martes, 7 de octubre de 2008

Plan Bush & Paulson: mayor estafa y chantaje de la historia

Santiago Brugal (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

La Ley de Estabilización Económica de Emergencia de 2008 que acaba de aprobar el Congreso de Estados Unidos, para comprar activos -sin valor- de bancos y entidades financieras, es la mayor intervención estatal desde la Gran Depresión y representa la negación y resquebrajamiento del neoliberalismo.

Ahora algunos tratan de desmarcarse calificándolo como “sistema financiero irresponsable”, “loco”, “disloco”, etc., pero en verdad es la culminación de la mayor estafa y chantaje financiero de la historia.

La primera y mayor intervención del Estado en la economía se produjo en los años 30, después del crack financiero de octubre de 1929, que está siendo desplazado como el mayor de la historia por el que viene produciéndose en “cámara lenta” desde agosto del pasado año, con el desinfle de la burbuja inmobiliaria, las quiebras en curso y el reciente agravamiento de la crisis crediticia, que amenaza paralizar y desmantelar lo que queda del actual sistema neoliberal financiero global.

La intervención de los bancos que se acogen a la Ley de Quiebras, no es una nueva intervención estatal en la economía, sino la aplicación del procedimiento vigente de esa normativa (surgida en la Gran Depresión), como casi todas las que reglamentaron las instituciones financieras, la economía en general y la participación del Estado en la misma, constituyendo lo que fue y sigue siendo realmente, la más grande intromisión gubernamental en la economía norteamericana.

Durante los años 1930 al 40 se estructuró todo ese entramado legal así como el actual sistema financiero estadounidense que desde hace unas tres décadas inicio su declive, junto al surgimiento de la política neoliberal, que estableció como principio fundamental la desregulación en todos los ámbitos y en especial en el sector financiero, anulando normativas, su no aplicación y/o la no actuación deliberada ante violaciones y delitos financieros de toda índole, especialmente durante esta administración Bush.

Es así como se llegó a la derogación en 1999 de la Ley Glass-Steagall aprobada en 1934, clave en el funcionamiento de la banca regulada, que impedía a los bancos comerciales asumir funciones de la banca de inversión.

O sea, la revocación permitió a los bancos comerciales entrar al negocio de valores y especular, surgiendo lo que en Estados Unidos dieron en llamar “modelo de banca universal”, gigantescas corporaciones con operaciones diversificadas que comenzaron a extender sus tentáculos por el mundo.

Paralelamente crearon un malabarismo fraudulento, con un nuevo glosario de términos, como el de “ingeniería o nueva arquitectura financiera”, que hace “desaparecer” valores envolviéndolos en “paquetes de productos”, con la complicidad de las agencias calificadoras y todo el aparato regulador, incluyendo el Banco Central de EE.UU. Durante más de dos décadas el dinero corrió a ríos desbordados, los ricos se hicieron más ricos y los pobres más y más pobres.

Una de las cifras que ilustran la magnitud del robo de estas “innovaciones”, es que “ayudaron” a los bancos y corredoras a obtener un “nuevo nivel de rentabilidad” con “retornos” entre 20 y 30% sobre las inversiones. Las pérdidas se calculan, hasta julio pasado, entre cuatro y seis billones (millones de millones) de dólares, superando astronómicamente las crisis de ahorros y préstamos de los años 80, 90 y la burbuja tecnológica del 2000, que “no se sabe” donde están, porque la “transparencia” también desapareció.

Y para cerrar con “broche de oro”, además de las interminables “inyecciones” de “liquidez” que diariamente hacen Washington y los principales Bancos Centrales aliados, la administración George W. Bush chantajeó al pueblo estadounidense y al mundo con paralizar la economía del orbe, si no se aprobaba una “propina” de 700 mil millones de dólares por los servicios que la élite de la oligarquía financiera neoliberal les hizo, de hundirlos en la mayor crisis del capitalismo.

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