miércoles, 1 de octubre de 2008

El sabor único de la mortadela: Cristina Fernández en Nueva York

Pablo Gandolfo (COPENOA)

Durante su paso por Nueva York, la Presidente Cristina Fernández, dio muestras inequívocas del rumbo del gobierno. Desmintió, con insospechada contundencia a todos aquellos que, tras el lock out agropecuario, se empecinaban, contra toda lógica, en que tendría una salida virtuosa, que profundizaría sus mejores aristas y que iniciaría la tan meneada redistribución de la riqueza. Aunque no esté exenta de zigzagueos, la agenda presidencial desplegada en Manhattan demuestra que el rumbo es el inverso.

En apenas una semana Cristina Fernández disertó en los poderosos Council of Foreing Relations y en el Council of Americas (organismos que reúnen a los más selecto del poder económico, político y militar de Estados Unidos; los empresarios David Rockefeller y Jack Welsh; los ex secretarios de estado Henry Kissinger, Madeleine Albright y Colin Powell, entre muchísimos otros); se entrevistó con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; cerró la ronda de la bolsa de valores electrónica Nasdaq y recibió al Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon. Todos, "señales" bien recibidas por el establishment y celebrada por la oposición de derecha autóctona.

Dichos =/= hechos

En su disertación ante el Council of Foreing Relations, Fernández anunció que haría, lo que este y el anterior gobierno habían jurado y prometido que jamás harían: reabrir el canje de bonos para aquellos que se quedaron fuera en el 2005. La medida es una nueva concesión al sector financiero internacional, en continuidad con el anuncio de pago en efectivo al Club de Paris, que tiene como finalidad disminuir el costo que paga Argentina para refinanciarse. Es también la admisión de que el problema de la deuda externa no está ni remotamente solucionado, tal como el gobierno y los medios se cansaron de propagar en los últimos años. Y desmiente también que se esté impulsando una política de desendeudamiento. La necesidad de bajar las tasas que paga Argentina, se debe a la necesidad de emitir más deuda para pagar los abultados vencimientos que se acumulan en los próximos años.

Por su parte el Ministro Julio De Vido realizó rondas con ejecutivos de grandes trasnacionales para invitarlos a invertir en el país. Se destaca la presencia de empresas hidrocarburíferas como Shell, Exxon y Oxy. El ministro buscó seducirlas ofreciendo la exploración de la plataforma submarina del país. En contraposición perfecta a los discursos oficiales, que hablan de recuperación, soberanía y denostan al neoliberalismo, el gobierno planea profundizar la entrega de las riquezas del subsuelo.

Por su parte, en el discurso ante la Asamblea General de la ONU, Cristina Fernández, también incluyó un reclamo grato a oídos de los gobernantes estadounidenses: "Yo pido aquí, a la República Islámica de Irán que por favor, en cumplimiento de normas del derecho internacional, acceda a que la justicia argentina pueda juzgar en juicios públicos, transparentes y con las garantías que da un sistema democrático, a aquellos ciudadanos que han sido acusados."

El pedido se enmarca en un guión escrito por el Departamento de Estado: criminalizar a Irán, acusar al país de terrorista, para tener una excusa a mano, en caso de que los estrategas estadounidenses decidan declararle la guerra al país persa.

Por la positiva, la Presidenta insistió en la importancia de que el Estado intervenga en la economía. Una pelota que la profunda crisis económica estadounidense y los salvatajes emprendidos por la Reserva Federal, habían dejado regalada y picando en el área. Otra similar fue su reivindicación de un mundo multipolar, cuando se cumplen 8 años de fracasos unilaterales por parte de Estados Unidos. No casualmente los dos puntos fueron incluidos también en el discurso de la mayoría de los presidentes sudamericanos excluyendo a Álvaro Uribe, pero incluyendo a Michelle Bachelet, insospechada de todo antimperialismo.

Repercusiones

Finalizada la gira presidencial, el matutino Clarín festejó desde su editorial dominical "los pasos que se están dando en el camino del realismo". Desde Pagina 12, el otro diario del grupo Clarín, el columnista estelar de los domingos, empecinado en convencernos a los argentinos de que la mortadela es en realidad caviar, insinuó con extraña timidez que tal vez la reapertura del canje de deuda se trate en realidad "de una oportunidad generada por la crisis internacional, que liberaría recursos para inversión social y en infraestructura, sin abandonar una propuesta desarrollista y redistributiva".

Parece que de tan contundente, la agenda presidencial en Nueva York, dejó balbuceantes a los sacrificados apologistas oficiales. Su oficio es hurgar gestos y palabras, para encontrar por doquier señales "positivas", que convenientemente envueltas, son exhibidos como delicias en vidrieras paquetas, en los escaparates mediáticos, para consumo de todos los argentinos. La tarea no es fácil cuando los hechos son claros. Porque por mucho que se lo recubra con oraciones bonitas, la mortadela es mortadela. En Buenos Aires o en el Four Seasson de Manhattan.

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