miércoles, 5 de noviembre de 2008

Costa Rica: Este país es nuestro

Álvaro Montero Mejía

Queridas amigas y amigos de la Hora del Silencio:

Debemos repetirlo, pero es necesario cobrar conciencia de que atravesamos unos momentos más amargos de la historia de Costa Rica.

Los hermanos Arias, no sólo han decidido fraguar una indecente alianza con las corporaciones trasnacionales: grupos financieros internacionales, grandes inversionistas privados, jeques árabes, magnates centroamericanos y fondos de extraña procedencia, sino que han decidido convertir esos acuerdos en una enorme maquinaria de negocios que traspasa todos los límites de la ponderación y la prudencia.

En medio de la más aguda crisis de la historia del capitalismo, han pactado un acuerdo multimillonario con los productores del único recurso en el que se refugian los causantes y responsables de la crisis mundial: el oro. Jamás en la historia, ni aún en la época que precedía la Segunda Guerra Mundial, los especuladores mundiales buscaron un refugio más seguro que ese metal de valor universal que los ampara, como una prodigiosa atalaya, de los huracanes financieros que amenazan.

En su irrefrenable codicia, buscan apropiarse de aquellos bienes que no pueden ser devaluados o atropellados por la crisis financiera contemporánea y que, tal como lo dijimos en esta misma esquina, los costarricenses poseemos en abundancia: la biodiversidad, los recursos marinos y minerales y las prodigiosas bellezas y valores de nuestra naturaleza. No todas esas riquezas están en la bolsa de valores, pero son un tipo de activos materiales e inmobiliarios que no están expuestos a las alzas y bajas propias de los movimientos bursátiles ni a las caídas tempestuosas que pulverizan las pensiones de los trabajadores o los bienes de los ahorrantes de clase media.

Ya se apoderaron del más espectacular de los litorales marítimos de América Latina: las playas de Guanacaste y de nuestra costa pacífica, que son las más cálidas, hermosas y acogedoras del continente. Son las únicas bañadas por torrentes de aguas puras y cristalinas que descienden en medio de bosques y áreas protegidas; son las únicas cuya frescura las mantiene tibias y acogedoras durante todo el año; son las únicas que no están directamente expuestas a la temible barrida de los huracanes; son las únicas donde se combina la belleza del mar con la pesca y los deportes acuáticos en cualquier época del año y son las únicas dotadas de admirables servicios públicos, agua potable y servicios de salud al alcance de la mano. No hay otras mejores en Nuestra América. Pero ya no son nuestras. Los hermanos Arias se han encargado, como ningún otro gobierno, de traer a los inversionistas más indeseables: gringos codiciosos, árabes ladrones y corporaciones rapaces.

Después vino el decreto de las Crucitas. Algunas veces perdemos la perspectiva. Creemos que nos enfrentamos a un solo consorcio y a la apertura de una sola mina. Grave error. Hemos examinado con horror, el mapa de los proyectos mineros en Argentina. No hay solo una mina. Es un rosario de minas a cielo abierto. Es un hueco tras otro, una espantosa excavación tras otra. Preguntamos entonces ¿Por qué no Crucitas 2, y luego Crucitas 3, y más adelante Crucitas 4 y así hasta acabar con toda la capa vegetal de la zona norte y convertir la espectacular riqueza natural de ese territorio costarricense en un páramo desolado y muerto? ¿Nos hemos puesto a pensar que no estamos enfrentados a un proyecto minero en particular, sino un proyecto imperial de minería, cuyo propósito no es detenerse en el gigantesco cráter que podrían abrir en las Crucitas? Si Crucitas resulta rentable para la corporación minera, como lo sería ¿por qué se van a quedar solo con las Crucitas y no seguir destruyendo, excavando y contaminando toda la cuenca aurífera de nuestra zona norte? ¿Qué se los impide?

¿Qué se han creído los Arias? ¿Habrán pensado que el país les pertenece a ellos o a las empresas de negocios con quienes han fraguado la venta de las telecomunicaciones, de los seguros, el agua, las riquezas marítimas, nuestras bellezas naturales o el polvo de oro que se encuentra debajo de nuestros bosques milenarios?

Y ahora viene un Crucitas plus. Escuchen bien. . Se trata del CONTRATO DE PRÉSTAMO 1824/OC-CR Y SU ANEXO ÚNICO, ENTRE EL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA Y EL BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, PARA FINANCIAR EL PROGRAMA DE TURISMO EN AREAS SILVESTRES PROTEGIDAS. En dos palabras, se trata de la conversión de las áreas protegidas en entidades territoriales completamente sujetas a las iniciativas privadas de turismo, desarrollo inmobiliario y control de los recursos, sujetas al concepto del desarrollo empresarial bajo los más estrictos conceptos de la empresa privada y no de propiedad social y servicio público. En dos palabras, se trata de la privatización de las Areas Protegidas y los Parques Nacionales. Veamos lo que dice el contrato:

“Hoy en día, el turismo genera una mayor cantidad de divisas que las exportaciones del sector agropecuario, siendo sólo superado por las divisas generadas por el sector industrial y las zonas francas. Los ingresos del turismo en 2006 fueron 1,629 millones, lo que representa un 7,4% del PIB”, y más adelante expresa “

“Sinac e ICT consolidarán e impulsarán una estrategia de mercadeo y comunicación para promover la gestión sostenible del turismo con un enfoque innovador; promoverán las actividades de los visitantes en las ASP que son compatibles con la conservación; promoverán e involucrarán al Sector Privado con énfasis en proveedores locales, para que aproveche las oportunidades para comercializar productos turísticos orientados a estas áreas; y mantendrán información adecuada y permanente en todos los niveles”.

Y luego “El subcomponente cofinanciará: el mejoramiento de la gestión ambiental local por medio de las herramientas como: i) planes de ordenamiento y desarrollo urbano y sus instrumentos”.

Como el mismo contrato nos confiesa, el objetivo es convertir estas áreas de las ASP y luego todo los parques nacionales, en centro de actividades de naturaleza privada. El argumento es el mismo que las Crucitas: ganar dinero, crear nuevas arias de inversión y de negocios sin importarles la defensa del patrimonio natural y la biodiversidad costarricenses. El proyecto, al igual que Crucitas, presume de enormes beneficios y consultas a las comunidad, por eso dice:

“Los objetivos específicos del Programa son lograr: (i) un mayor ingreso y sostenibilidad financiera para el SINAC y en particular para las Áreas Silvestres Protegidas (ASP), por medio de inversiones para el desarrollo sostenible del turismo en estas áreas y sus alrededores; (ii) un mayor beneficio socioeconómico y ambiental en los municipios y comunidades aledañas a las ASP; y (iii) el fortalecimiento institucional del SINAC”

y pone como ejemplo, nada más y nada menos, sus acciones en la zona de la recarga acuífera de Barva pues dice:

“Para el trabajo con las municipalidades, el Programa se basa en las experiencias positivas del modelo que ha sido ensayado por el ICT y Sinac para la planificación conjunta y el cofinanciamiento de obras viales alrededor de las ASP con las municipalidades de Barva de Heredia y Turrialba”

Atención compañeros ecologistas. Atención patriotas de Costa Rica. Y a ustedes, Señores Arias, les decimos que este país es nuestro, de los costarricenses y estamos dispuestos a realizar los sacrificios que sean necesarios para qué sea también de nuestros hijos y de las generaciones futuras.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.