miércoles, 29 de octubre de 2008

Combatientes extranjeros en las filas del ejército libertador cubano

Yolanda Díaz Martínez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Durante la segunda mitad del siglo XIX el pueblo cubano libró una de las más importantes luchas contra el yugo colonial español, en su afán por lograr la definitiva independencia. Más de treinta años llenos de sacrificios, privaciones y heroísmo caracterizaron ese empeño.

A esa batalla se sumaron numerosos extranjeros procedentes de diferentes nacionalidades, quienes la apoyaron desde sus territorios de origen con dinero o recursos, mientras otros combatieron con las armas al lado de los cubanos como uno más.

Resulta en extremo complejo ofrecer una cifra exacta de la cantidad de extranjeros que engrosaron las filas del Ejército Libertador, y más aun para la Guerra Grande o de los Diez Años.

Para la Guerra de 1895 la situación no resulta tan compleja, pues la necesidad que existió de confeccionar un índice para garantizar la liquidación de haberes a los soldados cubanos, facilitó disponer de un listado de todos los combatientes sino completo, al menos bastante aproximado a la realidad.

Según el historiador René González Barrios, se calcula en una cifra superior a los tres mil hombres la cantidad de extranjeros participantes en el proceso de independencia de la Isla.

Antes de pasar al análisis pormenorizado de algunos de los participantes, resulta necesario establecer cierta distinción entre el comportamiento de las diferentes naciones durante la primera y la segunda guerra.

Según documentos existentes en los diferentes archivos españoles, y de manera particular en la documentación relacionada con la actividad consular, se reconoce que en buena medida el comportamiento de los diferentes países del continente americano respecto a la beligerancia de los cubanos estuvo condicionado con las particularidades de cada momento.

Durante el primer proceso emancipador, la casi totalidad de los gobiernos de las repúblicas latinoamericanas reconocieron oficialmente la lucha llevada a cabo en Cuba. De hecho, en muchos casos ese reconocimiento funcionó como mecanismo de presión ante la corona de España para ofrecer mayor atención a esos nacientes Estados, casi todos sus antiguas colonias y muchos de ellos todavía en un proceso de conformación.

Durante la segunda guerra, 1895-1898, la situación no resultó igual y el reconocimiento a los cubanos no se dio de manera oficial por los gobiernos de los diferentes países.

Sin duda la presencia de una representación consular española en ellos fue elemento que debió tener significativa incidencia en esa actitud, pues reconocer esa lucha hubiese podido acarrear conflictos políticos de diverso tipo y que los gobiernos latinoamericanos no siempre estaban dispuestos a afrontar.

Desde soldados hasta generales

De cualquier manera lo cierto es que la colaboración extranjera en el Ejército Libertador fue numerosa durante ambas guerras, en la cual se encuentran desde simples soldados hasta los más experimentados oficiales que llegaron a ostentar grados de general por su activo y meritorio desempeño.

Muchos de estos internacionalistas, es justo llamarlos así, arribaron a Cuba como parte de expediciones o ingeniándoselas de las más diversas formas para burlar la inteligencia española.

Como quiera que enumerar la relación de todos los participantes resultaría en extremo complejo, cuando no imposible, referiremos algunos de los más significativos generales, a quienes por su grado, desempeño y categoría se les ha biografiado con mayor amplitud.

Encabezan la lista de los extranjeros los de origen dominicano, con Máximo Gómez a la cabeza, a quien se le unen, entre otros, los hermanos Luis Gerónimo y Francisco Marcano, junto al general Modesto Díaz. Ellos fueron de significativa importancia y en los inicios de la lucha, dada su experiencia en el ejército dominicano, pusieron sus conocimientos y experiencias en función de formar a los bisoños soldados cubanos.

De Colombia llegaron hombres de la talla de José Rogelio del Castillo y Zúñiga, Avelino Rosas o Adolfo Peña Rodríguez, quienes participaron en ambas guerras de independencia y desempeñaron diversos cargos de dirección junto a oficiales como Calixto García, Antonio Maceo o el propio Gómez.

De Venezuela llegaron, entre otros, José Miguel Barreto Pérez, Manuel María Garrido Páez, SaloméHernández Hernández, Cristóbal Acosta, José María Aurrecoechea Irigoyen y Amadeo Manuit.

Todos ellos tuvieron su desempeño durante la Guerra de los Diez Años, destacándose por su valentía. Salomé Hernández falleció en tierra de Cuba por enfermedad, mientras que Cristóbal Acosta, Aurrecoechea Irigoyen y Amadeo Manuit, anegaron con su sangre el suelo insular, contribuyendo a sentar las bases de la creciente amistad y solidaridad entre Cuba y Venezuela.

De México, país que siempre ha mantenido una actitud solidaria con la Isla, se citan a Gabriel González Galbán y José Inclán Risco, ambos con destacado desempeño en la Guerra Grande.

El puertorriqueño Juan Rius Rivera fue otro sobresaliente general participante en ambas guerras independentistas, quien obtuvo ese grado en 1878, con apenas 29 años, y operó bajo las órdenes de los experimentados Antonio Maceo y Calixto García.

El general de brigada Pedro Vargas Sotomayor fue una de las representaciones de la hermana república chilena, mientras que por Francia se recoge el nombre de Eloy Beauvilliers, y por Canadá, el de Washington Ryan, todos ellos con relevante desempeño en las luchas independentistas cubanas.

Carlos Roloff Mialofski, de Polonia, y los norteamericanos Thomas Jordán y Henry Reeve, figuran entre los generales más significativos y conocidos por su gran capacidad de mando, arrojo y valentía.

Españoles junto a los cubanos

Paradójicamente, uno de los países con mayor aporte de hombres al servicio de la causa cubana fue España, cuyos soldados fueron los adversarios de los independentistas cubanos. La falta de motivación en algunos casos, acrecentada por las difíciles condiciones en la cuales debieron combatir, motivaron que varios soldados y algunos oficiales se pasaran a las filas insurrectas.

La relación de ellos es muy difícil de establecer, a no ser por algunos casos aislados de quienes han escrito sus memorias o cuya historia ha llegado a la actualidad por tradición oral familiar.

Sin embargo, sí se ha biografiado a varios generales que, con nacionalidad española, se inscriben en los registros de las filas cubanas.

El más conocido de ellos es José Miró Argenter, quien fungió como Jefe del Estado Mayor del general Antonio Maceo en la Guerra del 95. A su nombre se unen los de Francisco Villamil, Manuel Suárez Delgado y José Sabino Caillet Barrantes, todos ellos con desempeño en la Guerra del 68. En 1895 combatieron Matías Vega Alemán y Jacinto Hernández Vargas, mientras que Julián Santana Santana estuvo presente en ambas.

Estos son algunos de los más destacados generales extranjeros en la filas mambisas, a los cuales se incorporó una elevada cifra de hombres con otras graduaciones o como simples soldados.

Todos: jefes, oficiales, soldados, son merecedores de profundo reconocimiento, porque con su desempeño y entrega, contribuyeron a la independencia de Cuba y, de una forma u otra, sentaron las bases de la solidaridad que hoy une a la Isla con múltiples pueblos del mundo.

Yolanda Díaz Martínez es investigadora del Instituto de Historia de Cuba.


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