martes, 28 de octubre de 2008

Costa Rica: ¡Salvemos al hombre!

Flora Fernández (TRIBUNA DEMOCRATICA)

La noticia de la semana ha sido sin lugar a dudas el desastre ecológico provocado por del decreto firmado por el cadavérico presidente Oscar Arias Sánchez, Premio Nobel de la Paz 1987, quien "apoyado en criterios técnicos del Ministerio de Ambiente y Energía (y ahora también de Telecomunicaciones (MINAET)", dirigido por su pariente Roberto Dobles (nieto de la tía de Oscar Arias, Trina Sánchez Cortés), que le aseguró todo estaba en regla, que cortar bosque primario poblado de almendros protegidos, donde anida la lapa verde en vías de extinción para extraer oro del subsuelo, no ofrecía problema alguno y que la minería a cielo abierto es una bendición para el país porque genera empleo y divisas.

Qué rápido se olvidaron del compromiso de asegurar "hoteles 5 estrellas para la fauna" que contemplaba el Programa Paz con la Naturaleza. ¿Será que le van a construir jaulas de oro a las lapas creyendo que así no van a extinguirse?

Sobra insistir en que todo el oro que se extraiga jamás alcanzaría para "pagar" o reponer el bosque primario que ha tardado centenares de años en crecer, que las aguas de la zona se envenenarán con el cianuro que utilizan para separar el oro de la tierra, que el drenaje ácido en 50 años estará presente en el subsuelo y tardará muchísimo tiempo en desaparecer, ya Industrias Infinito S.A. habrá abandonado el país tras haberse llevado toda la riqueza. El dolor, la desolación y la contaminación será el recuerdo que quedará a futuras generaciones del ecoterrorista decreto de Oscar Arias para generar riqueza en el 2008.

Sumida en esa tristeza que comparto con miles de costarricenses asombrados al ver en televisión la catástrofe que causó "el empleo" de trabajadores en 3 días con motosierras, mientras los ambientalistas corrían a interponer recursos de amparo y acciones de inconstitucionalidad a diestra y siniestra, recibí unos versos bellísimos escritos por Claudio Monge en los que habla de la belleza del bosque, la grandeza de la Creación, donde la vida e perpetúa y otras bellezas más y pensé de inmediato: "¡Aquí lo que tenemos que salvar es al hombre!" (entendido como especie humana que incluye también a las mujeres, jóvenes, niños y niñas).

Claro, ¡hay que salvar al hombre!

El bosque que hoy se destruyó podrá regenerarse en miles de años, las especies en vías de extinción pueden evolucionar o nuevas especies aparecerán sobre la faz de la tierra en cientos de años, los insectos, esos invencibles bichitos y plagas que desarrollan resistencia a los tóxicos más poderosos seguirán existiendo. El que está en peligro de extinción por su estupidez es el ser humano y es a ese, al que hay que salvar de la brutalidad que impera.

El cortoplacismo nos impide ver más allá de nuestras narices, la grave miopía que padece el gobierno se evidenció con este decreto. Aún si una conflagración nuclear llegara a darse y todos los seres humanos perecemos, el planeta será capaz de regenerarse en miles de años, quizás con nuevas especies que logren resistir la demencial destrucción. Nuevos microorganismos volverán a poblar la tierra y evolucionarán como ya lo hicieron una o muchas veces en el pasado,

Ya es hora de dejar esa estúpida arrogancia de "Salvemos el Planeta", el planeta se va a salvar solito si los que nos extinguimos somos los seres humanos. Sólo veamos Guayabo en Turrialba, las ruinas de Copán en Honduras o Petén en Guatemala para no ir muy lejos, donde la vegetación amenaza con destruir esos tesoros arqueológicos que los casi extintos indígenas dejaron como testimonio de su existencia hace apenas unos cientos de años. ¡Somos efímeros, insignificantes, pasajeros! Una lujosa mansión abandonada hoy en la montaña es devorada por la vegetación, en menos de 500 años. Nadie podría decir que ahí estuvo una construcción magnífica. ¡500 años para el planeta no es nada!

Los que estamos en peligro y amenazados somos usted y yo, por eso reaccionamos como lo hicimos y tenemos toda la razón de estar indignados y enfurecidos. Las Crucitas como le llamamos hoy a esa zona y el planeta en unos cuantos centenares de años estarán a salvo sin nosotros, sin las 700.000 onzas de oro que quieren llevarse, sin yacimientos ni riquezas minerales. Los ríos que hoy conocemos como Sarapiquí y San Juan y el Mar Caribe resucitarán alegres, como dice Claudio en sus versos "En el bosque todo es perfecto, solo mi paso es torpe…nosotros también podríamos serlo como la hoja que cae suavemente a nutrir el suelo con su muerte".

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