miércoles, 10 de septiembre de 2008

Estados Unidos no escarmienta

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Se hace evidente que al primer ministro ruso, Vladímir Putin, no le faltaba razón cuando advirtió que la presencia de Washington era notoria en la aventura belicista de Georgia en Osetia del Sur el pasado agosto. 

También que el recalentamiento de las tensiones en el Cáucaso persigue, entre otras cosas, ayudar al triunfo republicano en las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos. 

Se requiere del un clima guerrerista para que los votantes norteamericanos estimen necesario un presidente “duro” como John McCain, al que muchos consideran seguidor del belicismo de George W. Bush. 

Con ese propósito, el cual forma parte de la línea estratégica fundamental de cercar y hostilizar a una Rusia apegada a la multilateralidad internacional, nada menos que el vicepresidente estadounidense, Richard Cheney, voló rápidamente a Tbilisi para asegurarle al pro otanista Mijail Saakashvili el apoyo de la Casa Blanca a sus aspiraciones de integrarse en el Pacto Atlántico. 

Paralelamente, la administración norteamericana anunció una ayuda de mil millones de dólares a las autoridades georgianas que, según la agencia rusa Prime-Tass, “con seguridad Saakashvili empleará para rearmarse.” 

El Producto Interno Bruto de Georgia es solo 10 veces más que el monto asignado, por lo que la suma no es pequeña, comentó Pavel Salin, experto del Centro de Coyuntura Política de Rusia. 

De otra parte, el Fondo Monetario Internacional concedió a Tbilisi una línea de crédito de 750 millones de dólares, en tanto Ucrania le entregó 11 millones de billetes verdes. 

Desde Washington, el señor W. Bush anunciaba que, como medida de presión contra Moscú, su equipo de gobierno estaba considerando la ruptura de un acuerdo bilateral con Rusia sobre cooperación nuclear con fines pacíficos. 

Una fuente oficial norteamericana confirmó que la visita de Cheney tanto a Georgia como a Azerbaiyán y a Ucrania, pretendió demostrar “la gran ayuda de Estados Unidos” a esos países, lo cual debe ser señal clara para Rusia. 

El belicista vicepresidente ratificó a Saakashvili la posición de Estados Unidos en torno a la pretendida integridad territorial del país transcaucásico. 

Ignoró Cheney totalmente que, tanto Osetia del Sur como Abjasia, son legalmente repúblicas autónomas dentro de Georgia desde la disolución de la Unión Soviética, y sus poblaciones respectivas rechazan la idea de ser anexadas a Tbilisi, mucho menos por la fuerza de las armas. 

La agresión de Georgia a Osetia del Sur en la madrugada del ocho de agosto, con bombardeos indiscriminados a Tsinvalí, la capital, y a otras localidades, provocó unos mil 500 muertos entre la población civil, y mereció la respuesta militar rusa, junto al reconocimiento por Moscú del derecho de los abjasios y osetios del sur a ejercer la autodeterminación. 

Desde luego, para los designios geopolíticos de Washington no significa lo mismo Georgia que Yugoslavia, por solo citar un país totalmente desmembrado incluso por la acción militar directa y permanente de los Estados Unidos y sus aliados, a partir del interés de las autoridades de Belgrado de mantener una línea independiente. 

En pocas palabras, al igual que para la Casa Blanca existen terroristas “buenos” y “malos”, también promover el separatismo o colocarle frenos es asunto cuyo signo depende de los intereses imperiales… la presunta medida de todas las cosas.

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