martes, 28 de octubre de 2008

A propósito de la Cumbre Iberoamericana: Realidades y perspectivas del empleo juvenil en Cuba

Lucilo Tejera Díaz (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Para el mundo, que se debate en medio de crisis financiera, alimentaria, ambiental y climática cada vez más estremecedoras, brindarle empleo seguro y estable a los trabajadores jóvenes en particular, se ha convertido en una odisea para quienes se empeñan por solucionar esta situación.

Al margen de los graves trastornos financiero en Estados Unidos y otras de las potencias económicas del orbe con su nefasto impacto en el resto de las naciones, la cuestión de la ocupación de la fuerza laboral en el sistema capitalista constituye por sí una característica intrínseca del propio modo de producción.

La concepción de que es necesario un amplio segmento de desempleo para mantener a flote la eficiencia y la productividad, generadoras de mayores ganancias al capitalista y de explotación al asalariado, responde únicamente a ocultar problemas sociales, los cuales llevan de manera inexorable a elevar la pobreza.

El sector más sufrido en estos avatares es la juventud, con los riesgos que implica al hipotecar el futuro de una sociedad. Cuba escapa a semejante estado de cosas.

El ser humano por encima de todo

Desde su propia génesis, la Revolución Cubana se planteó como meta disminuir el millón 350 mil personas sin empleo fijo.

El caso es que Cuba logró en 2004 el ansiado pleno empleo, al reportar una tasa de desocupación de 2,3 por ciento, según fijan los estándares internacionales para este indicador.

Aparte de los esfuerzos por desarrollar el país y la consiguiente creación de fuentes de trabajo y la decisión de emprender el camino socialista, fue necesario sortear escollos aparentemente insalvables.

A inicios del los años 90 del pasado siglo, tras la pérdida de los principales socios comerciales de Cuba, la caída de casi el 35 por ciento del Producto Interno Bruto y el recrudecimiento del bloqueo económico por la aprobación de leyes extraterritoriales de Estados Unidos, se registró un deterioro de la economía, y en 1995 se llegó a un indicador de 8,3 por ciento de desempleo.

Sin embargo, esto no significó la pérdida de los servicios y derechos sociales básicos para la población, entre ellos, la asistencia médica y estomatológica y toda la educación gratuita y universal, a partir del principio de que el ser humano es lo primordial.

En la segunda mitad de ese decenio se emprendió una progresiva y laboriosa recuperación económica y la política de empleo se emprendió una progresiva y laboriosa recuperación económica y la política de empleo se orientó sobre todo a reducir la desocupación, que en 2007 bajo a 1,8 por ciento, la menor tasa en Latinoamérica y el Caribe.

Al terminar ese año, la población activa de cuba, según la Oficina Nacional de Estadísticas, ascendió a cuatro millones 956 mil personas, de las cuales poco más de un millón eran jóvenes entre 15 y 29 años de edad, y representaban el 20,5 por ciento del universo de trabajadores.

Con la mayoría progresiva en el plano económico, surgieron más de 200 nuevos programas sociales, algunos consagrados a la novedosa concepción del estudio como empleo, entre ellos, el dirigido a aquellos jóvenes que habían abandonado las escuelas y no trabajaban.

Esta opción benefició a unas 400 mil personas, de las cuales 80 mil hoy se encuentran en las aulas universitarias. Otros programas que significan una nueva revolución en la educación, la salud y la cultura, permitieron la formación y el empleo de decenas de miles de jóvenes en servicios de alta sensibilidad social y humana.

Se suma a ello que a partir de 1996 el desarrollo de la agricultura urbana generó alrededor de 326 mil plazas de trabajo. Desde la segunda mitad de la década de los 90 fueron creados más de un millón 300 mil nuevos empleos, la mayoría para las nuevas generaciones.

Cuba en la realidad latinoamericana y caribeña

La nación antillana le garantiza trabajo a cada graduado de estudios superiores y de la enseñanza técnico-profesional, como los desmovilizados del Servicio Militar General, los discapacitados con posibilidades de laborar y a los ex reclusos que cumplieron su sanción.

Cuba contrasta con la realidad que vive Latinoamérica y el Caribe, donde unos 10 millones de jóvenes están desempleados, equivalente al 16 por ciento de la fuerza laboral entre 15 y 24 años de edad, según la Organización Internacional del Trabajo (OTI).

Adicionalmente, agrega OTI, unos 30 millones de jóvenes están empleados en la economía informal, donde predominan las malas condiciones laborales, y otros 22 millones no estudian ni trabajan.

Los problemas de Cuba son otros

Sin embargo, en cuestión de empleo los problemas de Cuba radican en que no se ocupan las plazas disponibles. Recientemente, Alfredo Morales, ministro de Trabajo y Seguridad Social, señaló que en la nación se contabilizan todavía 210 mil personas activas laboralmente sin estar, por diversas razones, incorporadas al trabajo pudiéndolo hacer.

Mientras, añadió, existe un déficit de fuerza de trabajo de unas 130 mil personas, la inmensa mayoría en ramas y sectores estratégicos para la nación, como la producción de alimentos, las obras de los programas sociales, la educación y los servicios.

El Centro de Estudios sobre la Juventud investigó acerca de las causas de la desvinculación laboral en segmentos poblacionales de las nuevas generaciones, y observó que los jóvenes son muy selectivos y no encuentran con facilidad una plaza que los satisfaga.

Añade que con frecuencia surgen contradicciones entre las aspiraciones y la preparación real recibida para algunos puestos, o puede ocurrir que el nivel de expectativa sea mayor que las condiciones halladas en el lugar donde reciben la oferta de empleo.

El Estado, las organizaciones políticas y sociales, sobre todo a nivel de comunidad, y la familia, poseen responsabilidad y se buscan vías para hallarle solución a tales problemas laborales.

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