martes, 4 de noviembre de 2008

Elecciones municipales en Chile: Concentración de poder comienza a perder su centro hegemónico (Parte I)

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Los resultados de la elección de autoridades municipales en Chile del 26 de octubre, impactaron en las dos fuerzas hegemónicas que concentran el poder político desde el fin del régimen militar en 1989.

La coalición que gobierna, Concertación de Partidos por la Democracia autodefinida como de centro izquierda, y la coalición de oposición, Alianza por Chile autodefinida como de centro derecha, se enfrentaron en una elección cuyo resultado abre un panorama inédito. Ambas fuerzas no parecen poder sostener la autosuficiencia política que las caracterizaba.

Para continuar manteniendo la hegemonía, aún en las condiciones del sistema mayoritario binominal, dependen en forma mesurada, -hay que decirlo-, de la complementación de otras fuerzas políticas.

La Concertación mantiene supremacía en la votación nacional, cercana al 9%, considerando la votación de concejales, el cuerpo colegiado que trabaja con el alcalde. No obstante, la pérdida de 57 alcaldes ha sido un golpe duro para la más exitosa coalición política en la historia del país, como se autoproclama al cumplir el próximo año, 20 años en el poder.

Una autocrítica despiadada y una división tenaz al interior, no impide que la Concertación todavía se aglutine en un punto central: hay un mensaje de la gente y si no hay corrección, se pierde el sillón presidencial. En la Alianza, se mantiene un júbilo con un optimismo tal vez injustificado y desmedido.

Para Nibaldo Mosciatti, director de prensa de Radio Bio Bio, “considerando las fallas del gobierno, la Alianza por Chile a pesar de su triunfo rotundo en alcaldes, no proyecta esa sensación de haber logrado una adhesión más contundente en la población y que la impulse como alternativa de poder a la Concertación”. Jorge Insunza Becker, dirigente comunista, explica en una cuerda similar: “Por los elementos subjetivos, que forman parte de la realidad, la Alianza proyecta la imagen de una victoria mayor de la que realmente obtuvo y le saca partido a los números y a la situación”.

En alcaldes, el oficialismo obtuvo un 38,46% mientras que la Alianza un 40,56%. Esta diferencia en favor de la Alianza se produce por triunfos en comunas con más electores. Comparado con 2004, el resultado es especialmente negativo para la Concertación reduciendo de 99 a 4 la ventaja en alcaldes.

El pacto “Juntos Podemos Más”, representando a la izquierda extraparlamentaria, mantiene su votación de poco más de un 9%, sin poder superar el 10% necesario para convertirse en una fuerza determinante. Sin embargo, el Partido Comunista (PC), un eje en este pacto, subió de 5.8 % a 6.8%.

Para la Concertación esta elección era el gran test después de un año extremadamente difícil por la implantación traumática de un nuevo sistema de transporte metropolitano, y por el impacto de una lenta pero persistente desaceleración económica. Para absorber esta adversidad, no podía hacer valer su inteligente manejo en política internacional, que no trasciende en la medida deseada en el concierto local. También, era la primera vez que la coalición enfrentaba una elección con divisiones internas sustantivas hasta el punto de participar con dos listas separadas. Al final del día, los cuatro partidos de la Concertación perdieron alcaldes.

El Juntos Podemos Más, formado por el Partido de Izquierda Cristiana, el Partido Humanista y el Partido Comunista (PC), donde confluyen otros grupos, presentaba candidatos por tercera vez. Para aumentar la posibilidad de obtener más alcaldes, el PC elaboró con la Concertación un acuerdo llamado Pacto por Omisión. La Concertación no presentaría candidatos en algunas comunas para privilegiar el triunfo del PC frente a la Alianza. El experimento arrojó resultados no concluyentes, aunque la posibilidad de pactos futuros de este tipo permanece abierta con dos ejemplos emblemáticos. El PC venció en la comuna de Pedro Aguirre Cerda donde hubo pacto, y perdió en Estación Central donde no lo hubo.

El JPM elevó de cuatro a siete sus alcaldes, el PC obtuvo 4 alcaldías y el Partido Humanista una. La Izquierda Cristiana, un partido importante en el gobierno de Allende y en el período de dictadura, pareciera quedar en el limbo como expresión electoral en este tipo de contiendas.

Transformación en el centro hegemónico

Si se desagregan las cifras de nivel regional, tanto en la votación de alcaldes como de concejales, el panorama para mantener la hegemonía política férrea se complica para ambas coaliciones mayoritarias. El surgimiento de nuevos pactos compromete la estabilidad que había mantenido esta hegemonía centrada en dos pactos electorales mayores. Esto afecta el devenir político frente a las elecciones del próximo año, especialmente la presidencial.

La concentración de poder mantenida por la Concertación y la Alianza, comienza ser amenazada por primera vez en 14 de las 15 regiones del país. Lo demostró la votación en alcaldes, que es donde se escrutan más votos. La Alianza venció en 9 de las 15 regiones, en dos con resultados holgados. La Concertación venció en seis regiones sin exhibir una diferencia marcada. A pesar del mayor número de votos de la Concertación en concejales, la Alianza predomina en 8 de las 15 regiones, y nuevamente en las tres más populosas.

El pacto de la izquierda extraparlamentaria Juntos Podemos Más obtuvo una votación significativa en cinco regiones con predominancia de la Alianza, y bajo el supuesto de que no se alteren las condicionantes que lo hicieron posible, serían decisivos en la elección presidencial.

El pacto “Por un Chile Limpio”, una coalición de oposición a la Concertación que emerge con ex miembros de sus propias filas, exhibe en dos regiones una votación altamente relevante para futuras votaciones de la coalición oficialista. Es una base sólida de disidencia, que en caso de prosperar sería decisiva. Este pacto, al tener una marcada vocación anticomunista, es muy probable que le sea más funcional a la Alianza que a la Concertación. Sus personeros ya han anticipado que se opondrán tenazmente a la Concertación en caso de que ésta llegue a un pacto con el Partido Comunista.

También está el surgimiento de los Independientes Fuera de Pacto, que si bien no responden a ninguna agrupación determinada, deberían naturalmente tener una preferencia en el arco ideológico que en circunstancias clave se manifieste. En buena parte son “independientes instrumentales”; son cuando pueden serlo, y sus votaciones sin duda afectan las mayorías de ambas coaliciones en siete regiones.

En las tres regiones más populosas y significativas en términos de señal política, -Valparaíso, Bío Bío y la Región Metropolitana-, la votación del Juntos Podemos Más podría ser decisiva para la Concertación en futuras elecciones manteniéndose ciertas condicionantes básicas que se manifestaron en esta elección.

Ni la Alianza ni la Concertación constituyen fuerzas políticas autosuficientes para continuar con el tipo de hegemonía política tan omnipresente que obstruye la ampliación del arco político. La senadora Evelyn Matthei de la Alianza, que surge como carta presidencial generando simpatías en un espectro político amplio, señalaba: “Los partidos políticos impiden que el arco político se amplíe”.

Los partidos políticos que han dominado el actual sistema de alianzas, se han convertido en estructuras excesivamente autoreferentes y blindadas, produciéndose una especie de “apartheid” político: los que están en el circuito de los partidos y que reciben los beneficios del poder, y los que están fuera y dependen de una autotomía muy precaria. Si se trata de autosustentación, las dos alianzas mayores que han monopolizado la negociación política en Chile, a partir de esta elección, deberán incorporar la dimensión de actores contemplados hasta ahora con cierto desdén.

El resultado de esta elección realza el peso de lo intangible. Tal vez el sector político de mayor gravitación: los que no votan o no están registrados, que podría superar el 40% de los que actualmente votan, y que hacen política a su manera. Para el Plebiscito de 1988 el 48,55% de los electores era menor de 35 años. Para las elecciones de este año, los inscritos menores de esa edad llegaban a un 19,55%, según el Servicio Electoral, el padrón electoral no ha aumentado respecto a 2005, ya que fallecen más de los que se inscriben. El ímpetu electoral se fuga a los cementerios.

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