miércoles, 29 de octubre de 2008

Argentina: "Cuando traspasamos esa puerta no estamos presas"

Agustina Bullrich (ARTEMISA)

El taller La Estampa es un espacio de arte que funciona desde el año 2000 en el Instituto Correccional de Mujeres N° 3 de Ezeiza dependiente del Servicio Penitenciario Federal. El mes pasado se presentó con stand propio y por segundo año consecutivo en la muestra de arte Expotrastiendas 2008. Sus integrantes nos cuentan la experiencia de trascender las fronteras del encierro.

El arte siempre ha sido, desde diferentes miradas y concepciones, ese territorio donde conviven significantes como pasión, libertad y rebelión. El arte como modo de trascender la realidad cotidiana, de entrar en otro tiempo, en otro espacio. Sin embargo, cuando esa realidad cotidiana está signada por el encierro, las restricciones y el sometimiento, entonces el papel del arte pareciera tornarse más urgente que nunca.

"Nosotras sentimos que cuando traspasamos esa puerta, cuando entramos al taller no estamos presas" dice Ana María con voz suave y paciente. Ella es una de las diez integrantes que actualmente conforman el taller La Estampa. Este espacio de arte funciona en el Instituto Correccional de Mujeres N° 3 de Ezeiza desde el año 2000, y se lleva a cabo en forma conjunta entre la Subsecretaría de Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación y la Subsecretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En él han participado, desde su creación, más de cien internas, que han sido condenadas o están siendo procesadas por diversos delitos. En un comienzo, se trabajó solo con serigrafías, luego con el paso del tiempo se fueron sumando trabajos en papel reciclado, escultura, dibujo y pintura. Por estos días, la producción se enfoca en la realización de obras colectivas de gran formato.

El taller está a cargo de los docentes Federico González y Elisa O'Farrell, que van allí a dar clases dos veces por semana cada uno. Pero más allá de estas horas de clase semanales, el taller funciona de lunes a viernes de 9 a 18 hs. A veces, estas horas parecieran no ser suficientes y a Ana María le gustaría seguir trabajando: "A veces pienso que si no hubiera llegado a la cárcel nunca hubiera sabido que podía hacer algo así... Hay días en que tengo ganas de pintar y ya van a ser las 6 y tenemos que guardar todas las cosas y seguiría pintando…Te hace bien". El taller no requiere ningún tipo de formación o conocimientos previos: "es un lugar donde se aprende haciendo, pero sólo entra la gente con conducta" explica Ana María y agrega que en su caso "no tenía nada de experiencia antes de entrar al taller. Yo soy docente y a mí me gusta escribir pero nunca había hecho nada de pintura. Ni sabía lo que quería decir serigrafía y poco a poco descubrí que si quería algo podía salirme, bueno o malo, pero algo podía salir".

En el penal hay, entre otros, talleres de tejido, costura, panadería y encuadernación. Sin embargo, el taller de arte "es un lugar completamente diferente al resto de los talleres que hay en la cárcel. Al principio era una autodisciplina total, ni siquiera teníamos personal que nos controlara, de vez en cuando se asomaba alguien" dice Silvia, que junto a Ana María, es una de las integrantes más antiguas del taller.

Eso que diferencia a La Estampa en relación a los otros talleres tiene que ver con ese otro modo de trabajo, de tiempo y de espacio. "Tenemos una biblioteca importante en base a donaciones de libros de arte, de ahí se aprende un montón. El día que entramos y no tenemos ganas de agarrar un lápiz o un pincel, elegimos un libro" dice Ana María y enseguida Silvia agrega que "a veces venía una maestra nueva (las guardias a cargo del taller), que no estaba acostumbrada al ritmo y decía 'bueno señora póngase a pintar', y nosotras decíamos 'no, este taller no funciona así', pero les explicábamos y entendían"
La historia de Silvia

Silvia es una de las más viejas del taller y a fines del año pasado salió en libertad. Para ella el arte fue su modo de conectarse con el exterior, un modo de conjurar distancias, de viajar, de reencontrarse con seres y lugares queridos. "Para mí significó tener mis colores, mis ruidos, mis lugares al alcance mío. Yo ya estaba en el taller pero al principio no trabajábamos con color, era todo blanco y negro, entonces me llevé una pinturitas del taller que nadie usaba a mi pabellón, a mi celular y ahí empecé a pintar paisajes, de mis recuerdos, sola". Silvia explica que antes de entrar al penal trabajaba como remisera en San Nicolás (su ciudad natal) y que siempre viajaba de un lado a otro y "de ahí saqué tantos paisajes".

"Después me dieron pintura de pared, amarillo, azul y rojo y pinté todos los pasillos del penal. Como yo no permitía que mi familia viniera a visitarme porque era un gasto tremendo y estaban en una situación económica muy mala, entonces yo viajaba todos los días a través de esos paisajes, los paisajes que eran tan conocidos para mí y que solamente podía reconocer mi familia. Cuando empecé a pintar los pasillos venía la guardia y me decía '…Y Vega ¿que va a hacer?' y yo le decía que no sabía. No lo pensé. Es como que sentía que no era yo la que pintaba eso, había algo mágico que me manejaba el pincel".

Actualmente Silvia realiza exposiciones en su ciudad y fue invitada por la Secretaria de Cultura de San Nicolás, para enseñar pintura a niños y niñas en situación de calle.
Obras

La Estampa presentó sus obras en el Centro Cultural Recoleta, el Centro Cultural Borges, el Museo Nacional del Grabado, arteBA, el Espacio Multiarte-SIGEN y Estudio Abierto, entre otros lugares, y formó parte del envío argentino a la Bienal de La Habana 2001. Las obras expuestas se venden y permiten el autoabastecimiento del taller. Del dinero que ingresa por la venta de las obras un 35 por ciento resulta en un incentivo para las integrantes (repartido en partes iguales) y el 65 por ciento restante es destinado a la compra de insumos. Luego de mucho esfuerzo se consiguió que el Servicio Penitenciario otorgara salidas extraordinarias a las integrantes del taller. Así, ellas pueden ir a las muestras a presentar sus propias obras.

La Estampa no es el único taller en el país que produce arte desde la cárcel. Sin embargo, pocas son las experiencias de este tipo que trascienden las fronteras del encierro y logran entrar en cierto circuito oficial. La Estampa lo ha logrado, con esfuerzo, trabajo y amor. Y es que si el arte tiene su razón de ser en función de la mirada de un otro que completa la obra, la participación de este taller en el sistema del arte, es tan importante como la misma creación de las obras.

Foto: "Quiero estar en un faro". En la foto vemos a Ana María junto a un paisaje pintado por ella: un lugar donde le gustaría estar. Esta fotografía, perteneciente a la serie "Queremos vacaciones" (2006) que ganó una Mención Especial del Jurado en el Concurso de Fotografía Expotrastiendas 2008 "¿Cuál realidad?".

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