viernes, 17 de octubre de 2008

El nuevo presidente de Estados Unidos deberá cambiar las relaciones con Rusia

Valeri Gárbuzov (RIA NOVOSTI)

La reciente crisis ocurrida en el Cáucaso y las relaciones entre la Casa Blanca y Rusia ocuparon las primeras posiciones en la campaña electoral en Estados Unidos.

El candidato republicano John McCain que durante toda su campaña se manifestó a favor de una postura dura hacia Moscú, que propuso excluir a Rusia del G-8 y que vio en los ojos del ex presidente y actual primer ministro ruso Vladimir Putin las letras "KGB", por lo visto obtuvo argumentos para demostrar la "agresividad" de Rusia y sus planes de extender su influencia más allá de sus fronteras nacionales y restablecer "el imperio soviético".

Al desviar la atención de los electores hacia el factor ruso, durante cierto momento de la campaña, según encuestas, McCain logró adelantar a su adversario el candidato demócrata Barack Obama.

En realidad la crisis que se percibe en las relaciones entre Washington y Moscú se debe a que tras el desmoronamiento de la URSS, en la política exterior de EEUU se impusieron los criterios de la doctrina de la Guerra Fría y se intentó llenar ese vacío promoviendo una política antirrusa entre sus aliados, e ignorando absolutamente la postura e intereses de Rusia.

Al tiempo, los funcionarios oficiales de Washington reiteradamente declararon que la política de EEUU carecía de orientación antirrusa. Evidentemente, tarde o temprano, esa política debió de conducir a los políticos estadounidenses al callejón sin salida en que ahora se encuentran.

La agresión perpetrada por el ejército georgiano en la noche del 7 al 8 de agosto contra Osetia del Sur con el objetivo de restablecer el control sobre esa región separatista, la muerte de civiles y soldados de paz rusos y la destrucción de Tsjinvali desató la reacción de Moscú que respondió con una operación militar masiva para obligar al presidente georgiano Mijaí Saakashvili respetar la paz en el Cáucaso.

Fue una respuesta inesperada y contundente para Georgia y EEUU, que caldeó las relaciones ruso-estadounidenses a niveles críticos y promovió una cruzada de repudio mundial contra Moscú.

En esa campaña antirrusa fueron implicados todos los medios de información masivos, políticos de renombre, expertos, periodistas. En Occidente surgió un frente común contra Rusia.

A juzgar por lo que ocurre, los acontecimientos en el Cáucaso condujeron a que las relaciones ruso-estadounidenses pasarán de un estado de asociación estratégica a una fase de abierta y peligrosa confrontación que difícilmente será provechosa para Rusia.

No obstante, esa confrontación no será una repetición de la Guerra Fría cuya base geopolítica e ideológica además de sus elementos (bipolaridad, antagonismo ideológico, carrera armamentista nuclear) desaparecieron junto con ella.

La confrontación ruso-estadounidense en el siglo XXI tiene otras bases.

La aspiración de Rusia a realizar una política mundial y regional propia, irremediablemente choca contra los intereses globales de EEUU. En este sentido, las relaciones entre Moscú y Washington se caracterizan por períodos de agudización que pueden alternarse con períodos de normalización de las relaciones.

Por lo visto, las relaciones ruso-estadounidenses tienen elementos que promueven la confrontación y también otros que fomentan la cooperación, y en la realización práctica de esos elementos pueden surgir situaciones de confrontación y hostilidad abierta, hasta la implantación de una cooperación selectiva en problemas de interés común.

Esa cooperación selectiva se caracteriza por la habilidad de encontrar ámbitos de interacción, esferas de interés común, y la capacidad de alinear a Rusia en el flujo central de la vida mundial en asuntos como las epidemias globales, el cambio climático, la lucha contra el terrorismo, la energía nuclear, la no proliferación de armamento nuclear, los recursos energéticos, el comercio, y la ecología.

Pero la política de involucrar a Rusia en la política occidental se frena con la falta de confianza mutua y la política de EEUU de utilizar la lucha contra el terrorismo internacional como instrumento para lograr intereses geopolíticos.

En el desarrollo de ese proceso predomina la voluntad política porque la Casa Blanca tiene posibilidades muy limitadas para presionar directamente a Moscú. Las relaciones económicas ruso-estadounidenses son muy modestas, y la falta de la más mínima dependencia directa de la economía rusa de EEUU, reduce la posibilidad de emplear sanciones económicas u otras formas de presión contra Moscú.

Además, la idea de agudizar las relaciones con Rusia no cuenta con el apoyo necesario en Europa Occidental. Consolidar a los países occidentales en la base antirrusa, y en el restablecimiento de la confrontación como en los tiempos de la Guerra Fría actualmente es una tarea complicada.

Los intereses económicos y más que todo energéticos entre Rusia y Europa, la proximidad de posturas frente a ciertos problemas de política mundial hacen que esa variante antirrusa sea prácticamente irrealizable.

En el caso de una victoria de McCain no se puede descartar la implantación de una política de "disuasión de Rusia" que será la misma que imperó en EEUU en el período de la Guerra Fría.

En este caso, la Casa Blanca tiene muy en cuenta la circunstancia de que Rusia carece de los elementos de superpotencia que tenía la URSS.

Rusia con su economía y Ejército débil y atrasado, y sin aliados fiables permitirán que Occidente obtenga ciertas ventajas en este sentido.

McCain puede poner en marcha su idea de crear la "Liga de la democracia" consolidando países desarrollados y en desarrollo. Esto sólo fortalecerá la confrontación global y también favorecerá la interacción entre Rusia y China.

Desde el punto de vista de los intereses de Rusia, la victoria de Obama es la variante más preferible. En general, la actitud del candidato demócrata hacia Rusia se caracteriza porque es menos negativa que la política de McCain.

Es muy probable, que con la victoria del candidato demócrata se refuerce la presión sobre Rusia en el campo de la democracia, el desarrollo de modelos eficaces de gestión pública de corte occidental.

La victoria de Obama amplían las posibilidades de que EEUU se adaptará a la realidad de un mundo multipolar, renunciará a la política de acciones unilaterales y pondrá en marcha una política exterior más equilibrada.

Es posible que con Obama se amplíe la interacción entre EEUU y Rusia para la solución en problemas como el programa nuclear de Irán, la situación en Afganistán y se avance en materia de reducción del armamento nuclear.

Independientemente del la victoria de cualquiera de los candidatos, EEUU seguirá la línea de apoyo a la ampliación de la OTAN y la inclusión de Georgia y Ucrania en esa organización.

Al mismo tiempo, ambos candidatos reconocen la necesidad de cooperar con Rusia e interactuar con ella, planteando una revisión de la política del actual presidente George W. Bush y la implantación de una política más realista y eficaz.

Valeri Gárbuzov es director adjunto del Instituto de Estados Unidos y Canadá (Academia de Ciencias de Rusia)
.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.