miércoles, 15 de octubre de 2008

Argentina: Últimas noticias del Capital


Oscar Taffetani (APE)

El narrador y crítico literario Ricardo Piglia nos dijo alguna vez, un poco en broma, un poco en serio, que El Capital, obra cumbre de Marx, podía ser leído como una novela policial.

“Porque el libro -argumentaba Piglia- habla de un crimen (el hambre y holocausto de una parte de la humanidad); habla de un asesino (el Capital) y se propone descubrir y probar la forma en que ese crimen fue cometido...”

Leyendo las últimas noticias del Jazz (hasta esa hermosa palabra, llena de resonancias, ha sido contaminada por el discurso oficial), nos viene a la memoria aquella humorada de Piglia. Pero a la vez nos dan ganas de tomarla en serio, y volver a narrar con nuevas palabras (tantas como hagan falta) ese viejo crimen del hambre, ese antiguo crimen de la explotación y la opresión.
De nombres y máscaras

Los meteorólogos les ponen a los huracanes nombre de persona. Es un procedimiento estándar, semejante al que siguen los astrónomos cuando bautizan una nueva estrella, un asteroide o un cometa. Así, los humanizan. A la vez, los naturalizan.

Por eso, cuando ocurren tragedias en las que hay responsables concretos (por ejemplo, las empresas constructoras e inmobiliarias que desprotegieron a la ciudad de Nueva Orléans), la culpa se diluye y los responsables no aparecen. Todo ha sido obra de... ¡Katrina!

A las repercusiones en escala doméstica de colapsos y temblores financieros, en las últimas décadas, también les han puesto nombres inocentes: efecto tequila, efecto caipirinha, efecto arroz, efecto jazz...

Hay mucha frivolidad y estupidez en la dirigencia, por cierto. Pero las máscaras creadas le sirven al verdadero autor de los crímenes -el Capital- para ocultarse una vez más.
Refugio para criminales

Muchas veces oímos decir con desparpajo, a dirigentes del gobierno y de la oposición, que el de los Estados Unidos es “un capitalismo en serio”.

Ahora, esos mismos dirigentes proponen crear un “comité de crisis” para analizar el “efecto jazz”, así como las posibles medidas de prevención.

Pasado el “jazz”, seguramente, volverán a hablarnos de “capitalismo en serio”. La burla no tiene fin.

Esos 25 (o tal vez más, de acuerdo a los registros de los hospitales) niños argentinos que mueren por día a causa de la desnutrición y las enfermedades de la pobreza ¿a qué crack pertenecen? ¿en qué efecto están incluidos?

¿Por qué no se ha creado -tras casi dos años de denuncias- un comité de crisis para detener el genocidio de las comunidades originarias en el Chaco, en Formosa y Misiones?

Dolorosas preguntas, condenadas al silencio como respuesta.

Hace unos días la Presidenta, en el cóctel de agasajo a una delegación de Bélgica, ofreció a los capitales que huyen de la actual crisis financiera un “buen refugio” en la Argentina.

A principios del siglo pasado nuestros dirigentes hablaban de una tierra de promisión y llamaban a invertir en el desarrollo argentino.

A fines de ese mismo siglo, ya los dirigentes hablaban de oportunidades de negocios.

Ahora, es el turno del buen refugio para los capitales (donde la Argentina vendría a ser una suerte de paraíso fiscal que ofrece servicios de impunidad al Capital trasnacional).

Así están las cosas, mientras el reloj del hambre marca las horas. Y los criminales buscan un buen refugio. Y los medios fatigan el aire y los corazones con las últimas noticias del Capital.

Imagen: Carlos Marx


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