miércoles, 26 de noviembre de 2008

Colombia: ¿2009, “un año cafetero dorado”?

Aurelio Suárez Montoya (MOIR)

En medio de un incierto entorno económico mundial, resultan completamente extravagantes las opiniones del gerente general de la Federación de Cafeteros, Gabriel Silva, al anotar, en una entrevista, que 2009 será un “año de oro” para la caficultura colombiana. Contrario a lo que todos los analistas en el mundo piensan, Silva encuentra que todas las variables se moverán en sentido favorable a la industria cafetera nacional.

A la recesión mundial, a la restricción del crédito y a su consecuente encarecimiento, a la devaluación y a la reducción del precio internacional, que desde julio ha bajado más de 35 centavos por libra, un 25%, Silva no les ve problema. Le encuentra facetas positivas hasta al invierno. Tan exagerado es su optimismo que el entrevistador, Yamid Amat, de modo recurrente le insistía en reconsiderar sus respuestas. Fue en vano. Así como Silva declarara en 2007 que “los cafeteros podían estar tranquilos por los próximos dos años”, y 2008 ha sido un completo viacrucis para la inmensa mayoría de los 550.000 caficultores, ahora vuelve a “pintar pajaritos de oro” intentando calmar a la galería en los preliminares del próximo Congreso Cafetero.

Las declaraciones de Silva, están llenas de imprecisiones y de contrastes con la realidad de las regiones donde se siembra y produce el grano. Para “retener café” y controlar el precio considera suficiente poseer 500 millones de dólares disponibles. Pues bien, si el valor del saco es de 160 dólares, los 500 millones, sin contar el costo de oportunidad del dinero, ni el de transporte ni de almacenamiento, no alcanzarían sino para 300 mil sacos, cien mil menos de los que promete en la entrevista de marras. Y como mientras más retenga más subirá el precio, los 500 millones menos rendirán. Vale recordarle que en el año 2000, cuando el valor internacional de la libra bajó de 1,18 dólar de 1999 a 1,08, solamente conservar el mismo nivel de inventarios, que entonces era de 2,2 millones de sacos, le costó al Fondo Nacional del Café más de 100 millones de dólares de su patrimonio. No se trata de un asunto tan fácil como quiere mostrarlo.

Y ni hablar de “las cuentas de la lechera” sobre la demanda mundial. Al mismo tiempo que registra el descenso del valor de las acciones de Starbucks y propone una “vaca” para comprarla, no atribuye el hecho a una baja en el consumo de bienes suntuarios. ¿Nada tendrá que ver con que Estados Unidos, el mayor comprador del mundo, tenga el más alto desempleo de los últimos 15 años? Silva cree que lo que le pasa a Starbucks, que anunció el cierre de 600 (aunque piensa reabrir 200 con mejor ubicación) de los 7.521 locales que tiene y la caída en el valor de sus acciones de un 65% en el último año y de un 53% en el último semestre, no afectará a las tiendas Juan Valdez. ¿Con qué participaría Colombia si el dinero se irá en comprar café y en retenerlo? ¿Será con las pérdidas acumuladas de Procafecol, la dueña de “las tiendas”, que en diciembre de 2007 llegaban a cerca de 30.000 millones de pesos?

No son exactas tampoco sus declaraciones sobre el valor de las exportaciones, las que califica “el mayor nivel en diez años”, ni las del volumen de la cosecha, “que pasó en una década de producir 10 millones sacos a los 12 millones actuales”, ni del precio “rentable” con el cual, según Silva, “habrá garantía de precio”. En 1997 y 1998 las exportaciones de café fueron, respectivamente, 2.287 y 2.154 millones de dólares, con cerca de 11 millones de sacos y precios de 1,8 y 1,5 dólar la libra. En 2008 esas sumas no se superarán y también vale recordar que en 1998 se produjeron casi trece millones de sacos. Doce millones, lo pronosticado por Silva, si se alcanzan, estarán por debajo de dicha suma. Con relación a “la garantía de compra”, Silva no sólo omite que apenas cubriría la mitad de la cosecha sino que además dependerá de que los caficultores compren una póliza de seguros para ello. Y, como se sabe, el valor prometido, de $474.000 por carga, sólo cubre costos. ¿Es eso un precio rentable?

Finalmente, aunque Silva habla de la necesidad de refinanciar 30.000 millones de pesos a los productores golpeados por el invierno, no incluye a otros 25.000 que pueden perder sus predios al no haber podido honrar los créditos contraídos con el PRAN cafetero. Con Gabriel Silva ocurre lo que el senador Robledo dice con frecuencia sobre los funcionarios uribistas, “al fin y al cabo les pagan para sembrar ilusiones”. No habría ninguna otra razón para tomarlo en serio.

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