viernes, 17 de octubre de 2008

Costa Rica: Nadie dijo que fuera fácil

Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

A mi juicio, dos son las tipos o categorías de obstáculos que podrían dar al traste con la posibilidad de la unidad del movimiento ciudadano opuesto al neoliberalismo y, a partir de eso, con la construcción de una coalición electoral. A saber...

- Los obstáculos cuya superación demanda trabajo, paciencia y dedicación.

- Los obstáculos cuya superación exige una elevada dosis de generosidad, desprendimiento y voluntad de diálogo.

Los primeros tienen que ver con las obvias complejidades inherentes al trabajo concreto orientado a la construcción de acuerdos y, a partir de esto, de una posible alianza o coalición electoral. Quizá ahí se puedan, a su vez, diferenciar dos tipos de problemas:

- Lograr que el heterogéneo movimiento ciudadano organizado logre ampliar y consolidar lazos de entendimiento y coordinación, a partir de los cuales profundizar la cooperación y el diálogo y, por lo tanto, la más clara identificación de derroteros compartidos y estrategias comunes.

- Lograr encontrar una fórmula apropiada para construir la coalición electoral, en la cual confluyan las aspiraciones populares emanadas de ese movimiento ciudadano organizado y las aspiraciones de las organizaciones partidarias, y la cual se estructure de la mejor forma posible dentro de lo que la legislación vigente (seguramente limitante) hace posible.

Aclaro que todo lo anterior se basa en una tesis a la que me he referido con amplitud en numerosos artículos previos, la cual sintetizo así: a) un cambio realmente significativo no puede ser impulsado si no se tiene el poder para ello; b) ese poder solo se alcanza si se cuenta con una sólida base social; c) esta base social no puede ser construida por ningún partido político librado a sus solas posibilidades, y solamente puede surgir a partir del trabajo desde las bases, con plena y activa participación de la ciudadanía organizada.

Nada de lo anterior es fácil. Advertir acerca del nivel de exigencia que conlleva es redundar en lo obvio. Sus objetivos son amplios; incluyen lo electoral, pero van mucho más allá de eso. En realidad, aspiran a construir una base común que, a su vez, construya un efectivo y democrático poder ciudadano.

Viene entonces el segundo tipo o categorías de obstáculos: aquellos cuya superación demanda generosidad, desprendimiento y voluntad de diálogo, cosa que conlleva, por supuesto, posponer ambiciones personales y partidarias para un mejor momento. Si no se aporta esta dosis de sacrificio y humildad, vano será cualquier intento que se haga.

A mi modo de ver, esto implica un orden lógico y práctico muy claro: primero es preciso que todos y todas aportemos esa elevada dosis de generosidad y desprendimiento para, a partir de ahí, empezar a trabajar en resolver los obstáculos prácticos que implica construir una amplia base social y, eventualmente, una alianza electoral.

Un artículo de análisis difundido el 12 de octubre desde el Pregón (www.elpregon.org) y titulado “Razonamientos sobre la unidad social y electoral antineoliberal” ilustra muy bien esta problemática. La persona o personas que lo escribieron (no se indican nombres) llueven sobre mojado alrededor de lo obvio: las dificultades prácticas que implica construir una coalición. Por cierto ¿alguien dijo que era fácil? Pero, sobre todo, ponen de manifiesto una desconfianza terrible respecto de mucha otra gente dentro de los mismos sectores antineoliberales.

Hasta donde puedo entender, esa desconfianza es, claramente, un obstáculo morrocotudo. Quizá podría estar justificada. O quizá no. Por ejemplo, creo que se podría decir de Eugenio Trejos que, como político, es bastante ingenuo y bisoño, pero jamás que sea deshonesto o poco sincero. Probablemente su propuesta no carece de defectos y debería quedar abierta a un proceso de mejoramiento. Sin embargo, el artículo en cuestión no repara en matices, los cuales en ocasiones pueden ser muy importantes. Por esa vía se cancela la posibilidad de diálogo con alguien que, como Trejos, lo que está haciendo, hasta donde entiendo, es justo convocar al diálogo sin arrogarse la representación de nadie, visto que su llamado es a que, democrática y participativamente, sea la gente misma quien defina sus propios y legítimos representantes. A lo que entendí, en el artículo en mención a esto último se le llamaba “democratismo” (creo que yo también padezco de tan peligrosa enfermedad, la cual está muy relacionada con el populismo, según lo que ahí también se indicaba).

El desprendimiento que la situación exige, a su vez demanda, entre otras cosas, un esfuerzo sincero por superar la desconfianza; por concederle a la otra persona al menos el beneficio de la duda. Y, desde luego, ello exige también admitir que el equivocado podría ser justo uno mismo, y no la otra persona.

Muchos soñamos con esa amplia alianza; a la vez cívico y ciudadana, política y partidaria. Sobre eso he escrito largamente desde enero pasado. Puede que, una vez más, el pragmatismo descarnado se imponga. Hay, sin duda, mucha desconfianza que enrace la atmósfera. Me temo que también podría haber mucha ambición que hace enmudecer el diálogo.

Y, sin embargo, la evidencia de que dispongo me indica que la ciudadanía organizada es un movimiento de gente patriota por convicción. Ahí florece la generosidad y el desprendimiento así como la aspiración honesta por un verdadero cambio. Sigo pensando que ahí está la verdadera avanzada del pueblo costarricense, gracias a lo cual la esperanza sobrevive.

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