extractivistas, fabricación maquiladora y servicios transnacionalizados. Todos los gobiernos de la región comparten este patrón de reproducción primario-exportador.

Un segundo sentido del neoliberalismo reúne a los países que han optado por estrategias de libre-comercio. México lidera este pelotón desde la suscripción del NAFTA con Estados Unidos y Canadá hace 20 años. Su economía ha quedado moldeada por las consecuencias de un tratado que reforzó la integración del país a la potencia del norte, como proveedor de petróleo y mano de obra barata.

Pero el ambicioso proyecto estadounidense de forjar un mercado hemisférico para las grandes empresas (ALCA) se frustró. Las resistencias populares, la disconformidad de ciertos sectores empresarios y el rechazo de los gobiernos más autónomos alineados con el MERCOSUR neutralizaron ese intentó en el 2005 (Cumbre de Mar del Plata).

Desde ese momento la promoción imperial de un gran tratado de libre comercio ha quedado sustituida por convenios bilaterales suscriptos con los gobiernos más afines. Varios TLC se consolidaron, otros se demoraron y algunos quedaron bloqueados. Pero un enjambre de acuerdos ya enlaza a Estados Unidos con el grueso de la región centroamericana y con varios países del sur (Chile, Colombia o Perú).

En los últimos años Obama retomó la ofensiva para introducir un convenio general de libre-comercio (Tratado del Pacífico), tendiente a gestar cierta triangulación mundial con Europa y Asia. También las firmas europeas impulsaron sus propias negociaciones e intentan erosionar el MERCOSUR forjando acuerdos unilaterales con Brasil. (13)

Las mismas tratativas de Europa con Ecuador apuntan a extender el sometimiento comercial que ya impera en Perú o Colombia. En el caso de Uruguay las negociaciones incluyen un drástico compromiso de apertura comercial y equiparación de los proveedores nacionales del Estado con sus competidores externos. (14)

Esta oleada de presiones no sólo recrea las rivalidades entre europeos, estadounidenses y chinos por el control de los recursos naturales de la región. El libre comercio es un mecanismo de la mundialización que promueven todas las potencias. Cuanto más elevado sea el número de convenios suscriptos por la región, mayor será su subordinación a un modelo que bloquea el desarrollo latinoamericano.

La tercera acepción del neoliberalismo alude a una política económica de ortodoxia monetaria, fiscal y cambiaria con variantes monetaristas y ofertistas. Pero la crisis global del 2008 ha generado importantes cambios en esta práctica. Muchos neoliberales olvidaron los principios de riesgo y competitividad y justifican los auxilios estatales a los bancos.

Esta adaptación pragmática al temblor financiero no presenta hasta el momento la magnitud observada en las economías centrales. La región no padeció desmoronamientos bancarios, ni explosiones de endeudamiento. Persiste el ascenso de los precios de las commodities (en forma atenuada) y también la afluencia de inversiones extranjeras. Por esta razón se implementan políticas contra-cíclicas de gasto público e impulso al consumo. Los ministros neoliberales han recurrido a estas recetas con el mismo fervor que sus adversarios heterodoxos, especialmente en Chile, Colombia, México o Perú.

Ciertamente existe un tipo de política económica singular del neoliberalismo que se contrapone al patrón keynesiano. El signo determinante de esta orientación no es la gravitación del Estado, sino la jerarquía asignada a las privatizaciones, la apertura comercial y la flexibilización laboral. También se prioriza el gerenciamiento privado y las inversiones extranjeras como sustitutos del ahorro interno.

¿Cuáles son los intereses sociales favorecidos por esa política? Es evidente que beneficia a los capitalistas en desmedro de los trabajadores, pero no es tan nítido su apuntalamiento de sectores burgueses específicos. Algunos autores subrayan las ventajas obtenidas por los rentistas financieros y otros resaltan el sostén general de los grupos concentrados. (15)

Es evidente que el neoliberalismo mejoró inicialmente el perfil de los sectores financieros y afianzó posteriormente los negocios agro-mineros volcados a la exportación. Ha obstruido, en cambio, los procesos de acumulación de las fracciones industriales más dependientes del mercado interno.

Evaluaciones combinadas

El cuarto sentido del neoliberalismo es su dimensión política. En este plano se identifica con los gobiernos derechistas subordinados a Estados Unidos, que recurren a la represión para apalear la protesta popular. Es la estrategia elegida por el PAN y el PRI que ensangrentaron a México en una guerra social bajo la cobertura de “erradicar el narcotráfico”. También aquí se ubican los mandatarios de Colombia que acumulan un récord de persecuciones y asesinatos de luchadores sociales.

En ese mismo campo deben ser situados los presidentes de Perú que privilegian la respuesta represiva frente a las resistencias al extractivismo. Es la misma política que han seguido en Chile los líderes de la Concertación, manteniendo los pilares de la Constitución pinochetista. El uso de la fuerza es también un rasgo compartido por los presidentes privatistas de Centroamérica.

Todos estos gobiernos desarrollan agendas reaccionarias apuntaladas por los medios de comunicación. Priorizan especialmente la difusión de valores conservadores, para oponer a las clases medias con los sectores más empobrecidos.

Pero este neoliberalismo político ha perdido el empuje triunfalista que exhibía en los años 90. Sólo mantiene una gran capacidad para lanzar contraofensivas. En los últimos años recurrió al golpismo con disfraz institucional, para derrocar a un presidente tibiamente reformista en Paraguay y para tumbar un mandatario aliado del chavismo en Honduras.

La derecha igualmente fracasó en las acciones destituyentes para desplazar a los presidentes de Venezuela y Bolivia. Esta incapacidad para imponerse en los principales países en disputa ilustra los límites de la reacción. Habrá que ver como impacta el reciente afianzamiento electoral de la derecha en Colombia, el giro conservador de varios gobiernos de centroizquierda y el resultado de importantes elecciones en curso.

El rumbo estadounidense es el principal condicionante de cualquier acción significativa del neoliberalismo regional. La primera potencia mantiene su influencia en la zona desplegando fuerzas militares en Colombia. El margen de intervención directa de los marines ha quedado recortado, pero la función geopolítica de América Latina para el imperio no ha cambiado. En la nueva realidad de UNASUR y CELAC el imperio ensaya distintos caminos para restablecer su injerencia.

El neoliberalismo regional debe ser analizado evaluando esta variedad de procesos. Presenta cuatro dimensiones diferenciadas como etapa, estrategia de libre-comercio, política económica y gobiernos derechistas. Es muy importante distinguir esos niveles a la hora de establecer un balance.

A diferencia de otras regiones no hay respuesta simple para definir si el modelo derechista se encuentra a la ofensiva o en repliegue. Existen varios gobiernos en conflicto con este curso y se han obtenido triunfos populares que limitaron su predominio. Pero todas las administraciones actuales comparten el mismo patrón primario exportador de inserción en la mundialización neoliberal.

Un gobierno derechista se amolda por completo al rumbo neoliberal, otro de centroizquierda no se aviene fácilmente a ese sendero y los procesos radicales chocan con sus fundamentos. En un caso prevalece la sintonía, en otro la convivencia y en un tercero la contraposición.

Esta desincronización deriva en última instancia del impacto generado por rebeliones populares victoriosas, que limitaron el alcance regresivo del neoliberalismo sin sepultarlo. Introdujeron grandes transformaciones políticas que incidieron en forma muy limitada sobre la esfera económica. Por esta razón es erróneo suponer que América Latina ha ingresado en una fase “pos-liberal”. Ese giro supondría que toda la etapa de las últimas tres décadas ha quedado atrás y hasta ahora ese viraje no se consumó.

Libre-comercio y globalización

Los neoliberales contemporáneos retoman la vieja caracterización del libre-comercio como llave maestra del desarrollo. Afirman que es la manera más directa de reducir la pobreza y la inequidad.

Pero olvidan que la implementación de este principio en América Latina desembocó en la primacía de exportaciones agro-mineras e importaciones industriales. Esa asimetría condujo al subdesarrollo y a la inserción dependiente en el mercado mundial.

Los defensores del libre-comercio ignoran esta trayectoria histórica. Olvidan que Inglaterra optó por esa estrategia cuando ya era dominante a escala mundial. Tampoco recuerdan que el comercio irrestricto fue evitado por Estados Unidos, Japón o Alemania en el debut de su desenvolvimiento industrial. Sólo aceptaron parcialmente esa orientación cuando lograron alta productividad en los sectores sujetos a la competencia global. (16)

Todas las economías desarrolladas impusieron normas de libre-comercio a la periferia para asegurar la colocación de sus exportaciones industriales. Lejos de constituir un instrumento de prosperidad para las naciones atrasadas, esa apertura introdujo obstáculos a la diversificación económica y al crecimiento de la periferia. América Latina padeció el fortalecimiento de las oligarquías rentistas y el bloqueo a la acumulación sostenida de capital.

Los neoliberales contemporáneos retoman las viejas críticas al proteccionismo, señalando que impide aprovechar las ventajas comparativas de cada país. Sitúan esas conveniencias en la agricultura o en la minería, como si América Latina cargara con un mandato divino de provisión de materias primas a los países desarrollados.

No registran el evidente beneficio que aportó ese status internacional a las economías ya industrializadas y la adversidad que impuso a las naciones periféricas. Mientras que el primer tipo de países pudo desenvolver intensos procesos de expansión fabril, el segundo grupo quedó relegado a un estadio básico de exportador primario.

Es absurdo suponer que cualquier economía puede mejorar su perfil, reforzando su colocación “natural” en la división internacional del trabajo. El desarrollo exige lo contrario: lidiar con la adversidad de los condicionamientos externos.

Ningún país latinoamericano puede convertirse espontáneamente en una economía avanzada, sin modificar la matriz histórica que obstruyó su desenvolvimiento productivo. Esa estructura genera transferencias de recursos hacia los países desarrollados y reproduce distintas modalidades del atraso. (17)

Las ingenuidades librecambistas perdieron influencia durante la segunda mitad del siglo pasado con la industrialización de México, Brasil y Argentina. Pero las limitaciones y fracasos de los modelos de sustitución de importaciones reavivaron las creencias previas en los beneficios de la apertura comercial.

Esas ilusiones han encontrado un nuevo techo. Los efectos devastadores de la desprotección padecida por América Latina en las últimas dos décadas afectaron seriamente la credibilidad de los mitos libre-cambistas. Salta a la vista cómo la disminución de las tarifas aduaneras desmorona a las industrias locales, frente al aluvión de importaciones fabricadas en el exterior.

Los neoliberales igualmente realzan los beneficios de la globalización. Afirman que la apertura de las fronteras para la circulación del capital favorecerá a las economías relegadas, al inducir una traslación de fondos desde los países con altas dotaciones de capital hacia las economías subdesarrolladas.

Pero si esa tendencia fuera tan dominante ya habría irrumpido en el pasado. La existencia de un mercado mundial no es una novedad del siglo XX. Arrastra varias centurias de experiencias que nunca derivaron en equilibrios de la acumulación.

Teorías de la convergencia

El desenvolvimiento capitalista no está regulado por sencillos movimientos de capitales excedentes hacia los países empobrecidos. Es pura ensoñación suponer que las empresas transfieren espontáneamente fondos de Suiza hacia el Congo o de Alemania hacia Ceylán, en escenarios de capitales sobrantes en un polo y faltantes en el otro.

El sistema se reproduce siguiendo otros patrones de rentabilidad determinados por múltiples factores. La localización del capital es definida por los costos, los mercados y las expectativas en el comportamiento de las monedas, las tarifas o los salarios.

La fantasía globalista supone que esa compleja estructura histórica del capitalismo ha quedado abruptamente disuelta por el afianzamiento de idearios neoclásicos. Transforman esos imaginarios en realidades normativas que nadie logra corroborar. (18)

Es cierto que la liquidez global fluye con más rapidez e intensidad que en el pasado, pero de la mano de empresas transnacionales que relocalizan su producción en ciertas regiones ya enlazadas con el capital global. Sólo en esas condiciones usufructúan de la baratura, el adiestramiento o el sometimiento de la fuerza de trabajo.

Pero tampoco esos movimientos equiparan los acervos nacionales de capital. Generan fracturas y polarizaciones que segmentan al capitalismo en un nuevo orden de perdedores y ganadores, con centros, semiperiferias y periferias.

El esquema de las ventajas comparativas desconoce la existencia de obstáculos elementales al logro de equilibrios mundiales. Ignora la nueva secuencia de polaridades que caracteriza a cualquier reorganización del mercado global. Un hipotético curso de aproximación de África Sub-sahariana con Europa del Norte o de Centroamérica con Estados Unidos generaría fracturas de mayor alcance que las brechas a reducir. Estos desniveles serían propios de la acumulación y obstruirían los empalmes que imagina la teoría neoclásica.

El librecambismo neoliberal promueve políticas reaccionarias con supuestos banales. Reivindica la desigualdad social, celebra la mercantilización de la acción humana, glorifica el consumismo e incentiva un ejercicio despiadado de la competencia individualista.

También afirma que la revolución de las comunicaciones achicó el planeta, facilitando la concreción del ideal neoclásico de un mercado perfecto. Supone que una vez reducidas las barreras interpuestas por los estados nacionales, nada impedirá la plena circulación del capital, la transparencia total y la asignación óptima de los recursos a escala mundial.

En estas condiciones el libre-comercio aseguraría el desarrollo, al erradicar las trabas que en el pasado obstruyeron la movilidad del capital y del trabajo. Los economistas más ortodoxos (Barro, Sala I Martin, Williamson) y sus instituciones (FMI, Banco Mundial) recurren a esa teoría de la convergencia global, para justificar su promoción de políticas de apertura.

Pero esas afirmaciones no aportan ninguna novedad al conocido libreto de los rendimientos decrecientes en el centro, que deberían incentivar el despegue de la periferia. En esta hipótesis de convergencias entre economías atrasadas y adelantadas se inspiraron todas las teorías metropolitanas del desarrollo. (19)

Durante décadas los neoclásicos ensayaron una “econometría de la convergencia”, para intentar corroborar el achicamiento de las brechas estructurales entre el centro y la periferia. Pero con gran frecuencia esos estudios confundieron movimientos financieros coyunturales con tendencias de largo plazo.

Además construyeron modelos muy arbitrarios, atribuyendo el secreto del empalme global al comportamiento virtuoso de cierto factor (educación, tecnología, gestión). Aislaban ese elemento de la dinámica general de la acumulación buscando demostrar la preeminencia de tendencias hacia la equivalencia global. Pero estos procesos sólo se verificaban en la nebulosa de un razonamiento abstracto.

Frente a las inconsistencias de ese procedimiento algunos teóricos neoclásicos optaron por introducir una tesis sustituta de “convergencia condicional”. Postularon únicamente el empalme entre países con parámetros tecnológicos, institucionales o legales similares.

Pero con esta enmienda diluyeron los interrogantes a dilucidar. Ya no se supo quién converge y cuál sería la explicación de ese proceso. Al introducir una restricción más acotada abandonaron de hecho el presupuesto previo. Recurrieron a una hipótesis de “segundo mejor”, para exponer tautologías de convergencias entre economías que ya empalmaban previamente. (20)

Raíces ideológicas regionales

El pensamiento neoliberal contemporáneo combina fundamentos económicos neoclásicos con actualizaciones de la historiografía liberal. Esta concepción nutrió la ideología de las clases dominantes latinoamericanas desde la Independencia hasta la crisis de 1930. Recreó los mitos del colonialismo y retomó todos los supuestos de superioridad del colonizador europeo sobre los indígenas y los esclavos.

Las versiones más básicas de esa teoría repitieron los prejuicios iniciales propagados por los conquistadores de América. Esos enfoques concebían al nuevo continente como una región estructuralmente atrasada por la gravitación de imperativos climáticos adversos. Suponían que esos condicionamientos impedían a los nativos desenvolver la agricultura y el comercio. Por eso postulaban superar la barbarie regional con un padrinazgo externo.

Durante tres siglos esta concepción difundió creencias de supremacía occidental. Divulgó la imagen de un nuevo continente dotado de excepcionales riquezas y pobladores incapacitados para aprovecharlas. Europa quedó identificada con la introducción de la civilización en un continente previamente divorciado de la historia humana.

Con estas ideas colonialistas se justificó la explotación impuesta a los pueblos originarios. El indio era sinónimo de salvajismo y su evangelización era presentada como un correctivo de ese primitivismo. Esa redención incluía el trabajo servil en las minas y en todas las haciendas creadas a partir de la usurpación de las tierras comunales.

Estos mismos preceptos fueron utilizados para introducir esclavos africanos en las regiones con poblaciones originarias diezmadas. La brutalidad de estas prácticas era maquillada con mensajes de padrinazgo tutelar sobre las razas inferiores. (21)

El pensamiento radical del siglo XIX confrontó con estas teorías de glorificación colonial. Pero el liberalismo conservador de las oligarquías criollas retomó todos los diagnósticos de incapacidad de los nativos. Estos principios fueron utilizados por los terratenientes y comerciantes locales para afianzar su dominación. Con esos pilares gestaron naciones formalmente soberanas y económicamente dependientes del capitalismo británico.

La derrota de las corrientes democrático-radicales al concluir las guerras de la Independencia facilitó la consolidación de los prejuicios euro-centristas Aparecieron nuevas explicaciones que atribuían el subdesarrollo no sólo a la gravitación previa de culturas indígenas. También fue impugnado el débil liberalismo de la tradición española.

En ese contexto el desprecio por al retraso indígena fue combinado con cuestionamientos al proteccionismo hispánico. La fascinación por la cultura inglesa (y francesa) condujo al repudio de lo identitario y al rechazo de la propia singularidad mestiza de la región. (21)

La idealización del Viejo Continente se reforzó en todos los planos. Europa fue identificada con la racionalidad y el desarrollo de la ciencia. Con este bagaje de creencias se promovió la incorporación de los países latinoamericanos a un desenvolvimiento guiado por la locomotora europea. Estos mismos principios alimentaron la ideología positivista de la modernización.

El liberalismo se amoldó a las necesidades de las oligarquías agro-mineras. Justificó el incremento de sus fortunas y la instrumentación de un esquema de exportación de materias primas, a cambio de manufacturas provistas por la industria británica.

Las teorías librecambistas convalidaron el ahogo de la estructura productiva local y facilitaron la apropiación oligárquica de las rentas de la región. Fueron ideas muy persistentes hasta las primeras décadas del siglo XX. Presentaban los intereses de las minorías privilegiadas como conveniencias comunes de toda la sociedad latinoamericana.

Estas miradas perdieron influencia a partir de la gran depresión, pero resurgieron en los años 50-60 a través de nuevas teorías del desarrollo. La fascinación con el ejemplo europeo fue sucedida por el deslumbramiento con el modelo norteamericano. Mediante grandilocuentes llamados a la modernización se convocó a sustituir los patrones rutinarios de conducta por nuevos valores de riesgo, inversión y competencia. Se afirmó que ese cambio de costumbres encarrilaría a Latinoamérica por la senda del desarrollo. (22)

El salto de la pobreza hacia el bienestar, el consumo en gran escala y el trabajo especializado solamente requería insertar a la región en el despegue modernizador. El teórico estadounidense Rostow aportó los fundamentos de este guión. Utilizó también ese mensaje para contener la amenaza revolucionaria. El nuevo programa era motorizado por asesores del Departamento de Estado que intervenían activamente en la guerra fría y difundían sus concepciones como antídotos del comunismo. (23)

Contradicciones de todo tipo

Desde los años 70-80 el neoliberalismo latinoamericano amalgamó viejas tradiciones de elitismo regional con un proyecto de ofensiva thatcherista. La hostilidad al estatismo (pre-colombino, colonial, pos-independentista o nacionalista) reapareció con nuevos discursos de demonización del estado.

La crítica al intervencionismo hispánico y a la idiosincrasia pasiva de los pueblos originarios se transformó en objeciones a la ausencia de competencia, en sociedades subordinadas al despotismo de los funcionarios. Resurgieron los cuestionamientos al agobio que impone la burocracia a la vida de los ciudadanos.

Estos mensajes resumen el libreto neoliberal contemporáneo. Despotrican contra el estado omnipresente, que impide desenvolver los negocios creados por los individuos. Convocan a eliminar esa opresión estimulando a las personas a valerse por sí mismas, con el mismo ingenio e individualismo que florecen en los países exitosos.

Pero esta visión omite que el Estado no es tan adverso a los capitalistas. Solventa activamente el enriquecimiento de los poderosos y convalida el desamparo de los desprotegidos. Nunca abandona a los dominadores a su propia suerte, ni asegura la subsistencia de los desamparados.

Los neoliberales atribuyen el atraso latinoamericano a ciertas estructuras culturales internas. Explican siglos de estancamiento regional y resignación frente al paternalismo estatal por la ausencia de un talante competitivo anglo-sajón.

Pero olvidan mencionar que el liberalismo fue la ideología constitutiva de las naciones latinoamericanas y que sus parámetros definieron el modelo agro-exportador prevaleciente desde mediados del siglo XIX. Al atribuir la falta de progreso a la inferioridad cultural de la zona, no explican como persistió esa tara en sociedades regidas por principios liberales. Suponen que las elites encarnaron ese espíritu mercantil frente a mayorías populares afectadas por el atontamiento estatista.

La versión actual de esa mirada aristocrática se concentra en la crítica al virus del populismo. La influencia de esta enfermedad es explicada por la conducta facilista que adoptan los funcionarios, para asegurarse el sostén de sus clientelas electorales. Imponen una dependencia de los votantes hacia el estado que frustra la preeminencia del mercado y recrea el estancamiento.

Pero también aquí omiten recordar a los grupos capitalistas beneficiados por este tipo de administración. En ese ocultamiento se fundamenta el hipócrita palabrerío que despliegan contra el gigantismo estatal. Proponen erradicar esa atrofia mediante la instalación de un “estado mínimo”, que se desenvolvería mejorando la eficiencia del gasto y la eficacia de los funcionarios. (24)

Este mensaje suele olvidar que el neoliberalismo ya arrastra varias décadas de administración estatal y que en ningún lado ha logrado alcanzar esa meta de eficacia. A veces justifican este fracaso afirmando que la mayoría de las experiencias gubernamentales “no han sido genuinamente liberales”. Contrastan lo vivido con un ideal de pureza mercantil-competitiva que no existe en ninguna parte del mundo.

Pero lo más curioso de ese argumento es su complementaria impugnación del socialismo. Afirman que este proyecto es una “utopía irrealizable” cuando su propio modelo navega en la fantasía.

El neoliberalismo actual retoma también la teoría de la modernización como explicación de las dificultades afrontadas por el empresariado latinoamericano para desplegar sus potencialidades. Atribuye esa frustración a la preeminencia de patrones culturales tradicionales, que obstruyen el surgimiento de los valores característicos del emprendedor contemporáneo. Estiman que esas capacidades empresariales están presentes, pero no logran emerger en el agobiante clima de estatismo latinoamericano. (25)

Una idealización extrema de este individualismo empresario fue introducida en las últimas décadas por talibanes del neoliberalismo como Carlos Alberto Montaner, Martín Krause y especialmente Hernando de Soto. Presentan a los empobrecidos cuentapropistas como ejemplos de resurrección de la iniciativa privada. Afirman que los comerciantes precarizados del circuito informal han comenzado a liberar a la economía del estatismo, con acciones de racionalidad mercantil en universos de genuina competencia.

Pero esta exaltación de los desamparados como exponentes del ideal capitalista constituye una verdadera confesión de los resultados del neoliberalismo. Este esquema expropia a los trabajadores, expulsa a los campesinos de sus tierras y empobrece a las clases medias hasta desembocar en la miseria que padece América Latina.

Lo más insólito de la argumentación neoliberal es su enaltecimiento de estos efectos. Aunque atribuye la precarización al intervencionismo estatal, es evidente que la informalidad es consecuencia directa de un modelo que destruye empleos, mediante privatizaciones y aperturas comerciales. Sus artífices idealizan las desgracias causadas por la flexibilización laboral.

Las caricaturas de los empobrecidos como agentes transmisores de la mano invisible tuvieron cierto eco en el debut del neoliberalismo. Pero han perdido influencia en la última década, a medida que el empobrecimiento potenció la fractura social, masificó la delincuencia y acrecentó las tensiones de la marginalidad.

Este terrible escenario induce a la mayoría de los neoliberales a sustituir los elogios de la informalidad por la promoción de programas masivos de asistencialismo. Con teorías de auxilios transitorios (“hasta que el mercado genere empleo privado”) han incluido este tipo de gastos sociales en sus políticas de gobierno. Las administraciones derechistas destinan importantes erogaciones presupuestarias a contener la rebeldía que genera su modelo.

Una ideología de la dominación

La idealización del empresario es un pilar de la vertiente austríaca de la economía neoclásica, que se gestó con Menger y Bohm Bawerk y se afianzó con Von Mises y Hayek. Sus voceros propician la ampliación de las desigualdades sociales, la subordinación de la democracia a la propiedad y el reforzamiento de la supremacía irrestricta del mercado. Reivindican modalidades extremas de competencia, argumentando que aleccionan al consumidor y alientan la innovación del empresario.

A diferencia de la corriente walrasiana reconocen el carácter incierto de la inversión, la imperfección de la racionalidad individual y la fragilidad de las preferencias de los consumidores. Pero no deducen de estas dificultades ninguna propuesta de regulación de los mercados. Al contrario, proponen liberar el juego de la oferta y la demanda de cualquier interferencia, subrayando el carácter benéfico del orden mercantil y el efecto positivo del darwinismo social.

Con este tipo de concepciones, el neoliberalismo ha desenvuelto una influyente ideología en todos los sentidos del término. Aporta ideas que naturalizan la opresión para orientar la acción de los dominadores. Como creencia, cosmovisión o legitimación del grupo dominante, el neoliberalismo constituye un credo de gran peso para el funcionamiento actual del capitalismo. (26)

Es una ideología con fundamentos racionales que a su vez propaga sistemáticos engaños. Promueve ilusiones en el reinado del mercado y en la existencia de oportunidades para todos los individuos. Oculta la apabullante preeminencia de las grandes empresas y el estructural afianzamiento de la explotación. Difunde el mito de la obstrucción estatista del desarrollo latinoamericano, omitiendo la dependencia y la inserción primarizada de la región en el mercado mundial.

El neoliberalismo expande estas ideas al servicio de las clases dominantes. Sintetiza las conveniencias de los grupos privilegiados de América Latina. En el pasado expresaba los programas de los terratenientes exportadores y en la actualidad canaliza las demandas de los grandes bancos y las corporaciones agro-industriales con negocios internacionalizados.

Las ideas liberales son creencias colectivas propagadas por las clases capitalistas. Forman parte del pensamiento latinoamericano desde que esa cosmovisión emergió para cohesionar a las minorías opresoras. En las últimas décadas provee todos los argumentos que utiliza al establishment para justificar su primacía. Los pilares de esas creencias (modernización, progreso, imitación de Occidente) inciden en la subjetividad de los individuos educados en las reglas de la mitología liberal.

El grado de penetración de esas ideas entre los oprimidos es un tema de gran controversia. Aunque el liberalismo tuvo momentos de gran influencia social, siempre fue una concepción explícitamente hostil a los intereses, tradiciones y deseos de los explotados. Por esta razón nunca fue plenamente interiorizada por este sector. Logró cierta incidencia entre fines del siglo XIX y 1930, pero quedó estructuralmente relegada con la industrialización de posguerra y la expansión del nacionalismo.

Ha retornado en las últimas décadas de oleada neoliberal pero sin echar raíces en la mayoría de la población. Las resistencias y victorias parciales logradas contra la ofensiva derechista han limitado la gravitación de sus conceptos, abonando las teorías que remarcan la acotada penetración de las ideologías dominantes entre los sectores populares. (27)

Pero el liberalismo tradicional no es el único formato de esa concepción. También existen otras modalidades más sofisticadas que requieren evaluaciones específicas. Estas vertientes conforman el social-liberalismo que analizamos a continuación.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:
1) Ver: Hirsch, Joachim. “Globalización del capital y la transformación de los sistemas de estado”. Cuadernos del Sur, n 28, mayo 1999.
2) Ver balance en: Anderson, Perry. "Balance del neoliberalismo: lec¬ciones para la izquierda". El Rodaballo n 3, verano 1995-96, Buenos Aires. Anderson Perry, “Neoliberalismo: un balance provisorio”, La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social, CLACSO, Buenos Aires, Argentina. 2003. Anderson, Perry. The New Old World, Verso, London, 2009, (pag 47-79).
3) Ver: Harvey, David. “El neoliberalismo como proyecto de clase” vientosur.info/ 08/04/2013. Harvey, David A brief history of Neoliberalism, Oxford University Press, New York, 2005 (pag 1-39, 152-183).
4) Nuestra visión de la etapa en: Katz Claudio, “Transformaciones de la era neoliberal”, Realidad Económica, n 284, mayo-junio 2014, Buenos Aires,
5) Ver: Nahon, Cecilia; Rodríguez Enríquez, Corina; Schorr, Martín. “El pensamiento latinoamericano en el campo del desarrollo del subdesarrollo: trayectorias, rupturas y continuidades”, 2006, www.idaes.edu.ar/papelesdetrabajo/paginas
6) Ver: Olivera, Margarita. “Las teorías del desarrollo desde la posguerra al nuevo milenio”, en Globalización, dependencia y crisis económica, FIM, Málaga, 2010, (pp 26-27).
7) Ver: Vidal, Gregorio; Guillen, Arturo. “La necesidad de construir el desarrollo en América Latina”, Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización. CLACSO, 2007, Buenos Aires.
8) Ver: Guillen, Arturo. “La teoría latinoamericana del desarrollo”, Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, CLACSO, 2007, Buenos Aires.
9) Nuestro balance en: Katz, Claudio. El rediseño de América Latina, Alca, Mercosur y Alba. Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008 (pag 9-35).
10) Nuestra visión en: Katz, Claudio. Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008 (pag-9-27)
11) Ver: Herrera, Remy. “El renacimiento neoliberal de la economía del desarrollo”, Globalización, dependencia y crisis económica, FIM, Málaga, 2010, (pp 23-24)
12) Ver: Burkett, P; Hart-Landsberg, M, “A critique of catch-up theories of development”, Journal of Contemporary Asia, 33(3), 2003.
13) Ver: Hagman, Itai. “Un nuevo Alca se negocia en silencio”, disponible en: ww.rcci.net/globalizacion/ 13/6/2014.
14) Ver: León, Magdalena. “Ecuador: Acuerdo con la Unión Europea: ¿Una capitulación inevitable?” alainet.org/active, 11/7/2014. Elías, Antonio. “Por qué Uruguay solicitó integrarse al TISA”, alainet.org/active, 11/7/2014
15) Ver: Salama, Pierre. “Las nuevas causas de la pobreza en América Latina”, Ciclos n 16, 2do semestre 1998, Buenos Aires. Martins, Carlos Alberto. “Neoliberalismo e desenvolvimento na America Latina”, en La economía mundial y América Latina, CLACSO, 2005, Buenos Aires.
16) Ver: Bairoch, Paul. Mythes et paradoxes de l´histoire economique. La découverte, 1999, (pp 7, 227-228, 234).
17) Ver: Osorio, Jaime. Explotación redoblada y actualidad de la revolución. ITACA-UAM, México, 2009, (pag 37-40).
18) Ver: Lipietz, Alain. “Pour un protectionnisme universaliste”, fevrier 2013, lipietz.net
19) Ver: Weeks, John. “The expansión of capital and uneven Develpment on world Scale”, Capital and Class, n 74, 2001. También: Arrighi, Giovanni; Korzeniewicz, Roberto; Consiglio, David; Moran, Timothy, “Modeling zones of the world economy”, Annual Meeting of the American Sociological Association, 1996.
20) Ver: Moncayo Jiménez, Edgard. “El debate sobre la convergencia económica internacional e interregional: enfoques teóricos y evidencia empírica”, Economía y Desarrollo, V 3 N 2 septiembre 2004.
21) Ver: Chavolla, Arturo. La imagen de América en el marxismo, Buenos Aires, 2005, Prometeo (pag 42-53, 55-66, 72-74).
22) Ver: Devés Valdés, Eduardo. El pensamiento latinoamericano en el siglo XX: entre la modernización y la identidad, Tomo III, Biblios. Buenos Aires, 2005, (pag 47-53).
23) Ver: Marini, Ruy Mauro. “La sociología latinoamericana: origen y perspectivas”. Proceso y tendencias de la globalización capitalista, CLACSO-Prometeo, Buenos Aires, 2007.
24) Ver Bustelo, Pablo. Teorías contemporáneas del desarrollo económico, Síntesis, Madrid, 1998. (pp 139-143)
25) Un ejemplo en: Mols, Manfred. “Sobre el estado en América Latina”, El estado en América Latina, Ciedla, Buenos Aires, 1995.
26) Ver descripción en: Reyes Giovanni, E, “Principales teorías sobre desarrollo económico y social”, www.ucm.es/info/nomadas, 2001
27) Ver: Eagleton, Terry. Ideología, Paidos, Barcelona, 1997, (pag 19-57, 275-279).
28) Ver: Abercrombie, Nicholas; Hill, Stephen; Turner Bryan, S. La tesis de la ideología dominante, siglo XXI, Madrid, 1987 (cap 6). También: Therborn, Goran. La ideología del poder y el poder de la ideología. Siglo XXI, Madrid, 1987, (cap 4, 5).

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Los límites del modelo productivo en Argentina

Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)

Los datos del crecimiento argentino desde el 2002 se explican en buena parte por la expansión de la producción sostenida en alza de los precios internacionales de los productos primarios de exportación y el efecto de la modernización derivada de las inversiones externas de años anteriores en los sectores más dinámicos del sector industrial, especialmente el extranjerizado sector automotriz. Es un rumbo que define la dependencia de la Argentina al orden capitalista en tiempos de transnacionalización.

Ahora existe la preocupación de la desaceleración productiva y la ausencia de divisas para sostener una diversidad de problemas económicos y se generan propuestas de política económica que profundizan el rumbo de la dependencia de un modelo productivo de inserción transnacionalizada que alimenta un patrón consumista para el desarrollo.

Los precios internacionales ya no presentan la tendencia ascendente de los últimos años y en el blog del FMI sobre temas económicos de América Latina se sostiene que “Luego de una década de crecimiento excepcional, los precios de los commodities tocaron techo a mediados de 2011. Aunque siguen elevados, los precios han caído algo y esto le puede quitar brillo a las perspectivas económicas de América Latina.”(1)

En el citado artículo y para la Argentina se destacan precios a futuro entre 2014 y 2019 más parecidos a los expresados entre 1970 y 2001 que a los del 2002 a 2011. En ese marco se destaca la retención de la producción en los campos y silobolsas a la espera de nuevas devaluaciones que compensen la caída de precios de venta. Es un debate sobre el carácter privado o social del producto agrario, entre los que los mantienen con fines especulativos y el Estado necesitado del ingreso de divisas. Un debate adicional es el uso estatal de las divisas, disputadas por los acreedores de deuda, los importadores y la sociedad con diversidad de demandas socio económicas.

La desaceleración golpea en el sector industrial, especialmente en la industria del automotor, con quienes el gobierno negocia liberación de divisas para importación de partes y facilitar la producción y comercialización de automotores ante la caída del consumo y la afectación del empleo. Las automotrices denuncian deudas millonarias por importaciones de unidades terminadas, insumos y partes componentes que explicitan el carácter dependiente y subordinado del sector automotriz a la dinámica transnacional impuesta por las terminales del automotor. Para la Argentina y según un artículo del diario Página 12(2) “El año pasado las terminales registraron un rojo comercial de 4 mil millones de dólares, se acumulan 33 mil millones desde 2003.” En ese contexto desde el oficialismo se impulsa el consumo individual del transporte automotor.

No solo las automotrices mantienen ese perfil subordinado de la industria local, más orientada a la armaduría con dependencia de insumos y partes que a la fabricación de los tiempos de la industrialización con sustitución de importaciones. El componente nacional de los autos armados en el país apenas alcanza el 25%, menor a lo que registra el sector automotor del Brasil. La burguesía local más que “nacional” confirma su carácter de burguesía importadora, compradora, dependiente y subordinada a la lógica de la transnacionalización de la economía, con lo cual resulta imposible asignarle ninguna posibilidad de articular un proyecto nacional y menos liderarlo con perspectiva para la emancipación. Eso impone la discusión sobre el modelo productivo en curso, la necesidad de su transformación y especialmente sobre los sujetos económicos y políticos para liderar un proceso de producción primario e industrial para la independencia y la satisfacción soberana de las necesidades populares.

Política económica en debate

En esas condiciones se transita la disputa por la orientación de la política económica y la burguesía empuja la devaluación y variadas formas de subsidios para mejorar la rentabilidad de las empresas. En ese sentido apuntan las flexibilizaciones al encaje bancario logradas por la banca para favorecer la venta con tarjetas en 12 cuotas sin intereses y sostener el alicaído consumo. Por su parte, los trabajadores desde el conflicto social intentan morigerar el impacto regresivo de las condiciones de desaceleración y recesión agravadas por una evolución de los precios que oscila entre el 30 y el 40% según sea la proyección oficial o de otras mediciones de precios. Vale considerar que no alcanza con luchas defensivas sobre reivindicaciones democráticas, especialmente el ingreso popular y se requiere constituirse como sujeto en lucha por un programa de transformaciones que alejen al país de la dependencia, y por ello, programa anti capitalista y antiimperialista.

La aprobación de un nuevo canje de deuda bajo la denominación de “pago soberano” de la nueva ley sostenida con el voto oficialista y legisladores de cercanía habilita un compás de espera en la discusión con los bonistas no ingresados a los canjes 2005 y 2010, con capítulos próximos a fines de septiembre ante un nuevo vencimiento por 200 millones de dólares; la expectativa por la decisión de la Cámara de apelaciones de Nueva York ante la restricción sobre los 539 millones de dólares depositados en junio en el Banco Mellon de Nueva York; y los avatares hasta fin de año y el vencimiento de la cláusula RUFO. La oposición sistémica delegó el costo potencial de la ley de nueva renegociación en el oficialismo, más dispuesta a facilitar el pago y la reinserción en el mercado financiero mundial, por lo que la crítica fue contenido en el seno del Parlamento y no se manifestó en movilizaciones, algo a lo que recurre el movimiento popular bajo la consigna “suspensión de pagos e investigación de la deuda”. En ese ámbito no satisface la conformación de la comisión bicameral investigadora de la deuda con 180 días de plazo para pronunciarse, pues además de las consideraciones del límite temporal para investigar, la efectividad de la medida supone la participación social más allá del parlamento y la suspensión de pagos por la totalidad de la deuda y liberar recursos para fines alternativos.

En la nueva legislación se mantiene la prórroga de jurisdicción, ahora con Francia, como si los países capitalistas desarrollados de Europa garantizaran la soberanía negada en otros tribunales extra-nacionales. En el mismo sentido, más allá de las buenas intenciones de cambios en la esfera mundial, poco se puede esperar de la ONU en materia de soberanía por la cuestión de la deuda, especialmente ante la hegemonía del capital expresado en los organismos internacionales.

No se trata de proponer inmovilidad de política exterior, sino de precisar los ámbitos de iniciativa para un cambio de la correlación de fuerzas a escala mundial y para generar nuevas relaciones internacionales, más proclives en el orden regional y con agenda precisa, especialmente en materia financiera y productiva. Ello supone avances en la conformación de un Banco del Sur para una producción alternativa en alimentos y energía, dos sectores importantes de las condiciones productivas en América Latina. No se trata de ser pesimistas sobre el accionar de la institucionalidad mundial, sino de los límites que el poder del capital impone, más proclive a impulsar mecanismos de liberalización de la economía que un orden global favorable a los más vulnerables y necesitados.

El cambio del orden mundial requiere de proyectos que apunten a la ruptura de la dominación capitalista en el ámbito local-nacional y local-regional. Por eso es que fracasa todo intento de nueva arquitectura del poder financiero o económico y convoca a iniciativas sociales y política de confrontación con el orden establecido, que en materia de deuda pública sigue remitiendo a una renovada consigna por el No Pago y claro que no alcanza con no pagar, por eso es que se necesita superar los límites del modelo productivo que impone el capital transnacional.

Notas:
1) Bertrand Gruss. América Latina: Creciendo sin la locomotora de los commodities. En: http://blog-dialogoafondo.org/?p=3991
2) Javier Lewkowicz. Medidas diseñadas para calentar los motores. http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-255248-2014-09-13.html

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Daniela Vergara: "Que se convierta el 4 de abril en el nuevo día del maestro"

Andrés Sarlengo (CONTRAPUNTOS, especial para ARGENPRESS.info)

Con la profesora e integrante de Docentes en Marcha, Daniela Vergara, reflexionamos sobre el día del "maestro", el presupuesto educativo nacional y santafesino, las escuelas "contenedoras", el crecimiento de la educación privada, el salario docente y el impuesto a las "ganancias", la impunidad del asesinato de Carlos Fuentealba y el 3er Congreso Nacional de Educación que se realizará en noviembre en Capital Federal.



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Para La Alameda el avance del narcotráfico en la CABA "es una gangrena social"

LA RETAGUARDIA

Dialogamos con Lucas Manjón, integrante de La Alameda, sobre la situación en el Barrio Illia de Pompeya y en el Barrio Papa Francisco de Lugano tras el desalojo, y de cómo se ha extendido el narcotráfico en la Ciudad de Buenos Aires; además de la inacción de los políticos y la complicidad de la policía para encontrar una solución a esta problemática que, según se explica aquí, se extiende por la ciudad, el país y el mundo.

Todo lo que sucedió en el Barrio Papa Francisco desde la toma del predio, su desalojo, el abandono de las familias, y las denuncias por la presencia en un sector de narcotraficantes, generó que se potenciara una discusión que en un comienzo no fue reflejada por la mayoría de los políticos y los medios de comunicación tradicionales. “Aunque en un principio trataron de encarar hacia cierto lado, por suerte después se pudo abrir un debate que hacía mucho que se intentaba cubrir, que es la real situación de lo que está pasando por un lado con el narcotráfico y por el otro la persecución que se hace especialmente sobre los sectores más vulnerables”, reflexionó al respecto Lucas Manjón de La Alameda.

En diálogo con La Retaguardia, Manjón explicó: “el año pasado nosotros denunciamos cien puntos narcos, el fiscal (Federico) Delgado los comprobó y después denunció que las comisarías le prestaban complicidad con los narcos que operaban en esos lugares para funcionar. Cuando en el Barrio Papa Francisco se identificaron a todas las personas que se dedicaban al narcotráfico, se los denunció y después la Policía Metropolitana pactó con ellos para no desalojarlos, y estaban informados de quiénes eran los narcos porque nosotros en reuniones que le habíamos pedido a los funcionarios tanto de Nación como de Ciudad les entregamos en mano la hoja con la descripción de quiénes eran, dónde estaban ubicados además de presentarlo por mesa de entradas para que nos quede un comprobante. Durante un mes y hasta que llegó el momento del desalojo nunca hicieron nada”.

A su vez, en los últimos días, La Alameda denunció, junto a vecinos, a los narcotraficantes del Barrio Illia, en Pompeya: “para el que no conoce el Barrio Illia –detalló Manjón– son casas dúplex, es un barrio clase media, totalmente urbanizado, tiene una plaza , y de golpe y porrazo en 2011 se empezó a ver fuertemente cómo comenzaron a copar el barrio los narcos hasta llegar ahora a la situación que una vecina por denunciarlos le rompieron la casa, la fajaron en vivo y el Ministerio de Seguridad no le brindó ningún tipo de seguridad, se tuvo que ir de la casa y hoy recién pudo volver pero con una custodia que le determina el juzgado”.

De todos modos, Manjón aclaró que la problemática del narcotráfico no es propia de una zona en particular sino que se ha extendido: “antes parecía que uno se podía mudar de un barrio por ser complicado o para tratar de mejorar la situación, pero en Recoleta se denunciaron 55 puntos de venta narco, en Caballito en dos mapas que se presentaron se denunciaron 50, y ahora lo que pasa en el Barrio Illia es lo mismo y es en Pompeya. Estoy marcando tres lugares distintos de la Capital Federal. Si no empezamos a vincular a la sociedad en general para tratar de encontrar mecanismos para exigir a las autoridades que cese la complicidad que tienen, que empiecen a juzgar a quien tienen que juzgar y entre todos nos empecemos a involucrar para tratar de revertir esta situación, la verdad que se está volviendo una realidad extremadamente complicada”.

Capitalismo, Socialismo real y Narcotráfico

Para Manjón estos delitos no solo se dan en el espacio público, sino  que el problema del narcotráfico es que “va generando una gangrena en toda la sociedad”: “hoy el Estado argentino, creo que se estableció que lo que se gastaba por ejemplo para atender a personas que se quieren recuperar de adicciones es de 150 millones de pesos, con un nivel de consumo de cocaína del 2% y siendo por ejemplo los estudiantes secundarios de la Argentina los mayores consumidores de éxtasis de toda Latinoamérica, entonces es como que el narcotráfico va generando muchas capas que no se ven en el momento pero que en la realidad después va a generar un inconveniente, la palabra concreta sería una gangrena total de la sociedad. Los pibes que son las víctimas más vulnerables hoy en día, en 10 o 15 años se va a terminar produciendo un exterminio si todo este veneno que se está repartiendo, vendiendo el Estado y los narcos sigue funcionando”, agregó el integrante de La Alameda.“El capitalismo claramente fracasó –continuó Manjón– y por ejemplo la representación de la Unión Soviética también fracasó, ahora hay una variante a nivel mundial que nunca se tuvo sobre los modelos políticos que se plantearon que es el narcotráfico. Hay informes que te sostienen que la quiebra europea la levantaron los bancos con plata del narcotráfico, HSBC, Santander, financiados por el narcotráfico. Entonces, vas entrando en una etapa cada vez más salvaje y no hay ninguna forma de respuesta”.

Bien Común

Desde las elecciones legislativas del año pasado, La Alameda apostó a participar y sumar un nuevo espacio desde donde denunciar y trabajar sobre las mismas temáticas que son la base de su lucha: “creemos que hay una necesidad de tratar de representar un montón de voluntades que hoy no se ven representadas en los partidos políticos”, e

En este marco, Gustavo Vera integró la lista del frente UNEN y obtuvo una banca dentro de la Legislatura porteña. Actualmente conforma junto al diputado de la Ciudad Pablo Bergel un bloque aparte, “Bien Común”. Ese es el mismo nombre del partido político que hace unos días lanzó La Alameda.
Uno de sus postulados es que hay que juntar a los honestos, sin importar de dónde provengan. Al respecto, Manjón especificó: “los honestos son las personas que desde una posición o lugar de poder, entendiendo poder desde el lugar de transformar la realidad, lo utilizan para el servicio de la sociedad y no para beneficio propio. Eso es una honestidad que en la clase política se perdió, creemos, desde hace mucho tiempo y uno lo puede ver con el nivel de enriquecimiento que tiene el 90% de la dirigencia política que estuvo durante este tiempo. ¿Por qué La Alameda intenta reunir a todos los honestos? Porque así como nosotros planteamos que hay una transversalidad mafiosa, que atraviesa todos los partidos, los estamentos judiciales, el legislativo, el ejecutivo, también hay una transversalidad honesta. Para tratar de recuperar un país, vos podés discutir una política con un honesto, pero con un mafioso, con un tipo que es cómplice de la corrupción, que se enriquece del Estado, por más que vos quieras discutir política, lo que va a pregonar esa persona es el enriquecimiento, no hay forma de discutirlo. La Alameda ha denunciado tanto al FAP (Frente Amplio Progresista), a la gente vinculada al macrismo, a Macri mismo, al gobierno nacional, pero nosotros también consideramos que dentro de esos partidos, de esas estructuras, también hay un montón de gente honesta, que muchas veces no se anima por miedo, o porque la regla de oro es no denunciar a nadie que sea del mismo partido. En La Alameda eso no va a pasar”.

La dieta del legislador que no engorda sus bolsillos

Tras acceder a la banca en la Legislatura, una de las primeras decisiones que tomó La Alameda fue cobrar el salario de un director de escuela y el resto del sueldo donarlo a distintas organizaciones. Ya se entregó dinero al Hospital Borda, a los familiares de la tragedia de Once, a los inundados de La Plata y Saavedra, entre otros. Y en el último mes los receptores fueron los vecinos desalojados del Barrio Papa Francisco.

Desde que llegamos a la legislatura nos cansamos de explicar por ejemplo cuando te tratan de decir que la postura que se toma es de demagogia de decir que los legisladores cobren como un director de escuela o de hospital, cuándo la clase política se toma el derecho de cobrar 50.000 pesos por mes y que la Legislatura teniendo una obra social te pague Medicus y te hagan un descuento de casi 1000 pesos para una prepaga. Nosotros planteamos el proyecto para que un legislador cobre como un directo de escuela, pero como por el momento no se va a votar, de igual manera nosotros lo queremos seguir haciendo. Se lo damos a organizaciones que nosotros conocemos en algunos casos, y en otros vamos conociendo.

Acerca del dinero que acercaron a los desalojados de la Villa Papa Francisco, sostuvo que: “nosotros tuvimos vinculación desde el primer día y sabemos que realmente la gente que se desalojó es humilde, que tiene una necesidad concreta y que el macrismo llevó adelante después del desalojo la política que quería, que es que se desgaste la situación, que los vecinos se vayan dispersando, que sea cada vez más costoso sostener ese acampe y que el costo tanto político como económico sea el menor posible. Ahora de las 400 familias que ellos reconocen que desalojaron en los paradores por ejemplo tenían 80, del resto no tenían a nadie registrado, por lo tanto no tenían ninguna forma de asistencia. Los vecinos, con el acompañamiento de las organizaciones, decidieron llevar adelante ese acampe y hay un sector que fue cercado, donde no pueden ingresar baños químicos, colchones, a lo sumo se puede entrar un poco de ropa y comida; les prohíben la libertad de circulación, por lo tanto no pueden ir a trabajar. Entonces se decidió hacer esa donación a través de los curas villeros que trabajan en la Villa 20, y ellos junto a las organizaciones y los vecinos van evaluando para qué se tiene que utilizar ese dinero, que mayormente es para comida, carpas, recursos mínimos para que por lo menos los vecinos estén en las mejores condiciones posibles dentro de lo que es hacer un acampe en Pola y Cruz, con los días de lluvia y frío que hemos tenido, sin baño y con la presión de la Metropolitana encima más la presión de los narcos porque todavía siguen todos sueltos”.

Desde los distintos espacios que fue construyendo, ya sea una asamblea, una fundación, una cooperativa, un bloque en la Legislatura, ahora un partido político, La Alameda sigue denunciando la trata de personas, el trabajo esclavo y -como en este caso- a los narcotraficantes y sus vínculos con el poder.

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Bienes comunes y modelo productivo: La industria del mal comer

Ignacio Rodríguez (ATE - ACTA)

Su primer libro de no ficción se convirtió en un boom editorial y la catapultó a la fama. Sin embargo, no fue sólo su ágil y ameno estilo de escritura lo que cautivó a los miles de lectores que devoraron “Malcomidos”.

La clave de su éxito es que metió el dedo en la llaga. A través de una minuciosa investigación que le demandó más de dos años, Soledad Barruti realizó una radiografía sobre el modo en que se producen los alimentos en la actualidad. Desde la expansión sojera de la mano del glifosato hasta la cría de vacas y cerdos en feedlots, desde el uso de pesticidas a la producción masiva de pollos y huevos, Barruti explica como todo esto es parte de un mismo sistema industrial a escala.

El Trabajador del Estado habló con ella para entender cómo es que “la industria alimentaria argentina nos está matando”.

-¿Cómo empezó la idea del libro?

- Yo venía recopilando información. Me interesaba analizar la construcción del mundo alrededor de la comida, de la comida que va a faltar, la superpoblación y cómo se alimenta a los seres humanos. Me preocupaba cómo es el trazado del planeta, desde el suelo hasta la conformación de las sociedades. Pensaba en que los alimentos están teñidos de muchas sospechas y eso me resultaba abrumador y a la vez me despertaba mucha curiosidad. Primero me planteé qué hacer con toda esa información que empezaba a tener, que me servía para mí pero con la cual no estaba haciendo nada. A través de esa curiosidad desde lo cultural, los libros, las películas y las notas que fui publicando en el suplemento Radar de Página/12 fue que apareció la idea de escribir un libro.

-¿Qué descubriste a lo largo de tu investigación?

- Pensaba que la industrialización de la comida en Argentina era algo que estaba en sus comienzos, no imagina que era un proceso tan rotundo. Y ver que ya estamos completamente enterrados en esa idea de producción de alimentos que se parecen cada vez menos a la comida me sorprendió mucho y me desalentó. Lo que más me impactó y me resultó deprimente fue esa entrega completa del país, como territorio, para fomentar una idea de comida global que a nosotros nos tiene como objetos absolutamente prescindentes. Hoy producimos comida para que coman animales en China. Cuando entendí eso me pareció lamentable. Porque las personas son prescindentes, los espacios son prescindentes, la cultura es prescindente.

-En tu libro discutís la idea de que esta forma de producir comida es necesaria porque hay que alimentar a una población cada vez más grande.

- Es que no es alimentar. Cuando vos pensás las ideas en torno a la comida de hace algunos años atrás, salvo en Argentina que siempre fue un país carnívoro, no existía esta tendencia de consumismo de productos animales. La idea de alimentar a la población mundial con un exceso de consumo de proteínas de origen animal es novedosa. Además, hoy el campo está pensado para alimentarse así mismo en forma de agro combustibles y para alimentar a los animales de consumo. Esto representa un gran negocio, que consiste en producir serialmente, para miles de millones de personas en China y en India. Pero estamos lejos de ser un país que está produciendo alimentos. No estamos produciendo comida suficiente para nuestra población. Los alimentos en nuestro país son cada vez más caros, cada vez más escasos en su variedad, cada vez más iguales.

-¿Qué sucede con las agencias estatales en materia de regulación y control?

- Para mí hay una ausencia total del Estado, que es funcional a que las cosas sean del modo que son. Por ejemplo, tenés inspectores del SENASA que todos los meses visitan los mismos campos, que se sientan a comer con el productor agropecuario y que, una vez cada tanto, pasan a buscar la bolsita de muestra de comestible del feedlot, o que no pasan nunca. Hay corrupción, pero también falta de personal. El SENASA está desbordado en las misiones que se le ponen y no puede cumplir ninguna.

-Aun así te encontraste con casos heroicos de trabajadores comprometidos con su tarea.

- Sin duda, y son los que te dan esperanza. Tanto técnicos como profesionales dentro del INTA, que es como otro transatlántico gigante en el Estado. Pero también sucede que el Estado, desde las universidades nacionales o desde el INTA, muchas veces recibe apoyo de empresas, lo que termina generando una sociedad. Entonces, si a los científicos, que sabemos que se los ignoró y maltrató, viene SINGENTA y les pone plata para una investigación para desarrollar transgénicos, ¿cómo se controla eso? La ciencia estatal que debería estar abocada a hacer de la vida humana algo mejor termina con científicos trabajando para estas industrias. Pero también están todas esas personas que noblemente y desde una vocación muy profunda hacen lo que pueden desde distintas áreas. Como el caso del policía que quiere hacer su trabajo de controlar los desmontadores en el Chaco y queda como un loco suelto. Y al mismo tiempo es una cosa muy peligrosa, porque una cosa es el que desde su oficina en el INTA adhiere o apuesta a hacer una investigación sobre agroecología, otra idea de ciencia, otra idea de saber, de conocimiento realizado junto con productores familiares y otra cosa es un tipo que están internado en medio del monte. A mí me dio una gran esperanza encontrarme con esa gente. Y después existen muchísimas personas solas, individuos que arman ONGs, grupos de defensa de su río, de sus bosques, del agua. La gente se vuelve activa cuando se da cuenta de que todos somos el Estado y tenemos que empezar actuar de otra manera. No es que cierra esos agujeros, esos cráteres que quedan en el país, pero permite pensar que se puede construir algo diferente.

-¿Qué significa que los alimentos se producen como cualquier otra mercancía?

- La industria alimentaria en sí misma es perversa, tienen sus reglas. En lugar de alimentar a las personas según sus necesidades de nutrientes y calorías, genera necesidades de consumo. Ese cambio hacia el consumo, en este caso de alimentos, hace que seamos personas que comamos más calorías de las que necesitamos y que tengamos necesidades de comida todo el tiempo. Tenemos deseos alrededor de la comida permanentemente generados por publicidades y por mensajes. Estamos atacados igual que lo estamos por publicidades de nuevos televisores y autos. Así se genera esa búsqueda compulsiva por alimentos. El alimento está todo el tiempo como algo que tiene que ser comprado y que tiene que ser vendido y en esa pulseada caen en riesgo todo el tiempo nuestra salud y nuestra nutrición. Esa industria recurre incluso a los mecanismos más viles, a la manipulación de fórmulas dentro de los alimentos para hacer de la comida algo adictivo. Incluso cuando la industria toma conciencia del daño que causa a la salud saca una línea “más saludable” con la idea de que el consumidor elija. Sin embargo las líneas no saludables siguen en el mercado y atacan a segmentos de la población más vulnerables, como los chicos, que no miden sus calorías, y a los que se les genera una compulsión por los alimentos que hace que sean obesos, hipertensos ó diabéticos.

-¿Qué elementos debería tener una ley marco que pretenda empezar a regular todo esto?

- Creo que el proyecto de ley que en su momento armó la diputada Liliana Parada es muy completo. Tal vez habría que enfocar más el tema de la industrialización e ir un poco más allá de pensar la comida solamente desde el origen. Porque está la comida que sale del campo, que es a lo que me referí en el libro, y está la comida envasada, procesada, comida que viene ya hecha, que es la que más consumen las personas. Me sorprende cómo hay cadenas de supermercados que sacaron de la góndola toda una serie de productos frescos y los reemplazaron por envasados y procesados. Cuando ves esa avanzada te das cuenta de que ya todo se está pareciendo a la comida de astronauta.

-¿Es verdad que muchos de nosotros podemos tener pesticidas en nuestra sangre?

- Sí, este problema lo empezó a plantear una ONG de la ciudad de Mar del Plata, que se llama BIOS y que trabaja desde hace muchos años con distintos proyectos ecológicos. Este mismo grupo impulsó un allanamiento en el mercado de frutas y verduras de Mar del Plata donde se encontraron residuos de plaguicidas por encima de lo permitido. Después de eso empezaron a decir que si nosotros nos hiciéramos un análisis encontraríamos residuos de químicos en nuestra sangre. Inspirados en una campaña que se hizo en España, les ofrecieron a los políticos locales hacerse el análisis y ninguno quiso. Entonces se lo hicieron ellos y encontraron que tenían ellos mismos ciertos agroquímicos. Así fue como empezaron a plantear que esto tenía que replicarse en todos lados. Y un bioquímico que se interesó en estos temas trajo los marcadores para detectarlos y empezaron una campaña que se llama “Mala Sangre”, para que todos se hagan el análisis a bajo costo. El punto es que con los resultados no se puede hacer nada, porque básicamente no se sabe qué significa tener agroquímicos en sangre. En Argentina no solamente no hay una ley nacional de agroquímicos sino que no hay inspecciones en los campos. A esto se suma que hay una marginalidad absoluta de los que producen en los cordones frutihortícolas, que viven en condiciones terribles de explotación total y ni siquiera tienen casa.

-¿Qué salidas alternativas existen al actual sistema de producción de alimentos?

- Creo que hay que volver a pensar a las personas como protagonistas de la producción de alimentos. La industria con todas las tecnologías aplicadas a las semillas, a los agroquímicos, y todas esas cosas, hace que las personas sean absolutamente prescindentes de la producción de comida. En muchas provincias de nuestro país las personas viven a expensas de planes sociales del Estado, luego de haber sido expulsadas de sus lugares de origen. Viven y se vuelven objetos de mercado, seres de consumo, que compran cosas que no necesitarían si vivieran de la tierra. Entonces, sin pensar la idea de un campo al que todos quieren volver, lo que pienso es que primero hay que dar garantías a las personas que todavía están en el campo para que se queden, para que vivan de una manera digna. Hoy en día hay un montón de tecnología que se podría incorporar, sobre todo para que no desaparezcan sus saberes, para que puedan profundizar en ellos. Si no, vamos a la monocultura de la mano del monocultivo. Hay que re humanizar todos los procesos, humanizar el proceso de comer, de comprar la comida, de producirla, de encontrar personas alrededor de eso que nos mantiene vivos. En los últimos años hubo cambios muy bruscos y profundos con los que se trató de desmantelar la idea de las personas haciendo comida para personas.

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De María Soledad a Melina

Carlos Del Frade (APE)

El 8 de septiembre de 1990, en las afueras de San Fernando del Valle de Catamarca, la ciudad capital de la provincia de montañas azules, encontraron el cuerpo sin vida y desfigurado de María Soledad Morales.

Ha pasado casi un cuarto de siglo. El país fue conmovido por la violación permanente de aquella niña de diecisiete años luego de haberla obligado a consumir cocaína en un boliche donde los hijos del poder, los delincuentes de guante blanco, disfrutaban su impunidad con sus socios menores, los delincuentes de manos sucias. La perversa y permanente avenida de doble mano que explica la realidad social.

En la mismísima ciudad de Buenos Aires, cuarenta mil personas asistieron a una de las entonces famosas marchas del silencio impulsadas por los compañeros de la escuela secundaria de María Soledad y encabezadas, entre otras, por la increíble hermana Martha Pelloni.

Una de las compañeras de María Soledad, Marylin Varela, que en su momento le reprochó a su padre haberla educado para ser cobarde, dijo durante la trigésima primera marcha del silencio: "Estamos alarmados por la corrupción que en Argentina termina devorando todos los espacios de la esperanza, los jóvenes que alguna vez fuimos llamados esperanza del mañana convocamos con   urgencia  a reconstruir  esos espacios.  Con gobernantes,  políticos y dirigentes que busquen y usen el poder para bien del  pueblo no para sus propios intereses familiares o partidistas.  Con jueces servidores de la justicia y periodistas que no puedan  ser comprados ni por el dinero ni por el poder. Con economistas  que no piensen sólo en números sino en los seres humanos, dando  real importancia a la promoción de los más humildes...con un  pueblo libre, como el de Catamarca, que rompió el silencio con el silencio”.

En aquellos momentos la conmoción fue tan fuerte que las grandes mayorías creyeron que, efectivamente, nunca más se iban a repetir casos como el de María Soledad.

Hace pocos días, la propia Martha Pelloni dijo que el martirio de aquella chica catamarqueña seguía repitiéndose en la Argentina del presente.

Casi un cuarto de siglo después, en la semana en la que se cumplieron los 24 años del hallazgo del cuerpo de María Soledad Morales, Ana María, la mamá de Melina Romero, una niña de 17 años, pide encontrar el cuerpo de su hija.

Melina desapareció hace casi un mes de un boliche de la zona de San Martín, en el gran Buenos Aires, y, según uno de los detenidos por la desaparición de la chica, se habría negado a participar de una fiesta sexual y terminó muerta a golpes y arrojada a las aguas del arroyo Morón.

"La Policía me dijo que mi hija está muerta, que la golpearon y la mataron…Quiero que la encuentren, en el estado en que esté… ¿Cuándo se va a terminar esto? No puede ser que traigas un hijo al mundo y venga cualquiera y te lo arrebate. La juventud no puede disfrutar ni de ir a bailar ni de estar en una plaza. Quisiera que esto se termine para que ninguna mamá tenga que pasar lo mismo", dijo Ana María, casi con los mismos argumentos que utilizaba la valiente Ada Morales, la mamá de María Soledad, casi un cuarto de siglo atrás.

"Ahora me encuentro con esto. Hoy vamos a hacer otra marcha, con padres y maestros, y pido que también sea pacífica", agregó la mujer.

El viaje colectivo que va de María Soledad a Melina incluye la perversa naturalización de considerar el cuerpo de las nenas como un objeto de consumo por la cultura mediática dominante. Chicas que quieren disfrutar algo de la vida y la terminan perdiendo porque sus matadores creen que pueden hacer lo que quieran sobre esos cuerpos.

Casi un cuarto de siglo ha pasado entre María Soledad Morales y Melina Romero. Como si poco y nada hubiera sucedido en todo este tiempo.

Fuentes: Entrevistas propias en Catamarca en el año 1995 realizadas por el autor de esta nota; diarios nacionales del 12 al 14 de septiembre de 2014.

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Martes 16/09 - A 8 años del secuestro de López, audiencia pública en el Congreso Nacional

INDYMEDIA

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia convoca a una audiencia pública que se realizará el próximo martes 16 de septiembre en el anexo del Congreso Nacional, para denunciar la impunidad y el encubrimiento del segundo secuestro de Jorge Julio López.



EL MARTES 16/9 A LAS 11HS EL ENCUENTRO MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA CONVOCA A UNA AUDIENCIA PÚBLICA EN EL CONGRESO DE LA NACIÓN.

La audiencia se realizará en la Sala II del 2º piso del edificio Anexo.

Estarán presentes legisladores y miembros del Encuentro Memoria Verdad y Justicia para denunciar la impunidad y el encubrimiento del segundo secuestro de Jorge Julio López

- Porque a 8 años de su segunda desaparición forzada, en la causa López no hay ningún imputado, ni procesado, ni detenido.

- Porque de los 18 represores mencionados por López en su testimonio ninguno fue investigado, y sólo están detenidos Garachico y Ponce en otras causas.

- Porque el allanamiento judicial a los genocidas detenidos en Marcos Paz fue sólo una requisa cantada, y la agenda secuestrada a Etchecolatz nunca se indagó.

- Porque ante la inacción de la justicia y el silencio del poder político en el caso, en los últimos años fuimos las organizaciones querellantes las que aportamos novedades a la causa.

- Porque ante la presentación masiva de Habeas corpus, que impulsamos el año pasado, la respuesta de la justicia fue nula y, en algunos casos, hasta "omitía" reconocer que López fue secuestrado durante la última dictadura.

- Porque el Estado sigue desconociendo el accionar de sus fuerzas represivas, y aunque incorporó la figura de desaparición forzada a su ordenamiento legal, los casos se siguen produciendo.

BASTA DE IMPUNIDAD Y ENCUBRIMIENTO!

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Provincia de Buenos Aires: El escándalo en la secretaría de Niñez que silencia Bonicatto

Josefina López Mac Kenzie (OTROS CÍRCULOS)

Cumple casi un año en la Defensoría del Pueblo una gravísima denuncia de violaciones a los derechos de chicos y adultos en institutos y hogares estatales. La junta interna de ATE en la secretaría de Pablo Navarro le había pedido al Defensor “intervención para que se ejecute el presupuesto” y auditorías externas.

Reciben carne y pollo sin refrigeración. Los lácteos dependen de la caridad de terceros. Hace frío. Viven hacinados. Escasean agua potable, remedios, ropa, toallas, colchones y pañales. Se dejó de pagar el servicio de emergencias médicas. No hay vehículos ni personal suficiente para llevar a los chicos a la escuela. No hay matafuegos o están vencidos. Los edificios se inundan, tienen agujeros en las paredes, instalaciones eléctricas truchas, lámparas sin protección y baños en estado deplorable.







Fotos: Así suelen llegar la carne y el pollo a institutos y hogares para chicos y jóvenes. Algunas auditorías son tan graves que sugieren cerrar hogares. Así lo hizo hace poco la Secretaría con el hogar materno Esperanza.

Todo esto pasa en hogares e institutos varios que dependen del secretario de Niñez y Adolescencia de la provincia de Buenos Aires, Pablo Navarro, según una denuncia presentada ante el Defensor del Pueblo (DpB), Carlos Bonicatto, por la Junta Interna de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en dicha Secretaría. Hace casi un año.

El expediente de la DpB (Nº 5157/2013) incluye auditorías edilicias lapidarias, informes de años previos y fotos de los establecimientos, y narra el abandono a chicos internados y a adultos que trabajan con ellos en instituciones estatales de de La Plata y Mar del Plata. La denuncia se presentó el 9 de octubre de 2013 y llevó a la propia DpB a sostener, en su primera nota a Navarro, que la situación era “crítica” y que podrían “encontrarse vulneradas la salud y el bienestar” de las personas involucradas.

Desde entonces, la DpB le está reiterando al hombre de Daniel Scioli en Niñez notas mensuales —ignoradas— para conformar “una mesa de diálogo”. Por eso en mayo de este año los denunciantes le recordaron por escrito a Bonicatto por qué habían acudido a él: “Como se desprende de nuestra presentación inicial, no estamos solicitando ‘una mesa de diálogo con las autoridades de nuestra Secretaría’, instancia que consideramos agotada debido a los reiterados pedidos de informes que se efectuó desde esta Junta Interna y ante la falta total de respuesta. Lo que solicitamos es su intervención a fin de que se lleven a cabo las auditorías externas que nos permitan tomar conocimiento respecto de la ejecución del presupuesto asignado a nuestra Secretaría”.

La ley 13.834, del DpB, obliga a los funcionarios “a prestar colaboración, con carácter preferente, al Defensor del Pueblo en sus investigaciones”; Navarro, que tenía 30 días para hacerlo, no respondió.

La misma ley obliga al Defensor a “denunciar los delitos perseguibles de oficio de los que tuviera conocimiento en ocasión del ejercicio de las funciones propias de su cargo”. Ante una queja admitida, la DpB debe “promover una investigación sumaria para procurar el esclarecimiento de los hechos”, salvo que las razones alegadas por el funcionario señalado “fuesen suficientemente justificadas a criterio del Defensor del Pueblo”, y le permitan cerrar su actuación.

Consultados para esta nota, en la institución que conduce Carlos Bonicatto optaron por el silencio.

Textuales

* “(…) nuestro presupuesto para 2013 fue aprobado con un incremento con respecto al año anterior del 60% y esto no se ve sustanciado en la realidad”.

* “(…) la mala calidad de vida de los jóvenes y niños institucionalizados y atendidos por nuestra secretaría”.

* “(…) trabajar dignamente y garantizar la debida atención a los jóvenes”.

* “(…) se acompaña auditoría del año anterior, ya que nada se hizo al respecto”.

Razón de ser

La secretaría de Pablo Navarro tiene el deber de aplicar la ley de Promoción y protección integral de los derechos de los chicos y la de Responsabilidad penal juvenil.

Bonicatto y el conflicto docente

En un escrito de mayo de 2014, los denunciantes le plantearon al Defensor del Pueblo: por la “supremacía del interés superior del niño” y por “el antecedente jurisprudencial en el conflicto docente radicado por ante el juzgado en lo contencioso administrativo Nº 3 del departamento judicial La Plata [cuando Bonicatto dejó de mediar para presentar un amparo en contra de la huelga docente], peticionamos a Ud. que adopte las medidas que estime corresponder en el marco de las facultades que le confiere la Constitución de la provincia de Buenos Aires y la ley 13.834”.

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