viernes, 24 de octubre de 2008

Lo que está en crisis es el capitalismo


Eduardo Lucita (LA ARENA)

Desde hace tiempo los economistas venían discutiendo sobre si el ciclo expansivo de la economía norteamericana terminaría con un aterrizaje "suave" o "duro". Hoy esa discusión quedó atrás.

Con la caída de la hipotecas de baja calidad se abrió una fuerte crisis de liquidez. Los gobiernos de los principales países del mundo inyectaron miles de millones de dólares para darle liquidez a los mercados. Los bancos no pudieron soportar la morosidad de los deudores y la caída del valor de las propiedades que supuestamente respaldaban esas deudas, se abrió así una crisis de solvencia, los estados de los principales países estatizaron por billones de dólares y operaciones de salvataje a bancos e instituciones financieras. Sin embargo hay crisis de confianza, corrida de los ahorristas sobre los bancos, numerosos países aumentan las garantías de los depósitos, pero la debacle es mundial y profundiza día a día la crisis. Ya nadie sabe cuál es el piso de la misma.
La realidad responde y deja dudas

Desde tiempo antes se discutía entre los economistas si el ciclo expansivo de la economía norteamericana concluiría con un aterrizaje "suave" o "duro". Esta discusión quedó atrás. Las discusiones pasaron a otro plano: ¿Afectaría a la economía real o quedaría encapsulada en el sector financiero? ¿La economía estadounidense se desaceleraría o entraría en recesión? ¿Existían posibilidades de desacople, es decir países que pueden independizarse de la crisis?

La realidad va respondiendo estas preguntas: el centro de la crisis es financiero pero la producción ya siente los efectos, y la desaceleración se van convirtiendo, mucho más rápidamente de lo previsible en recesión. Técnicamente se habla de recesión luego de dos trimestres consecutivos negativos pero esta no es más que una definición, que no necesariamente se ajusta a la realidad: la industria norteamericana acumula 9 trimestres consecutivos negativos y ya se han perdido 750.000 puestos de trabajo en el año, de éstos 159.000 sólo en septiembre.

En Europa, Irlanda, el país que era ejemplo de recuperación, ya se declaró en recesión, Francia también y para antes de fin de año se espera que lo hagan Alemania -con una caída muy fuerte de sus exportaciones- Gran Bretaña y España -con una gran crisis inmobiliaria-.

Las tesis del desacople fueron abandonadas antes de que se pudiera profundizar su argumentación, toda la economía mundial está afectada por la crisis. La pregunta del momento es: ¿se entrará en depresión, tal como pasó con la crisis del '30?
Proyecciones provisorias

El Banco Mundial proyecta un crecimiento del PBI estadounidense del 1,1 para el 2008 y del 1,9 para 2009, otras estimaciones suponen crecimiento cero para el año en curso. La Unión Europea estima que se reducirá su tasa de crecimiento, ya de por sí débil, el BM proyecta 1,7 y 1,5 para 2008 y 2009.

Algunos estudios comparativos señalan que está quedando atrás la etapa de crecimiento económico con bajas tasas de inflación. La tendencia que se iría perfilando en los principales países es hacia un "crecimiento económico desacelerado a la mitad y una tasa de inflación acelerada al doble". En América Latina se pronostica una aceleración de la inflación y por lo tanto mayores índices de pobreza, que llegaría al 37,9% de la población.

Claro que estos días la crisis ha pegado un salto en calidad y las estimaciones de crecimiento serán seguramente revisadas a la baja.
Impacto social y político

Deudores que temen perder sus casas, jubilados que ven peligrar sus fondos de pensión, trabajadores de la construcción, del transporte, municipales, metalúrgicos, plomeros, profesores... que critican el salvataje para ricos, la pérdida de empleos y la desvalorización de sus aportes previsionales, han comenzado a manifestarse. Por otro lado ya hay certezas de que la profundización de la recesión convalidará un estancamiento en las condiciones de vida de la población estadounidense y una cristalización de las fuertes desigualdades existentes (en EE.UU. hay hoy 51 millones de pobres, de ellos 35 millones pasan hambre).

Temor, pánico y descontento popular van en aumento. Miles de familias en ciudades como Los Angeles o San Francisco ya viven en carpas o pernoctan en sus coches por haber perdido sus viviendas. Otras, antes de abandonarlas, las vandalizan y se llevan los materiales para venderlos.

El salvataje enviado por George Bush al Congreso fue apoyado por los dos candidatos presidenciales y por los jefes de las bancadas republicana y demócrata, pero fue rechazado. Un segundo envío fue aprobado con demoras y críticas, pero con numerosos cambios (el proyecto original tenía tres páginas el que salió del congreso 400). La UE no encuentra una propuesta conjunta para enfrentar la crisis, por el contrario los diversos países recurren a distintas "soluciones" nacionales y la coherencia de la UE está entre paréntesis. ¿Cuál es el impacto que la ausencia de liderazgos políticos y económicos en el marco de una crisis sistémica como la actual puede tener sobre la conciencia colectiva de millones de personas? Es otra de las incógnitas que circulan.
Es el capitalismo...

Los gurúes financieros y analistas varios no hacen más que hablar de la falta de regulaciones, de la ausencia de controles estatales frente a la "codicia" de especuladores y banqueros. Acusan a "la plata loca" y a esa idea de hacer dinero del propio dinero sin tener que pasar por el difícil trámite de la producción. Depositan así el origen de la crisis en el neoliberalismo, dejando de lado que muchos de ellos hasta no hace mucho elogiaban la financiarización de la economía. Pero ocultan que el neoliberalismo no es más que una fase como antes hubo otras, y por lo tanto exculpan al sistema del capital como tal.

Se niegan a reconocer que el sector financiero ha sido el catalizador de la crisis, pero ésta, más allá de sus propias especificidades, es una crisis clásica de sobre acumulación de capitales y sobreproducción, y muestra como una y otra vez el capital se enfrenta a sus propios condicionamientos. La acumulación del capital está siempre condicionada por los métodos y formas que se ve obligado a utilizar, y su continuidad depende de que pueda superarlas recurriendo a otras modalidades, métodos y criterios, que en última instancia operan como sus propios límites, a los que en algún momento tendrá que superar.

Esto es lo que ha sucedido desde mediados de los años '70 hasta ahora. La reestructuración de los espacios productivos, de distribución y comercialización que el capital impulsó para resolver su crisis, requerían desmontar el conjunto de regulaciones y controles estatales existentes que hacían demasiado "rígidos" a los mercados. Conviene recordar las discusiones en nuestros países, las monsergas de los gurúes neoliberales acerca de las bondades del libre mercado, de la eliminación de los controles burocráticos, del exceso de estatalismo... Ahora bien, esas "rigideces" y controles las había levantado el propio capital, precisamente para resolver la crisis al concluir la segunñda guerra mundial.

Una nueva fase del capital

La salida de esta crisis, cuya duración no será breve, será otra fase del capital. La inaugurada por la era Reagan-Tatcher ha llegado a su fin. La que vendrá, cuyas características no pueden pronosticarse con precisión, mostrará seguramente un capitalismo más concentrado, una pérdida de hegemonía financiera de los EE.UU. y cuestionamientos a su liderazgo económico en el mediano plazo Todo indica que veremos nuevas relaciones entre los países y nuevos equilibrios internacionales.

La globalización pareciera encontrar límites a su desarrollo. La reciente fallida reunión preparatoria de la Ronda de Doha, de la que esta columna informara oportunamente y el apoyo a medidas proteccionistas por un numeroso grupo de países (Argentina entre ellos) encabezados por la India y China, han sido un anticipo, una muestra más del agotamiento del neoliberalismo. De ahora en adelante asistiremos a un mayor multilateralismo junto con una mayor defensa de los mercados internos de los países.

Un retorno a políticas proteccionistas y regulaciones estatales -aunque no de la envergadura de las de post-guerra- se perfila en el horizonte, lo que daría un mayor margen de maniobra a las burguesías locales, claro que éstas deberán lidiar con sus propias crisis y deberán convivir con una mayor debilidad ideológica del sistema como tal.

Al haber hecho del consumismo, del reino del mercado y del individualismo, y sobre todo al poner al dinero como la medida de valor de todos los valores, el capitalismo ha quedado expuesto, ya que la crisis estalló por este lado. Así puede estar incubándose una fuerte crisis de legitimidad, que abre la posibilidad para una intervención política decidida de todos aquellos que aspiran a una transformación profunda, en perspectiva socialista, de nuestras sociedades.

"It's capitalism, stupid", rezaba una pancarta levantada por obreros en las calles de New York. Todo un acierto en medio de tanta confusión interesada.

Esta situación convive con la crisis alimentaria, la energética y la climática. Todas muestras del desorden internacional existente y de las dificultades que enfrentan el imperialismo norteamericano y sus aliados.

Eduardo lucita es integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).


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