martes, 9 de septiembre de 2008

Las políticas de la elite de Estados Unidos no le hacen caso al hambre global

Peter Phillips

Traducción: Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
 
Tres mil 140 millones de personas viven con menos de 2,50 dólares por día y cerca del 44% de esta gente sobrevive con menos de 1,25, admite un nuevo informe del Banco Mundial para el año 2005, emitido el 2 de septiembre de 2008. Miseria completa y total es la única descripción para las circunstancias a que hacen frente tantos seres humanos, especialmente en las áreas urbanas.

Más de tres mil millones de personas tienen fuera de sus posibilidades alcanzar bienes de consumo tan simples como llamadas telefónicas, alimentos nutritivos, vacaciones, televisión, cuidado dental y vacunas.

El sitio web Starvation.net registra los impactos del aumento del hambre en el mundo. Más de 30.000 personas mueren cada día por desnutrición, enfermedades curables y hambre. El 85% son niños menores de cinco años. En los últimos cuarenta años más de 300 millones de personas han sufrido una muerte que pudo evitarse. 

Esa es la gente “desafortunada”, en el decir de David Rothkopf, según su libro Superclase. "Si ocurre que usted nace en el lugar equivocado, como el Africa del sub Sáhara..., eso es mala suerte", escribió Rothkopf. Este autor se enciende al describir cómo un 10% “top” de los habitantes de todo el mundo posee el 84% de la abundancia y el resto tiene apenas el 1%. En el 10% superior de beneficiarios de la abundancia se encuentran los mil multimillonarios globales en dólares. Pero tal contraste de la desigualdad de la abundancia ¿es realmente el resultado de la “suerte” o existen políticas promovidas por las élites del poder que protegen a pocos a expensas de muchos?
 
La producción mundial de alimentos alrededor del mundo crece mucho más de lo que se necesita para alimentar adecuadamente al planeta entero. La producción global de granos alcanzó el récord de 2,3 mil millones de toneladas en 2007, aumentando más de 4% respecto al año anterior, y pese a esto, miles de millones de personas sufren hambre cada día. 

Grain.org describe el meollo de las razones del hambre perpetua en el reciente artículo "Haciendo una matanza por hambre". Ocurre que, mientras los agricultores producen suficiente comida como para alimentar al mundo, los especuladores de commodities alimentarios y los grandes comerciantes de granos, como Cargill, controlan los precios y la distribución global de los alimentos. Cuando la demanda empuja hacia arriba los precios, el hambre resulta provechosa para las corporaciones. Cargill anunció que sus beneficios en el negocio de los commodities alimentarios aumentaron en 86% en el primer trimestre de 2008 respecto a 2007. 

Los precios mundiales de los alimentos crecieron en 22% desde junio de 2007 a junio de 2008. Una porción significativa del aumento fue impulsada por la inversión de 175 mil millones de dólares en “compras a futuro” de commodities durante el primer trimestre de 2008. Especulan con los precios en vez de intentar alimentar a los hambrientos. El resultado está en la salvaje espiral de precios de los alimentos, más hacia arriba que hacia abajo, con el expandido efecto de la inseguridad alimentaria.

Para una familia del último tramo de la pobreza, un pequeño aumento de precios hace la diferencia entre la vida y la muerte. Empero, ninguno de los dos candidatos presidenciales de EEUU ha declarado la guerra al hambre. En su lugar, ambos candidatos hablan de seguridad nacional y de continuación de la guerra al terrorismo, como si ésta fuera la versión de las elecciones primarias. 

Si cada día perece diez veces más gente inocente que las víctimas caídas el 11 de septiembre de 2001 en las torres gemelas del Centro Mundial de Comercio de Nueva York, ¿dónde está el proyecto de Manhattan [sede de la Bolsa de Wall Street] para acabar con el hambre global? ¿Dónde está la comisión de seguridad nacional para alumbrar su plan unilateral contra el hambre? ¿Dónde están las descripciones desgarradoras de los grandes medios corporativos sobre los niños que mueren a diario y dónde está el análisis sobre quiénes obtienen beneficios del hambre?
 
El pueblo estadounidense, sin embargo, se encoge de hombros ante los niños que mueren de hambre, a menudo pensando que hay poco que pueda hacer respecto a esta tragedia, excepto enviar una donación de caridad a su entidad preferida, para sacarse así de encima su sentimiento de culpa. Con todo, donar no es suficiente. Debemos exigir la extirpación del hambre como política nacional de la próxima presidencia. Es un imperativo moral para quienes vivimos en la nación más rica del mundo priorizar un movimiento político contra el hambre y por una mejor vida para miles de millones de seres humanos en absoluta necesidad. 

El hambre global y la inequidad masiva de la abundancia se basan en políticas que pueden ser cambiadas. No habrá seguridad nacional en EEUU si no se atienden las necesidades básicas de alimentación del mundo.
 
Peter Phillips es profesor de sociología en la Universidad Sonoma State y director del Proyecto Censurado, un grupo de investigación de medios. Su nuevo libro Censored 2009 está disponible ahora en la editorial Seven Stories Press de Nueva York.

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