miércoles, 1 de octubre de 2008

Ecuador: Del Congresillo a la participación social

Kintto Lucas

Luego de ser aprobada la nueva Constitución, hay un debate que estará instalado por unas horas más sobre cómo debe estar integrado el legislativo durante la transición, lo que algunos han denominado Congresillo.

Que si se integra con 39, si con 59, si con 71... Se integre con el número que se integre, será imposible encontrar un criterio de selección que no sea arbitrario. ¿Cómo se logra que estén todas las provincias y los migrantes representados? Que además de eso estén todos los sectores en forma proporcional. Que además de eso, las provincias que tienen representantes de distintos partidos mantengan una proporcionalidad. Elegir utilizando el criterio de los asambleístas más votados, por ejemplo, sería sumamente arbitrario y no resistiría la proporcionalidad en todos los sentidos.

Hay que pensar en la legitimidad de un Legislativo que debe tratar leyes trascendentes establecidas en el régimen de transición, y que integrado en esas condiciones se asemeja a una comisión ampliada elegida a dedo.

La única instancia legítima es la ex Asamblea Constituyente en pleno, asumiendo la función legislativa. Lo más adecuado sería que se mantengan los 130 asambleístas en forma permanente.

Si no se quiere mantener a los 130 en forma permanente por razones de “presupuesto”, se podría adoptar la fórmula, como ya fue propuesta hace meses, de que exista una Comisión Legislativa Permanente, como en buena parte de los Congresos del mundo, integrada por el 30 o 40% de los asambleístas en forma proporcional a los sectores políticos, que se encargue de trabajar las leyes.

Elaboradas las leyes, se las presenta con debida antelación a todos los miembros del Pleno para que las estudien y los últimos tres días de cada mes éste se reúne para aprobarlas o reprobarlas. Los asambleístas podrían cobrar por sesión y los que piensan ser candidatos deberían renunciar hasta un día antes de su inscripción como candidatos.

Es fundamental que el Legislativo transitorio establezca instancias de participación social en las cuales los asambleístas recojan propuestas sobre las leyes que tramitan y se socialice a la opinión pública el contenido de las mismas. Eso no solo estaría fomentando la participación, sino también la transparencia.

En todo caso, más allá de que el Legislativo transitorio se abra a la participación social como se abrió la Asamblea Constituyente, los movimientos sociales y la población deben mantenerse movilizados para que las leyes estén de acuerdo con la nueva Constitución. El proceso de cambios que abre la aprobación de la nueva Constitución no puede ser tergiversado en las leyes.

Es también fundamental que el Legislativo transitorio, no tenga la influencia directa de ciertos personajes de derecha enquistados en el gobierno, que aparecieron en la Asamblea Constituyente, sobre todo en los últimos días.

La participación de los 130 asambleístas daría más legitimidad a este Legislativo transitorio, e incluso los asambleístas de la oposición no tendrían argumentos para oponerse. La participación de la sociedad en la construcción de las leyes, reforzaría la democracia y garantizaría que el camino del cambio no se tuerza.

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