viernes, 24 de octubre de 2008

El american way of life ha muerto

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

"El modo de vida americano ha muerto y cual un decapitado cadáver, se mueve torpemente sin comprender aún la realidad, tan obvia para los demás".

Tan contundente afirmación la formula el escritor ruso Stanislav Mishin en un trabajo publicado en la edición en inglés del periódico Pravda el 18 de octubre de 2008, donde describe con impresionante verosimilitud la manera en que transcurrirá el derrumbe del imperio y el fin de la opulencia para los estadounidenses de clase media.

El American way of life, dice Mishin, un sistema insostenible desde cualquier punto de vista que se le analice, fue propiciado por dos factores: gasolina barata y moneda fuerte transformada en crédito barato.

Según el autor, desde que EEUU suscribió en 1948 un acuerdo con Arabia Saudita para que el petróleo se cotizara solamente en dólares estadounidenses, esta moneda incrementó su poderío hasta alcanzar categoría de divisa mundial de reserva. A partir de que todas las naciones necesitaron el dólar norteamericano para comprar petróleo, pareció no tener límite la cantidad de éstos que el gobierno de EEUU podía imprimir y lo que -el gobierno primero y los ciudadanos contribuyentes después- podían gastar estimulados por el crédito barato.

Aclara el escritor que, sin embargo, fue únicamente cuando el Presidente Richard Nixon eliminó la conversión fija dólar-oro, en 1973, que el consumismo alcanzó una eminencia abrumadora, sin que nada, hasta hoy, haya contrarrestado esa tendencia.

Pero, según sostiene Stanislav Mishin, ya la era del dólar ha terminado y con ella el poderío de EEUU. El dólar ha experimentado una sostenida caída libre durante la mayor parte de los últimos seis años, con una declinación mayor en ese breve período que en los treinta años precedentes.

¿Cómo puede explicarse que Estados Unidos pueda financiar una guerra prolongada que ha de costar no menos de un millón de millones (un trillón, en países de habla inglesa) sin que se haya establecido impuesto alguno para ello? En su lugar, han venido utilizando la impresión de dólares.

Apunta que ya la era de los grandes gastos, grandes casas y grandes autos, ómnibus y camiones, ha concluido. Claro que la vuelta a las ciudades amontonadas, con pequeñas y modestas casas, los austeros presupuestos para gastos domésticos y los automóviles compactos no llegará de la noche a la mañana y es igualmente seguro que los endeudados o arruinados consumidores lucharán por la supervivencia de su modo de vida hasta el final. "Pero se terminó", expresa categóricamente.

Estima que lo primero que desaparecerá serán los vehículos de gran tamaño, grandes consumidores de combustible, y tendrá que resurgir el transporte público casi inexistente en muchos centros urbanos y suburbanos de los Estados Unidos.

Tendrá lugar un desplazamiento hacia los centros de las ciudades de personas actualmente domiciliadas en grandes casas suburbanas. Estas últimas perderán atractivo y gradualmente se habrán de convertir en asentamientos rurales.

Crecerán la violencia y el crimen en las ciudades, en especial en las actuales ciudades satélites que perderán pobladores en un proceso de acelerada ruralización.

El autor pronostica un regreso a la situación de los años 1920, cuando las ciudades superpobladas eran agresivas y peligrosas, en tanto que los pequeños pueblos y aldeas, por el contrario, eran acogedores y gobernables.

Obviamente, el turismo sufrirá y muchos lujosos centros que se harán incosteables y tendrán que ser devueltos a la naturaleza, que será la gran beneficiada de este enorme reajuste.

Finaliza el autor de esta dramática predicción con una grave advertencia: "Con la bancarrota de este enorme imperio global, alrededor de un millón de veteranos bien entrenados, y en muchos casos bien armados, regresará a sus ciudades, donde las posibilidades de obtener empleo serán, cuando menos, escasas. Si ellos toman las armas, la situación en Norteamérica en la década del 2010 podrá ser sumamente interesante y animada", concluye Mishin.

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