martes, 28 de octubre de 2008

Crisis, información, ética e internet

Tomás Buch (RIO NEGRO ON LINE)

Al margen de la crisis financiera de futuro incierto en que nos están sumergiendo, hay temas que no son de coyuntura sino que hacen a los fundamentos de la vida de nuestros descendientes. Claro que la crisis coyuntura será de importancia grande para los pobres que la sufrirán, más que para los ricos, que se mesan los cabellos porque su fortuna descenderá a la mitad de los millones que seguirán teniendo, y cuyas manipulaciones y codicia son las responsables finales de lo que está ocurriendo.

En este aspecto se destacan situaciones indescriptiblemente escandalosas como las de gerentes de los grandes bancos quebrados, que son echados por el desastre que armaron, pero se retiran con indemnizaciones de cientos de millones. Por el otro lado, como la espuma especulativa de la que hablábamos en otra nota también moja la economía "real" -término que ilustra que la miseria está a la vuelta de la esquina- de construcciones enteramente artificiales en las que sólo se manifiesta con mayor crudeza la extrema irracionalidad del sistema financiero que se ha apoderado por necesidad histórica del más eficiente que se ha encontrado hasta ahora para crear riqueza como fin en sí mismo.

Aunque ésta está distribuida de manera muy desigual, aún muchos pobres están mejor situados ahora que hace cinco siglos, cuando la brecha entre los más ricos y los más pobres era de miles, mientras que ahora es de apenas unas decenas. No en todos: la destrucción de las estructuras tradicionales africanas por la explosión demográfica y explotación colonial, más los conflictos internos azuzados por los intereses foráneos, han sumido especialmente a ese continente en una miseria sin esperanzas. Sobre el costo social -a ambos lados del Atlántico- de la "acumulación primitiva" de los capitales que hicieron posible la Revolución Industrial, deberemos hablar en otra ocasión.

Nadie sabe si estamos siendo testigos de un reordenamiento del poder a nivel mundial, pero es posible que del mundo bipolar de la Guerra Fría pasemos a uno multipolar después de un breve paso por una fase unipolar, ya que el monumental desequilibrio militar tampoco ha demostrado ser decisivo, salvo el caso de una guerra total.

Sin embargo, suceda lo que sea, las nuevas sociedades que emerjan harán uso de las tecnologías desarrolladas por el sistema que está en crisis, y esto significa que habrá necesidad de expertos que hagan funcionar las cosas. De lo contrario, se producirá una nueva Edad Media como la que describe el autor de Ficción Científica, Isaac Asimov, en "Fundación e imperio". Habrá máquinas, pero nadie las sabrá usar mejor que el célebre mono con una navaja. Analfabetos con bombas atómicas. Por lo tanto, una vez más: la educación en todos los niveles es fundamental. Pero un analfabeto no es solamente alguien que no sabe leer ni escribir: es necesario una comprensión mucho más profunda de la realidad del mundo en que vivimos, para que podamos luchar por uno mejor y no ser las víctimas fáciles de los antiguos prejuicios y de los demagogos de todos los signos. O de crisis artificiales como la presente, que son evitables si se dejan de lado los insostenibles principios neoliberales mantenidos como dogmas de la religión del dinero.

En la actualidad, no se nota mucho de esto: la educación que se recibe en las escuelas en el mejor de los casos transmite información y no valores, y contradice los principios morales que ella misma predica pero que casi nadie, fuera o dentro de la escuela, practica.

Debe haber una educación en profundidad, no solamente información: esto implica ética. Una nueva ética, que no se limite a los conceptos heredados de religiones milenarias, sino que incluya todos los temas que para éstas son tabú y objeto de escándalo. Sólo un ejemplo, que hemos mencionado en otras notas: "Creced y multiplicáos" proviene de una época en que la población humana era de unos pocos cientos de millones acechados por fieras y enfermedades. Ahora, la misma orden divina conduce a sobrepoblación y más miseria. Se ha hecho totalmente antifuncional, y debe reemplazarse por un control de la natalidad que, además, contribuya a la libertad humana y no a la lucha por los recursos elementales como el agua y a la esclavitud de las mujeres-madres, siempre víctimas de la violencia, aunque ya haya jefas de Estado mujeres que deben virilizarse moralmente para competir por el puesto.

La conciencia de la inadecuación de la moral tradicional a la situación contemporánea conduce a la muerte de toda moral y al monoteísmo absoluto del dios dinero: de allí el tráfico de armas y de drogas y de fugitivos de la miseria. De allí también la crisis actual, que proviene justamente de esa edificación del dinero: es una nueva forma de idealismo, ya que ese dinero ya no corresponde a realidades físicas aunque influye fuertemente sobre ellas. Y la única respuesta parece no ser una nueva moral, sino un extremismo militante en la imposición de la antigua. Una fórmula segura para el desastre que parece avecinarse, aunque aún no se vislumbren sus formas. Pero no hay muchas alternativas posibles.

Frente a este dilema se alza una nueva fe, que hace juego con la del gran dios dinero: ahora, todas las respuestas las tiene internet, así como antes la tenía la Biblia o el Corán. El dinero es dios e internet es su profeta, reza la nueva invocación.

En un reportaje, un director del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, Mark Malloch Brown, después de señalar la catastrófica situación social y económica reinante en África y manifestar subversivamente que "hace falta extender el acceso de los pobres al poder", termina diciendo: "Internet lo hace"(*). No se aclara si ésta es sólo una actitud religiosa o un síntoma de un nivel de imbecilidad tan profunda que debería conducir a la expulsión inmediata del seguramente muy bien pago funcionario internacional. Pero este señor no está sólo en su fe: cuando se habla del estado lamentable de la educación pública en nuestro país, frecuentemente se nombra a la informática y a las TIC en general como solución y no como herramienta. Los interesados en vender millones de computadoras han logrado convencer a muchas autoridades educativas de que el acceso a internet reemplazará la necesidad de educar a los educadores, de inspirarles una nueva conciencia de la importancia de su tarea y de que con su actitud educan más que con lo que tratan de explicar.

Internet es una maravillosa herramienta, pero debería ser obvio que con una herramienta no basta: hay que saber emplearla y, sobre todo, para qué usarla. En las circunstancias actuales, internet se está utilizando de varias maneras, ninguna de ellas deseable: como fuente de informes fabricados mediante el método "cortar y pegar" que evita comprender lo que se hace; como fuente de información descontextualizada y sobre la cual no hay control de calidad si no es a través de padres y maestros que sucumben fácilmente a los mismos vicios, cuando no se niegan vergonzantemente a aprender a ponerse a la altura de sus niños en el manejo de "la compu". Una vez más: sin valores que nos guíen, sucumbimos ante la marea de información entre la cual no sabemos elegir. Esto, sin mencionar siquiera los jueguitos electrónicos de creciente nivel de violencia, que también forman parte de las TIC, ni de los millones de sitios de pornografía, que su-brayan la banalización y comercialización del sexo, sin entrar en detalles cómo la paidofilia para algunos es considerada un crimen y para otros es mucho menos grave que el impedir la concepción para evitar la continuación de la difusión de la miseria.

Internet es una maravillosa herramienta. Es la biblioteca infinita de Jorge Luis Borges, con la ventaja de que aquélla carecía de un buscador como Google. Pero afirmar que internet ha de ser una solución para nada, es una ingenuidad imperdonable o un cinismo desvergonzado. Ni siquiera puede ser una solución para un ejercicio escolar, salvo a través de la inmoralidad de la incomprensión. Porque en la sociedad que sólo adora el Becerro de Oro (algunas de las metáforas bíblicas aún pueden servirnos...) estamos llegando a la situación en que la ignorancia es inmoral. Y junto con las demás formas de inmoralidad, se extiende cada vez más. Y pensar que la informática y las TIC han de resolver estos problemas es una necedad o un instrumento de un comercio más.

*) La fecha de esta manifestación es incierta; la citó H. Ciapuscio, Dédalo, Tecnología y Ética, Eudeba, 2006 pág. 139. El Sr. Brown fue desde 2005 vicesecretario general de la UN bajo Kofi Annan.


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