miércoles, 29 de octubre de 2008

Cuba: La salud bajo amenaza debido al cambio climático

Luciana Dalmaso (AGENCIA CYTA)

Científicos cubanos advierten que las temperaturas elevadas, los cambios en las precipitaciones y la variabilidad climática incrementan el riesgo de propagación de enfermedades infecciosos en esa isla. Según los especialistas, las variaciones en el clima no sólo repercutirán en la salud de la población sino que también podrían impactar económicamente en el Sistema Nacional de Salud Cubano. Sugieren posibles medidas de adaptación.

Un grupo de investigadores cubanos, encabezado por el doctor Paulo Lázaro Ortíz Bultó del Centro Nacional del Clima del Instituto de Meteorología de La Habana, observó que los efectos generados por el cambio climático, tales como inundaciones, sequías, olas de calor y la variación de la temperatura, alteran los patrones epidemiológicos de ciertas enfermedades infecciosas.

Según el estudio -publicado en la Revista Cubana de Salud Pública- algunas proyecciones esperadas para 2011 ya han comenzado a manifestarse con el aumento en la frecuencia de casos de enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias agudas y varicela.

Para los especialistas, la importancia de estos aumentos no sólo radica en el cambio de la vulnerabilidad, sino en que las patologías se producirán en meses y temporadas diferentes en relación con su patrón histórico de comportamiento.

El doctor en física Pablo Canziani, investigador del Conicet y director del Equipo Interdisciplinario para el Estudio de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global, de la Universidad Católica Argentina, coincide con esta tendencia y explica: “Las inundaciones o procesos de sequías aumentan los riesgos de epidemias, síndromes diarreicos o enfermedades respiratorias, ya que en algunas ocasiones no puede evitarse la contaminación del agua, el aire y algunos alimentos”. Y advierte también que “podrían incrementarse además los riesgos de enfermedades cardiovasculares y alérgicas”.

Las elevadas temperaturas, los altos niveles de humedad y los cambios en el régimen de precipitaciones crean también condiciones favorables para el aumento de vectores (agentes transmisores de enfermedades humanas), que al combinarse con bajas condiciones higiénicas y el almacenamiento de agua, provocan un aumento del riesgo en todo el país de enfermedades como el dengue, debido a la expansión de las poblaciones del mosquito transmisor (Aedes aegypti).

“Los efectos del cambio climático afectan el ciclo de vida de microorganismos y mosquitos, su hábitat y su alimento, los vectores son sensibles a los desequilibrios climáticos y tienden a reproducirse más o modificar su distribución geográfica; y acaban sin duda por afectar a las personas”, explica el doctor Jorge Rabinovich, especialista del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE), para quien el aumento de la temperatura global influye en la expansión del dengue al alterar la frecuencia de las lluvias.

Impacto económico

Los investigadores consideran que estas tendencias no se pueden atribuir únicamente al cambio climático, pero son fenómenos cuya frecuencia e intensidad aumentarán con él. Supondrán una carga adicional para los recursos materiales y humanos destinados a la salud en Cuba, aunque desde este sector ya se estén implementando medidas de adaptación. Para afrontar los efectos del cambio climático en la salud, Cuba ha implementado un sistema de alerta temprana para avizorar las situaciones de peligro de diferentes enfermedades, un sistema de centinela para detectar de inmediato los focos infecciosos, así como un estricto control de vigilancia epidemiológica. También cuenta con un programa de sostenibilidad que se viene desarrollando para prevenir nuevas epidemias de dengue.

“Los cubanos suelen ser muy activos en la formulación de estudios y previsiones sobre los efectos del Cambio Climático. El interés de los investigadores en salud en estudiar cuál es el impacto del cambio climático sobre ella ha ido en aumento. El mayor problema en Cuba y el Caribe son las consecuencias devastadoras de los huracanes que son propios de las áreas tropicales”, explica el doctor Vicente Barros, climatólogo e investigador del Conicet.

No obstante lo implementado, los investigadores cubanos sugieren que el reforzamiento de los sistemas de salud debe incluir un mayor énfasis en factores ambientales y socioeconómicos que representen riesgos a la salud así como acciones que ya forman parte del sector salud, tales como la protección ambiental, la vigilancia y respuesta a enfermedades, la educación sanitaria y las acciones para proteger a la salud en casos de crisis, especialmente de niños y mayores de 65 años.

Evidencias climáticas

En términos generales, se está produciendo en Cuba una expansión del verano y una contracción de la duración del invierno. Según el trabajo presentado, esto se refleja en un aumento del número de días consecutivos con temperaturas máximas superiores a los 30° C y mínimas superiores a los 20° C; mientras que en el segundo caso se rompe totalmente la continuidad del período invernal, incluso en la región occidental de Cuba, más expuesta a los procesos extratropicales típicos del invierno.

Las evaluaciones y resultados de especialistas del Centro Nacional del Clima del Instituto de Meteorología indican que el aumento de la temperatura media anual se explica por una destacada elevación de las temperaturas nocturnas, lo que supone una mayor cantidad de calor disponible en la superficie terrestre en horas diurnas que debe liberarse a la atmósfera durante la noche.

Según destacan los investigadores, el régimen pluviométrico también refleja cambios significativos en su comportamiento. La frecuencia de sequías en todo el territorio cubano ha aumentado de forma significativa en los últimos decenios. Y como paradoja, incrementa también la ocurrencia de fenómenos atmosféricos capaces de producir grandes volúmenes de precipitaciones e inundaciones.

Estos aumentos en la frecuencia e intensidad de sucesos extremos como tormentas, inundaciones, sequías y ciclones tendrían efectos adversos sobre la salud humana. “Pueden ser causa directa de pérdidas de vida y pueden afectar a la salud indirectamente a través de la pérdida de abrigo, el desplazamiento de la población, la contaminación de las fuentes de agua, perdidas en la producción de alimentos y mayores riesgos de epidemias de enfermedades infecciosas”, expresa el físico argentino Canziani.

La investigación, denominada “La variabilidad y el cambio climático en Cuba: potenciales impactos en la salud humana”, fue realizada por un grupo de especialistas del Instituto de Meteorología, el Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí” (IPK), la Unidad Nacional de Vigilancia y Lucha Antivectorial y el Centro de Estudios y Servicios Ambientales; de La Habana y Villa Clara.

Una mirada argentina

La problemática detectada en Cuba excede las fronteras del país centroamericano, los efectos del cambio climático comienzan a evidenciarse en varias regiones del planeta y alcanzarían a la Argentina. Así lo afirma el biólogo Héctor Coto, director ejecutivo de la Fundación Mundo Sano (institución argentina dedicada a la investigación de enfermedades transmisibles como el Chagas, el dengue o el hantavirus) para quien el cambio climático es uno de los factores que -junto con la expansión de las ciudades por sobre zonas históricamente dedicadas a la producción, y la urbanización desorganizada- contribuyen a la expansión de las enfermedades transmitidas por vectores. “En el norte argentino, por ejemplo, se observa una reemergencia del paludismo, la fiebre amarilla y el dengue, enfermedades que podrían estar propiciadas por los efectos del cambio climático”, expresa el especialista.

Coto coincide con el planteo cubano que prevé impactos sanitarios y económicos como posible consecuencia de las variaciones climáticas y advierte que en la Argentina no existen aún las medidas de prevención más adecuadas: “En nuestro país no se ha montado un sistema de alerta temprana para detectar focos infecciosos. Los programas de control de vectores están descentralizados, se realizan por provincias y las actuaciones son dispares con una falta de coordinación evidente. Desde el punto de vista técnico esto no es correcto”. Para el biólogo es necesario “revisar las estrategias de control de vectores para poder adaptarlas a la magnitud del problema”.

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