miércoles, 5 de noviembre de 2008

El presidente Obama encabeza el cambio histórico

Fernando A. Torres

Cuando la expedición de Pánfilo de Narváez atracó cerca de la Bahía de Tampa en Florida, Estebanico, con la brisa caliente acariciando su oscuro rostro, descendió de la lánguida embarcación para entrar en la historia como el primer esclavo africano en pisar la tierra de lo que es hoy los Estados Unidos. Era abril de 1528.

480 años más tarde, en una reñida contienda de extraordinarios e históricos resultados, un estadounidense de descendencia africana, Barack Obama se convierte en el primer presidente negro del país más poderoso del planeta.

Hijo de un emigrante de Kenia y de una antropóloga de Texas, Barack Hussein Obama nació en Honolulu, Hawai, el 4 de agosto de 1961. El nombre Barack, traspasado por tres generaciones en su familia paternal, tiene su origen en la palabra “baraka” que en lengua Suahilí significa elegido. Es posible que la palabra se haya incorporado desde Arabia a raíz del intercambio cultural y comercial.

En sus memorias Sueños de mi Padre, un libro publicado en 1995, Barack afirma que gran parte de sus recuerdos de su padre vienen de historias familiares y fotografías. Cuando niño nunca tuvo conciencia de que “mi padre no se parecía a nadie de los que me rodeaban, de que mi padre era negro como el alquitrán y mi madre más blanca que la leche.”

Barack narra lo difícil que fue ser un joven con antepasados multi-étnicos. A tal punto que uso drogas para escaparse de la realidad. Sin embargo recuerda que su paso por Hawai, donde existe una sociedad multi-étnica y respetuosa de la pluralidad, le ayudo en su visión del mundo. Esta experiencia “llego a ser una parte integral de mi visión del mundo y una base para mis mas profundos valores.”

En un país en donde una mayoría blanca controla los círculos más importantes del poder político, el triunfo de Obama es histórico. La hegemonía blanca, que dominó al país por mas de doscientos años ha recibido un remezón que ya se siente, como una ola sísmica, en muchos países del denominado primer mundo y reafirma las esperanzas de sus minorías étnicas subyugadas por un asolapado racismo y clasismo político.

Paradojalmente se elige a un presidente negro para enfrentar una tarea tan difícil, para gobernar y reparar a un país que desde la Guerra Civil de 1861 no había estado tan mal. Hasta ahora, nunca un novato presidente había recibido un país tan plagado de problemas.

Obama recibe a un país sumido en una de sus mas profundas crisis financiera en todos los sectores, un país desmoralizado, con habitantes angustiados por la incertidumbre del futuro, abatidos por la paranoia del “ataque enemigo,” y la compulsiva obsesión por la “seguridad nacional” impuesta por sus lideres (mayormente republicanos)

Obama recibe un país abatido por la inseguridad laboral, con barrios enteros deshaciéndose por la crisis hipotecaria, con estudiantes sumidos en astronómicas deudas, con un inhumano y desastroso sistema de salud, enfrentado a dos guerras producto de invasiones, (sin contar otros focos internacionales en donde se encuentran entrometidos en la actualidad), un déficit que alcanza al trillón de dólares. Obama recibe a un país con una pobre imagen internacional que lo mantiene prácticamente aislado del resto del planeta.

Obama no solo representa la respuesta a ochos años de un miserable control republicano que casi destruyó el país, sino que también representa un cambio de mentalidad y actitud que está comenzando a tocar la fibra mas íntima de la elite ideológica que mantiene al sistema político y económico y alimenta al imperialismo.

Pero lo que mas asusta a esta elite blanca y conservadora es el cambio ideológico que se esta produciendo en forma acelerada. Los jóvenes de dieciocho años que hoy día votaron por primera vez, nacieron en 1990. Para ellos la ideología cultural de la contienda política tiene otros valores y otros caminos. El triunfo de Obama también marca un giro generacional que contrasta con los valores morales de una dirección política ideologizante, exhausta y una dirección espiritual, religiosa, plagada de ortodoxias e hipocresías. La generación de los sesentas le da paso a una generación del nuevo milenio abierta y tolerante, digital, progresista y liberal.

Contra viento y marea, es decir contra la poderosa maquinaria demócrata de los Clinton y en muchos casos en contra de la vetusta dirección política afro-americana, Obama, con sus 47 años de edad, logró armar una campaña electoral triunfante que movilizo a las nuevas generaciones en la creación de un movimiento que lo podría mantener en el gobierno por los próximos ocho años.

Atrás han quedado las generaciones marcadas por la guerra de Vietnam y por los emancipadores sesentas. Para la mayoría de los jóvenes que no se acuerdan del actor llamado Reagan, los temas culturales favoritos de los medios de comunicación como el aborto, la libre elección, la inmigración y los derechos de los homosexuales, son aceptados como derechos tan comunes como usar la computadora o las comunicaciones electrónicas.

Una anciana de 101 años de edad y un joven punk sufragan por primera vez. Si se tuviera que elegir una palabra para definir el ambiente que se vive en este país la palabra sería “cambio.” Fue la esperanza del cambio la que llevó a millones de ciudadanos - en cantidades nunca antes vistas en este apático sistema electoral - a las urnas. El régimen ultraderechista de Bush, lo insólito de su absurdo carácter, su desfachatez guerrerista, fueron sin duda la razón principal del aceleramiento del clamor por el cambio.

Pero responder a estos nuevos desafíos y entender el mandato entre líneas entregado en estas elecciones es una de las tareas más difíciles que enfrenta el nuevo Presidente. Si el cambio es verdadero, el nuevo Presidente tendrá que recomponer a la desgastada clase media, controlar el desbocado sistema financiero, reenfocar las prioridades presupuestarias, terminar las guerras, imponer un sistema de salud universal, crear empleos, reingresar al concierto del resto de las naciones civilizadas del planeta, desechar la mentalidad guerrerista de dominación global, acabar con mentalidad de victima y el papel de victimario, cancelar el arrogante y mortal auto derecho del ataque preventivo y sumarse al diálogo y la diplomacia internacional.

Por su experiencia como esclavo en tres continentes, el autodidacta Estebanico - quien cuando niño fue vendido como esclavo en su país Marruecos - se ganó el respeto de sus dueños y se convirtió en “carne de cañón” de expedicionarios españoles y portugueses. El Negro Esteban, el Moro, fue el primero en ser enviado a lo desconocido, a explorar lugares peligrosos, a mediar con la población indígena en las costas del Golfo de México. Según los registros de Cabeza de Vaca, después de la desastrosa expedición de Narváez, Estebanico estuvo perdido junto a otros tres expedicionarios por casi ocho años en las costas del golfo.

Según Cabeza de Vaca, que también perdido se encontró con el grupo en el séptimo año, Estebanico tuvo que utilizar su ingenio, creatividad y su conocimiento para sobrevivir la odisea. Fue recibido por muchas tribus como un curandero de extraordinarios poderes. Su educación y experiencia le sirvió para sobrevivir.

Adelantado a la penetración de los conquistadores que buscaban las míticas Siete Ciudades de Cíbola, Estebanico llegó pueblo de Cíbola, conocido hoy como las ruinas de Hawikuh en el Estado de Nuevo México. Allí le anunció a la población indígena de que era un enviado del hombre blanco que llegaría muy pronto al lugar. Los ancianos del pueblo, sospechosos de que un negro era enviado del hombre blanco y de sus peticiones de piedras preciosas, decidieron matarlo.

Esta claro, aunque el peligro esta siempre presente, no se puede comparar a Obama con Estabanico. Pero si se puede decir que, ubicados en puntos extremos de la historia, ambos expedicionarios lograron hazañas que le cambiaron el rumbo al país. Si la mudanza es visionaria, Obama, con una fresca mayoría demócrata en el Parlamento hasta podría cambiar el segregador sistema electoral hacia una persona un voto y darle un verdadero vuelco democrático al país.

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