martes, 28 de octubre de 2008

Estados Unidos: Diez mil desalojos por semana

LA ARENA

Cada semana se producen diez mil desalojos en Estados Unidos aunque de eso no hablan los grandes medios de comunicación. Algunos -muy pocos- periodistas se han preguntado por qué esta vez, a diferencia de la gran crisis del año '29, no se suicida ningún banquero y sí mucha gente común. Algunas de las historias que siguen quizás ayude a entender por qué.

- El 6 de octubre, en Sevier County, Tennessee, un grupo de policías llegó para desalojar a Jimmy y Pamela Ross de su casa. Escucharon un tiro y entraron a la casa para hallar a Pamela, de 57 años, muerta de una herida de bala autoinfligida en el pecho. Su vecina, Ruth Blakey, dijo a la prensa: "sé que realmente odiaba la idea de abandonar esa casa."

- El 4 de octubre, en el sector Porter Ranch de Los Angeles, Karthik Rajaram, asediado por problemas financieros, mató a tiros de su mujer, a su suegra, y a sus tres hijos antes de volver el arma contra sí mismo. En una nota Rajaram escribió que estaba "en quiebra" por haber padecido masivas pérdidas en la catástrofe económica.

- Ese mismo día, en el norte de California, Cliff Kendall, funcionario jefe de una conocida empresa de la construcción, se mató usando un rifle. Una semana antes, Kendall había sido informado de que sería despedido.

- Sylvia Sieferman, residente de Roseville, Minnesota, estaba muy estresada y atormentada por dificultades financieras. La preocupaban sus dos hijas de 9 y 11 años. El 21 de agosto Sieferman acuchilló repetidamente a las niñas y a sí misma. "Llegó al límite", dijo su amiga Carrie Micko al Star Tribune. "Ya no podía seguir luchando, sentía que sus hijas estaban sufriendo porque ella no era capaz de cubrir sus necesidades".

- En el condado de Cook, estado de Illinois, el sheriff Tom Dart adoptó la semana pasada la inusual decisión de anunciar que suspendía todos los desalojos. La razón se debió a la "creciente cantidad de desalojos de inquilinos, la mayoría de los cuales pagaba puntualmente sus alquileres, y que descubrieron que los dueños de las propiedades habían dejado de pagar sus créditos y las viviendas habían sido ejecutadas. Las instituciones financieras sólo ven pedazos de papel, no a las personas, y no les importa quiénes habitan en las viviendas; lo único que quieren es el dinero y no tienen la menor contemplación por los que resultan perjudicados", dijo este asombroso y sensible policía.

Día a día se ven crecer los asentamientos precarios generados por la proliferación de desalojos, según denunció la Coalición Nacional para los Sin Techo. El panorama recuerda la gran depresión de 1929. Entonces, florecieron en todo el país los asentamientos marginales bautizados popularmente "Hoovervilles", en honor al presidente Herbert Hoover (1929-1933), durante cuyo mandato colapsó la economía.

Muchas personas que viven en esos suburbios precarios en la ciudad de Los Angeles, entrevistadas por algunos medios, dijeron que las cuotas de sus créditos hipotecarios aumentaron tanto que se volvió imposible pagarlas. Explicaron que los bancos les otorgaron mayores plazo; pero las deudas se volvieron demasiado grandes por los intereses aplicados y se vieron frente a la ejecución hipotecaria. Todas las personas que pasaron a habitar en las versiones modernas de las Hoovervilles sufrieron la misma experiencia y ahora tuvieron que acomodarse en viviendas muy humildes y rudimentarias y hasta en casillas rodantes.

Mientras crecientes cantidades de integrantes de las clases media y baja se quedan si techo y sin trabajo sumas de dinero nunca antes vistas salen de las arcas del Estado para salvar bancos cuyos accionistas son los hombres que están entre los más ricos del planeta. Por eso aquéllos se suicidan y éstos no. Es la síntesis perfecta y brutal de la democracia empresarial norteamericana, muy bien definida como "plutocracia", es decir, el gobierno de los ricos.

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