martes, 30 de septiembre de 2008

Primer debate entre Mc Cain y Obama: Conversaciones de paz y de guerra en tiempos de crisis


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

La negativa este lunes en el congreso de EEUU, por parte de la mayoría de los representantes republicanos para aprobar el plan de rescate del sistema financiero, demuestra el reagrupamiento del neoconservadurismo en torno a su vieja consistencia de propagar una mínima o ninguna intervención del estado en el libre mercado.

Es probable que haya sido una medida demagógica del Partido Republicano en tiempos de elecciones locales, y una presidencial, y que a final el plan se apruebe. Sin embargo, la maestría republicana consiste en eso: dar esos golpes efectistas que le han dado resultados, y que puede poner las posibilidades de Obama en aprieto.

Una encuesta de CBS señala que un 39 % de electores indecisos piensa que el demócrata había vencido en el debate, mientras que un 25 % le dio la ventaja a Mac Cain. Un 36 % sintieron que era un empate. La página de Real Politics al 27 de septiembre, le daba ventaja nacional a Obama en tres encuestas diferentes: Gallup con 5% de ventaja; Rasmussen tracking con un 6% y Hotline/FD Tracking con otro 5%.

McCain plantea sin ambigüedades un regreso a los años 80’ en materia económica, especialmente en el gasto fiscal y social. En seguridad nacional y relaciones internacionales se posiciona con la ideología neoconservadora del primer período de George W. Bush, estimulando el clima de la Guerra Fría anterior. Todavía más, Reagan aparece como un mentor fantasma de su candidatura para tener el referente exitoso, dado que el republicano que lo precede no le conviene.

Observando los titulares de los medios, se palpa una doble crisis con Estados Unidos en el centro: la económica y las dos guerras, a la que se puede agregar una tercera: si se invade a Irán. Al recurrir al libreto de Reagan, se puede ver que a la campaña de John McCain le queda poca reserva política en cuanto a argumentos nuevos. Está apelando al núcleo duro de electores que se inclina por la posición más conservadora en tiempos de crisis.

En un primer debate existe el peligro de no conocer lo que reservan los candidatos para el tramo final. Se sabía por la campaña, que ni Obama ni Mc Cain eran adeptos al debate a pesar de ser ambos buenos comunicadores frente a una audiencia. Por el formato, al final no fue ni debate ni discurso.

Los dos candidatos quedaron atrapados en una zona intermedia, donde no se distinguía la base del problema central y todo se lo comía una suerte de ansiedad impuesta por el moderador para conocer detalles del problema financiero. Aunque Obama parecía tener mejores apuntes, al igual que Mac Cain, no pudo evitar caer en la peor disyuntiva de cómo aprovechar el tiempo: generosidad con los detalles o profundizar la idea central. Quedaba la sensación de abarcar demasiado a partir de preguntas generales que inevitablemente obligaban al candidato a enviar mensajes.

Aún así, que los dos son diferentes en sustancia y en estilo, el ejercicio lo demostró. En la circunstancia del “empate” - clasificación un poco absurda, aunque es opinión generalizada- Barack Obama demostró haber aprovechado mejor la ocasión por dos motivos.

Primero, el test de su fluidez con el tema internacional directamente relacionado con la seguridad, lo absorbió con mayor naturalidad. Se vio entero, y dominador de la situación, a pesar de haber sido maltratado por Mc Cain con sus aserciones de “ingenuo”, y por lo que todos observaron: que el republicano no lo miraba a los ojos. La reacción de Obama fue como el “adormecimiento en las cuerdas” que practicó Mohamed Alí frente a los manotazos desesperados de George Foreman en Kinshasa, que lo cansaron y derrotaron.

Y atención, Barack Obama acierta cuando señala que la prioridad está en la zona de Asia Central Sur. Apela a una revisión de política y no la obcecación de mantener un pie de control en Irak.

Segundo, Mc Cain falló en lo principal: no pudo marcar un distanciamiento respecto a la ideología de la actual administración. El republicano se vio incómodo y tenso. Como lo definió N. Kristofer en The New York Times: “Impulsivo, impetuoso, e impaciente”. En suma, peligroso para la función de un presidente que maneja decisiones con armas nucleares.

Etiquetar a Barack Obama como representando a la izquierda del Partido Demócrata, por sostener que el Estado cumpla un rol más decisivo en la protección social, es distorsionar una revisión necesaria de las políticas públicas a través de un simplismo agotado. Sin duda esta opinión sobre Obama a la hora de ganar votos en el mitificado centro funciona, aunque representa seguir descansando sobre el mismo oscurantismo que ha prevalecido sobre el rol del Estado. Lo de Obama más bien es un regreso a los postulados clásicos del liberalismo en justicia social. Si de etiquetar se trata, estaría más cerca de la filosofía de Joseph Schumpeter. Nadie quiere un presidente de “izquierda” en tiempos de crisis y sobretodo cuando esa “izquierda”, representada por políticos y una amplia clase de profesionales de todo tipo, comienza a tener razón en que el sistema como está, no funciona.

La posición de Mac Cain, se inclina firmemente a recortar el gasto del Estado. Hay una apuesta para concitar el apoyo de ese núcleo conservador en la población, que a pesar de haber pasado más de 20 años, todavía evoca a Ronald Reagan, como el que tuvo la receta para salir de la crisis y asegurar el país.

En este tipo de debate, se generan comentarios que sorprenden. La autoridad de atribuirse ideas que puedan facilitar el desempeño de los candidatos, fluye en forma tal, que el público interesado se transfigura. Son los nuevos asesores, y más de alguien se siente presidenciable. “Si fuera Obama no habría aceptado que me llamara ingenuo”. Maureen Dowd del The New York Times, es la que más se siente con autoridad para criticar a Obama ama que entre broma y broma, lo detesta por el acartonamiento académico que proyecta. Le dice: “No es una clase, hay que hablar desde la vísceras”.

En el tumulto, se ha perdido una frase de Obama usada en las primarias. Cuando comentaban su falta de experiencia en política internacional, respondía que poder estar asociado con esa experiencia (que ha llevado al país a la situación en que se encuentra), no era un halago. Prefería no tener ese tipo de experiencia.

Imagen: Estados Unidos: Símbolos de los Partidos Demócrata y Republicano.


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