martes, 4 de noviembre de 2008

China: Los comentarios del Dalai Lama se suman a sus errores

XINHUA

Durante su gira por Japón, el Dalai Lama manifestó el domingo que la actual situación del Tíbet es "muy triste" y que el gobierno central de China "está sentenciando a muerte" a los tibetanos. Comentarios como éste confunden el blanco con el negro y no se ajustan a la realidad.

Las declaraciones del Dalai Lama se producen en un momento en el que el gobierno central de China se dispone a emprender una nueva ronda de contactos y negociaciones con los representantes privados del Dalai Lama.

El autoproclamado líder espiritual, que traicionó a su país al abandonar el Tíbet en 1959, realizó un comentario que cayó en el cliché, al indicar que la actual situación del Tíbet es "muy triste".

Sin haber realizado ningún esfuerzo para contribuir a la protección y desarrollo de la cultura del Tíbet, el Dalai Lama se refiere a sí mismo absurdamente como "protector de la cultura tibetana".

Las acusaciones del denominado "genocidio cultural" y de la "sentencia a muerte" no se ajustan a los hechos y su propósito es aumentar las preocupaciones sobre el Tíbet para que sus ambiciones separatistas ganen peso.

Pese a los desórdenes ocurridos en Lhasa en marzo de este año y a las interrupciones y sabotajes realizados durante los Juegos Olímpicos de Beijing por un conjunto de elementos que busca la "independencia del Tíbet", el gobierno central ha acordado mantener contactos con representantes privados del Dalai Lama.

Sin embargo, el Dalai Lama ha vuelto a utilizar la farsa del "retiro" y ha manifestado que está decepcionado con las conversaciones con el gobierno central de China y que las perspectivas para dichas negociaciones son "cada vez más débiles".

Los hechos han mostrado que su decepción no tiene fundamento.

Durante la reunión con sus representantes privados en julio de este año, el gobierno central presentó cuatro exigencias para el Dalai Lama: no apoyar actividades que interrumpieran los Juegos Olímpicos de Beijing, no apoyar planes que aumentaran las actividades criminales, no apoyar y contener las actividades terroristas del Congreso Tibetano de la Jueventud y no apoyar ningún argumento y actividad que buscara la "independencia del Tíbet" y la separación de la región del resto del país.

Las exigencias del gobierno central de China han sido concretas, simples, razonables y explícitas. Si el Dalai Lama hubiese cumplido seriamente sus promesas, esto habría facilitado los contactos y las negociaciones para generar resultados efectivos.

Al acentuar su "decepción" por los contactos y negociaciones, el Dalai Lama adoptó deliberadamente una postura patética, con el único objetivo de acaparar atención pública y solidaridad.

Su "decepción" también demuestra una actitud reacia a abandonar su búsqueda de la "independencia del Tíbet". Para el Dalai Lama, es simple realizar estos trucos y tergiversar el peso de la historia.

Reconociendo la irreversible realidad, el Dalai Lama debería dejar de repetir los mismos errores y abandonar sus fantasías. Asimismo, debería cumplir con su palabra y así crear condiciones favorables para el desarrollo de contactos y negociaciones entre el gobierno central de China y sus representantes privados.

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