martes, 4 de noviembre de 2008

Chile: Para la concertación se termina el futuro

Andrés Figueroa Cornejo

1. La crisis mundial se expresa en Chile destruyendo vertiginosamente los bastiones económicos que sostienen las rentas estatales. El precio del cobre –nutriente sustantivo histórico del país cuya propiedad fiscal es de un 28 %- cae estrepitosamente.. Con la velocidad del rayo, desde su valor más alto en los mercados, ha bajado en los últimos meses a menos de la mitad.

De hecho, los recursos devenidos del pago de impuestos por la explotación cuprífera están llegando a su fin. Como efecto de la debacle del metal rojo, la industria cuprífera no sólo dejará de imponer al Estado, sino que, además, el fisco deberá retornarles millonarios cheques en la Operación Renta en abril de 2009. Según María Teresa Cremaschi del estudio Barros & Errázuriz, “Las empresas van a pagar menos impuestos porque habrá menos utilidades y se les van a apretar también los ingresos (…) Para el fisco significará un desembolso grande.” La legalidad antipopular que beneficia sin contrapesos a la burguesía explotadora del cobre, nuevamente castigará a las mayorías con recortes al presupuesto social y fiscal. En relación a la baja del mineral entre el período enero-septiembre de 2007 respecto del 2008, las ganancias han disminuido un 6,5 %. Por tanto, la tributación del sector privado de la industria caerá en un 30,5 %. Ya las autoridades concertacionistas moderan su discurso sobre la supuesta impermeabilidad de la economía chilena ante la crisis mundial. Pero todavía no se atreven a declarar que la profundidad de la crisis mundial comportará inexorablemente una vida peor para los trabajadores y el pueblo. Por otra parte, debido a la contracción de la demanda inmobiliaria norteamericana, ya se están cerrando aserraderos ligados al sector maderero, lo que significa destrucción de trabajo en otro de los pilares exportadores que sostienen la alimentación estatal.

2. En el tercer trimestre de 2008 las empresas que más rentaron fueron la minera cuprífera privada La Escondida, con $ 2.393.982 millones de pesos (-18 % en relación al mismo período en el 2007); la estatal Codelco, con $ 2.139.083 (-27,7 %); Copec de propiedad del Grupo Angelini, con $ 373.378 millones de pesos (-10,3 %); Enersis, con $ 339.245 millones de pesos (+160,8 %); Endesa, con $ 296.738 millones de pesos (+120,3 %); Grupo Santander, con $ 269.067 millones de pesos (+176,1 %); el Banco de Chile del Grupo Luksic, con $ 215.251 millones de pesos; Quiñenco del Grupo Luksic de propiedades financieras, telecomunicaciones y alimentos, con $ 214.080 millones de pesos (+149,1 %); SQM asociada a la producción y exportación de yodo y litio, con $ 210.088 millones de pesos (+181,4 %); y CMPC ligada a la producción de celulosa, con $ 149.387 millones de pesos (-28,4 %). Al calor de los datos, las corporaciones más dañadas por la crisis mundial son la industria del cobre y la madera, y los más beneficiados son los gigantes de la banca privada y los productores de energía, debido a una legislación facilitadota de la inversión privada transnacional, los grandes recursos de agua para producción de electricidad que tiene Chile, y la mano de obra barata. Asimismo, la alta demanda mundial de yodo y litio premia a la burguesía relacionada a esa explotación. Sin duda, la decisión sobreideologizada del gobierno de no aprovechar la bonanza transitoria de los precios del cobre en inversión industrial productiva, desarrollo estratégico y mejoramiento y ampliación de los servicios sociales, como la salud, la educación y la previsión social (todos en crisis) les pasa y les pasará la cuenta política e histórica a ojos del conjunto social.

3. La Concertación atraviesa por una debacle de sentido y recomposición que sabotea la unidad pragmática que la ha sostenido en el poder durante casi 20 años. Sin certezas todavía, las diversas capillas del rostro “social de mercado” del bloque en el poder, apoyados en encuestas de opinión, vociferan como eventuales pre candidatos presidenciales a los añosos y repetidos Frei Ruiz Tagle (DC), Ricardo Lagos Escobar (PS-PPD) y José Miguel Insulza (PS). Parece no interesarles que la mitad de los chilenos en condiciones de votar no lo hace, en especial los jóvenes. Y tampoco les importa las demandas más sentidas de los trabajadores y el pueblo. La bipolaridad kilométrica entre el movimiento y sensibilidad real de las grandes mayorías y las direcciones de la clase política tradicional resulta un hecho contundente y difícil de remediar en menos de un año que queda para las elecciones presidenciales. La trampa del continuismo neocapitalista del que ha hecho gala la Concertación desde sus orígenes, hoy constituye sus propias cadenas, sus propios límites programáticos, en las formas y en los contenidos. Los envejecidos rostros del poder que representan los intereses del gran capital (porque ni de los pequeños y medianos patrones se han encargado significativamente) convierte, por arriba, el ejercicio de la política en una inaccesible trama palaciega, autoreferencial y agónica. Las máscaras del recambio, los nuevos derechistas como Adolfo Zaldívar (PRI) o el multimillonario, Fernando Flores (Chile Primero), desde abajo, se observan como mediocres clones del museo de políticos profesionales existentes y en caída libre. Sus agendas no tienen nada que ver con la realidad de la mayoría de los chilenos; sólo preocupan sinceramente a los 40 mil funcionarios estatales que están en sus puestos por gracia partidista. Ya la Concertación no es futuro. Es simple eco gastado del triunfo del No ocurrido hace 20 años. ¿Ya se habrán entregado a la fórmula del relevo? Mientras tanto, la derecha histórica, cada vez más conviene la unidad de su sector sintetizada en la figura del empresario Sebastián Piñera. Tampoco ofrecen nada, salvo más policías, más flexibilidad laboral (¿Es posible precarizar todavía más el empleo?), represión a los mapuche y al movimiento social, más resguardo de la propiedad privada, y circo para los trabajadores y el pueblo. La democracia tutelada, burguesa, limitada y sin pueblo sólo sobrevive porque aún no es posible echarla abajo y transformarla sustantivamente para bien de los de abajo.

4. Las tareas para los empeños anticapitalistas chilenos son enormes como la cordillera que les ha tocado por frontera. Su irrupción –armada de una “ardiente paciencia”- será volcánica, desde abajo, a partir de las luchas reales y la agrupación de las luchas reales, o no será.. La eventualidad de transformarse en una alternativa concreta para las grandes mayorías está asociada a procurar junto y desde los trabajadores y el pueblo constituir su reunión, en clave de masas, lejos de la retórica fundamentalista, los falsos dilemas entre lucha armada y lucha electoral (herencia de un período histórico anclado en los episodios más álgidos de la lucha de clases en Chile observados durante la Unidad Popular), fuera de los sectarismos inconducentes y sospechosamente funcionales al actual estado de cosas, y con la incorporación genuina y protagónica de los jóvenes trabajadores, pobladores y estudiantes. En la hora actual, poca utilidad tiene la vitrina de siglas revolucionaristas que poco o nada tienen de fuerza auténtica, y menos sintonía presenta a la mayoría o continente de sujetos sociales mandatados a cambiar la vida. La desorientación dramática de las “reservas simbólicas” de lo que fue, pero ya no es, de no rimar con los modos y estados de conciencia reales de los trabajadores y el pueblo, están condenadas a la perpetuación encapsulada y aparatista, hipotecando, en los hechos, la vocación de mayorías y poder necesarias para la emancipación. La unidad de los empeños anticapitalistas condensados en la independencia política de los intereses de los trabajadores y el pueblo, será con dolores de cabeza, generosidad y estatura histórica. De lo contrario, los poderosos fundamentos de toda índole que justifican y apremian la construcción de una sociedad de iguales y libres, serán romántica materia de estudio de los arqueólogos del futuro.

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