lunes, 6 de octubre de 2008

México - 1968: Sombras sobre luces en la clara oscuridad

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

“Nuestra generación no se lamentará tanto
de los crímenes de los malvados,
como del estremecedor silencio de los cobardes"
Martin Luther King

En algún lugar del espacio habitable, donde todos los tiempos coexisten en igualdad de circunstancias, y durante todos los días vividos y por vivir, se realiza una labor inexorable; y justamente ahí, se construye una dimensión con todos los relatos posibles...

La actualidad es un lugar perenne donde los verbos se conjugan en infinitivo; es el desenlace de todos los relatos y, a la vez, el prólogo de todas las crónicas; es un entorno aromatizado por la esencia humana de los recuerdos. En la historia siempre existen varias versiones, y es por eso, que en el mismo plano de la realidad coexisten interpretaciones diferentes.

Dicen los que saben, que el universo no está constituido por átomos sino por relatos, que la historia es la obra de un frío cronista que no tiene tiempo para ser justo, y que por eso, sólo inmortaliza los resultados, los avatares y las epopeyas. Según el canon de la condición humana, el pasado es lo que realmente ocurrió, y la historia es algo que no ocurrió escrito por alguien que no estaba allí, y es por eso que la versión oficial de la historia es una encomienda de los vencedores, cumplida cabalmente por una legión de esbirros que arrastran el lápiz sin ética ni compasión alguna.

Durante el periodo del “Desarrollo Estabilizador” en la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, la versión oficial que se difundió a los cuatro vientos definía al movimiento estudiantil de 1968 como una conspiración del comunismo internacional para derrocar al gobierno; mientras tanto, en las prensas clandestinas se consignaba la violenta represión del régimen sobre la población civil.

Porque en la dimensión inmarcesible de la memoria cohabitan versiones diferentes de la realidad; la versión de los vencedores sólo es vigente durante el dominio emanado de la victoria, porque al margen de la versión oficial de la historia, acosando a las falacias oficiosas, circulan las vivencias de los protagonistas, los testimonios de los testigos se expanden desafiando a la clandestinidad, y en el ocaso del criterio dominante, logran emerger a la opinión pública para reconstruir un lapso de la memoria colectiva, iluminando una oscura claridad.

Así se explica, que durante muchos años permanecieran fuera del espectro de la luz pública los testimonios auténticos de la masacre de la noche del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Los excesos del Presidencialismo Institucionalizado censuraron cualquier versión de los hechos que fuese contraria a las declaraciones oficiales. Los detalles, los lugares, nombres y apellidos de todos los involucrados emergieron a la superficie cuando se inició el declive del Priato.

Hoy por hoy, cuando el presidencialismo es una pálida sombra de la Dictadura Perfecta, en el régimen del desencanto y con el poder fragmentado, se divulgan los pormenores del movimiento estudiantil de 1968, hasta el hartazgo.

Ahora todos saben, porque lo leyeron o les contaron, que hace 40 años, el 2 de octubre fue un miércoles lluvioso y que Jacobo Zabludovsky inició la emisión nocturna del noticiero diciendo “Hoy fue un día soleado”. Ahora todos hablan de algo que vivió en carne propia el vecino de la novia del compañero del pariente de fulano, y repentinamente recuperaron la memoria aquellos que por casualidad atestiguaron algún incidente en aquellos días.

La colindancia entre versiones antagónicas de la realidad es un fenómeno más frecuente de lo que parece, y no es una situación exclusiva de los regímenes totalitarios. Vgrs: en el reciente Informe de Felipe Calderón, las grotescas evidencias del clima de inseguridad que asola al país son el resultado de la exitosa cruzada anticrimen emprendida por el gobierno federal; y en lógica secuencia, obedeciendo al criterio presidencial, deslizándose sobre una ola creciente de violencia, - en la víspera se cometieron 24 asesinatos - Guadalupe Osuna afirmó en su primer informe que se avanza con solidez en la lucha contra la delincuencia: “por la respuesta violenta de los grupos criminales pareciera a veces que estamos perdiendo la batalla, pero nada más falso”. Estas contradicciones cohabitan en el ámbito social, donde se construye la historia, porque existe la posibilidad de interpretar los hechos desde perspectivas diferentes.

Pero la crueldad de las ironías se agudiza en el escenario de la historia: la masacre del 68 abandonó el cajón de los olvidos institucionalizados, y cayó en el dominio de una izquierda radicalizada que expropió los derechos del autor; aquel ideario fue víctima del oportunismo político y padeció los estragos de la cooptación de los disidentes y su asimilación por el aparato gubernamental. El acento cáustico de la ironía histórica recae en la pseudo-izquierda que se proclama heredera del pensamiento liberal del 68, porque aglutina a tropecientos opositores recalcitrantes y advenedizos, pero también a quienes giraban los engranes del mecanismo represor del Priato.

Vgrs: Porfirio Muñoz Ledo, ahora militante del PRD que hoy condena la represión en el autoritarismo totalitario, fue el priísta y el ferviente defensor de los sacrosantos postulados de la Revolución Institucionalizada que en 1968 pasó a la historia por la autoría de estas líneas del discurso presidencial: “nuestro partido ha perdurado y ha acrecentado su poder porque ha triunfado en su propósito de conservar la legitimidad constitucional, la legitimidad histórica y la legitimidad popular de los gobiernos de la Revolución Mexicana”.

Entre ironías y parodias, entre superlativos y antónimos, se distorsiona el movimiento del 68; por una metamorfosis irreversible ha devenido en una amalgama donde se confunden las memorias auténticas, las disidencias deglutidas por el poder, la impotencia de los silencios, las críticas de los indiferentes, la opacidad de los cobardes, la demagogia sin pudor, las ofensas de los provocadores y los reclamos contra la impunidad.

Y así, cuarenta años después, las convicciones de una generación de mexicanos que querían vivir en una sociedad más abierta, más libre y tolerante, las voces que se opusieron a los prejuicios, al conservadurismo y a la rigidez, se desintegran en protestas callejeras trastornadas por el vandalismo de porros infiltrados. La conmemoración de la masacre es el pretexto de los políticos para bañarse de pueblo, es el motivo de los opositores para refrendar su radicalismo, la oportunidad de los obtusos para esparcir moralina, pero es también la expresión de un relato que aún lucha por ser contado.

La crónica de aquella juventud que se atrevió a soñar con un mundo mejor será un relato sordo, sin ecos, en el auditorio cautivo de una generación adoctrinada en el mercado y adicta al consumo; no existen ya, coincidencias posibles, la Liturgia de la Protesta y la Fenomenología del Relajo son curiosidades inofensivas en un entorno donde prolifera la indiferencia como una manifestación sofisticada de la crueldad.

Ricoeur aconsejaba repetir la memoria y el dolor de recordar lo inolvidable para suturar las heridas que no impiden olvidar. Yo? … Pues he resistido hasta lo humanamente posible, he buscado y sigo buscando “la razón de tanta falsedad”, pero le confieso que no tengo la neta del planeta, y que no he encontrado rosas en el mar. Aún me aguarda el proyecto de aquellos “pasos sin destino por cuarenta mil caminos”, todavía padezco de una incurable lluvia en el alma y arde una llama crónica en mis entrañas, porque “esas son las cosas que me hacen olvidar este mundo absurdo que no sabe a dónde va”.

Y me consuela saber que existe un lugar para mi versión personalísima del pasado, para el erigir mi verdad en “el color de un tiempo abierto” junto a “mil silencios y un olvido”, donde los “acordes son disonantes”… en esa dimensión inconmensurable que se construye con todos los relatos posibles...

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