martes, 4 de noviembre de 2008

Argentina: Trabajadores y proyecto de país. A propósito del centenario de la polémica Justo – Ferri

FUNDACION JUAN B. JUSTO

La idea de la charla es traer ese debate al presente a través de un eje que lo recorre y tiene plena actualidad: La relación entre la Clase Trabajadora y los proyectos de país.

Panelistas:
Daniel Campione, FISyP
Fabio Basteiro, CTA Capital
Atilio Borón, PLED-CCC
Facundo Bianchini, Fundación Juan B. Justo
Coordinadora: Beatriz Rajland, FISyP

Charla debate: Jueves 6 de noviembre 19 horas - CTA Capital - Independencia 766

La polémica Justo – Ferri constituye, sin lugar a dudas, uno de los capítulos más interesantes del debate ideológico a principios del siglo XX. El italiano Enrique Ferri al visitar la Argentina en 1908, sostuvo que el Partido Socialista era un mero trasplante de la socialdemocracia europea a nuestro país. Le parecía a Ferri que los socialistas argentinos habían importado el movimiento político desde Europa, ya que no existía a su juicio condiciones económico-sociales de tipo industrial y una clase trabajadora que diera vida a un partido socialista.

Para Ferri el socialismo solo correspondía a un estadio en la evolución de las sociedades humanas y se produciría en los países capitalistas más avanzados.

Esto era el ABC que predicaban algunos marxistas ortodoxos como Carlos Kautzky. Sin gran desarrollo capitalista, sin gran industria y una numerosa clase obrera no se podría realizar el socialismo. En nombre de la ortodoxia doctrinaria se negaba la existencia del socialismo argentino, era la "planta exótica" en el Río de la Plata.

Marx razonó en función del sistema capitalista tomado en general. El error consistió en que algunos de sus discípulos ortodoxos quisieron aplicarlo al estudio de la realidad de cada país, en bloque, como un esquema cerrado.

No advirtieron la discontinuidad de crecimiento de los distintos países, sus diversas características, su desarrollo desigual y combinado: el surgimiento de los países desarrollados y los atrasados y la aparición del imperialismo. Los marxistas ortodoxos o "economicistas" – como Kautzky – negaban de esta manera la interpretación dialéctica de la sociedad y cayeron en un determinismo positivista y antidialéctico.

El esquema de Kautzky comenzó a resquebrajarse con la Revolución Rusa de 1905. En aquel primer asalto al régimen zarista las organizaciones obreras se pusieron rápidamente al frente del movimiento y si bien sus principales consignas eran democráticas, afloraron las reivindicaciones socialistas en una nación con residuos de formas productivas feudales.

Si en nombre de un marxismo dogmatizado, Ferri negó la existencia del socialismo en la Argentina, Juan B. Justo como Enrique del Valle Iberlucea, inspirados en el marxismo creador, lo refutaron. Justo le contesto a Ferri en el mismo acto del Teatro Victoria, de Buenos Aires, en que había hablado el italiano. Recurrió a la teoría de Marx sobre la "colonización capitalista sistemática", es decir planteó la cuestión agraria-latifundista de los países sudamericanos, advirtiendo que en las naciones atrasadas el capital extranjero llegaba antes que el capitalismo nacional y que esa forma productiva desarrollaba una clase trabajadora explotada que permitía el despliegue del socialismo y de su organización el partido político y como movimiento social. Víctor Raúl Haya de la Torre, en los años veinte, tomó esta idea justista para sostener su concepción indoamericana del antiimperialismo. La lectura del texto de Justo es hoy aleccionadora.

No por nada, Alfredo L. Palacios expresó que "¡El socialismo está donde está Justo!".

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