martes, 11 de noviembre de 2008

Argentina, Mendoza: Muertes en la cárcel, una realidad que pocos quieren ver

MDZOL

Leonardo Palacios estaba acusado por la muerte de Laura Abonassar. Sin embargo, y más allá de sus errores, su muerte a causa de las precarias condiciones de la Penitenciaría, significa una triste advertencia para las autoridades. No se puede permitir que más ciudadanos sigan padeciendo las lamentables condiciones de encierro.

Con la muerte de Leonardo Palacio, uno de los acusados por la muerte de Laura Abonassar, ya son cuatro las personas que este año perdieron la vida en el sistema penitenciario de la provincia.

La cifra, lamentable, pone al descubierto las patéticas condiciones de encierro, en las que la seguridad ni la salubridad, están de ninguna manera garantizadas. Así, el cumplimiento de la pena, se transforma además en un tortuoso y cotidiano pasaje, que apela a la indignidad, más que al acatamiento de una sentencia judicial.

El problema carcelario pareció verse superado cuando el gobierno de Julio Cobos terminó y habilitó las obras del complejo Almafuerte, en Cacheuta. Sin embargo, los hechos han demostrado que poco han cambiado las condiciones. El hacinamiento producto de la súper población, las constantes peleas entre internos con sus saldos de heridos y muertos, los accidentes como en el caso de Palacio al intentar una conexión eléctrica clandestina, significan demasiados puntos oscuros para las cárceles de Mendoza.

No está de más recordar que nuestra provincia ya ha sido advertida por organismos internacionales sobre las condiciones de encierro, y además, con sus incumplimientos y violaciones de pactos suscriptos por el país ha arrastrado a la Nación a severas reprimendas.

Es hora que las autoridades tomen en serio las condiciones en las que se procede a encerrar a los procesados y condenados. Paralelamente, que se otorguen los recursos presupuestarios necesarios para establecer un estándar mínimo de humanidad para las personas allí alojadas.

Como dice la Constitución Nacional, las cárceles deben ser para encierro y no para castigo, asegurando en todo momento la reinserción y recuperación de los condenados. Evidentemente, esto no se cumple. No lo cumple la provincia, a pesar de los esfuerzos de los últimos años, pero tampoco lo cumple la Nación que todavía adeuda un importante resarcimiento por el alojamiento durante décadas de los denominados presos federales.

A esta altura de los acontecimientos, urge la concreción de una cárcel federal, y de todas aquellas iniciativas que apunten a descomprimir la situación: desde pequeñas unidades regionales, hasta el mejoramiento de las condiciones diarias.

No podemos permitir que sigan muriendo más personas en nuestras cárceles. Eso sería un atropello absurdo que nada tiene que ver con la institucionalidad, la vigencia de derechos y la democracia que en tantos órdenes se predica y que aquí nadie parece advertir.

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