martes, 4 de noviembre de 2008

Estados Unidos: Democracia electoral y medios de comunicación (I)

Frank E. Payares

Contrariamente a lo que imaginan los adoradores del american way of life, el sistema electoral de los Estados Unidos es, tal vez, uno de los más antidemocráticos del planeta. En los EEUU no gana quien más votos populares obtenga, sino quien obtenga más votos electorales.

En las elecciones de 2000, el actual Presidente George W. Bush, ni siquiera fue elegido por los votos electorales. Luego de 36 días, habiendo Al Gore obtenido más de un millón de votos populares por encima de Bush, la Suprema Corte decidió, el 12 de diciembre de 2000, en una votación dividida (5 a 4), que el nuevo Presidente de los EEUU era George W. Bush. Se burlaba así la voluntad mayoritaria del pueblo estadounidense.

El sistema electoral de los EEUU tiene fundamento en la Constitución (Art. 2). El primer elemento antidemocrático que destaca, es la estructura concebida para favorecer sólo a los dos grandes partidos (Demócrata y Republicano), en detrimento de cualquiera otra opción. Republicanos y demócratas han dominado la política estadounidense desde 1860 y, a partir de 1852, todos los presidentes han sido republicanos o demócratas.

Otro elemento que desnuda el carácter antidemocrático del sistema electoral de EEUU, son los elevados costos de las campañas electorales. Hace poco más de un año, el Presidente de la Comisión de Elecciones Federales, Michael Toner, afirmó que las elecciones presidenciales estadounidenses de 2008 se convertirán en “las más caras en toda la historia estadounidense”. Toner estimó que las elecciones de 2008 serían unas “elecciones de 1.000 millones de dólares”, y para que se le tome en serio, un candidato necesitaría reunir al menos 100 millones de dólares a finales de 2007. Se presume que las fórmulas Obama-Biden y McCain- Palin, ya han consumido más de 1.000 millones dólares. Esta circunstancia constituye un impedimento para los denominados “terceros partidos”, privados de toda posibilidad de competencia. Si a ello se agrega que el interés y conveniencia de los grandes medios y agencias de información y publicidad, gira en torno a los candidatos de los dos grandes partidos, negando el acceso a cualquier otra fórmula, el sistema termina siendo, además de antidemocrático, un sistema de exclusión.

Daniel Schorr, periodista estadounidense, con más de 60 años en el ejercicio, tres premios Emmy por su cobertura del escándalo de Watergate y miembro del Salón de la Fama de la Sociedad de Periodistas Profesionales en 1991, revela que, en una crónica del 5 de agosto en Radio Pública Nacional, durante los tres últimos años, Obama ha sido presentado en las portadas de las revistas Time y Newsweek en 12 ocasiones contra 5 de McCain. Como se verá, en ningún caso aparece otra candidata o candidato.

En las elecciones del 4 de noviembre participarán alrededor de 200 millones de electoras y electores. Pero, a diferencia de lo que ocurre en otros sistemas electorales como el venezolano, no se elegirá directamente a la Presidenta (e) y a la Vicepresidenta (e), sino que se elegirá un Colegio Electoral, que es un mecanismo con 538 integrantes quienes decidirán finalmente, con una mayoría de, al menos 270 votos, quien es la Presidenta (e) o Vicepresidenta (e).

El Colegio Electoral ha sido objeto de incontables críticas, por su carácter antidemocrático y por ser un instrumento que contraría la voluntad de la mayoría de electoras y electores.

Como si fuera poco, cuando no se obtenga 270 o más votos del Colegio Electoral, de acuerdo con la Décima Segunda enmienda de la Constitución, será el Congreso (Representantes y Senadores), quien decidirá. Cada congresista tiene derecho a un voto por Estado y por simple mayoría de Estados se tomará la decisión. Esto ha ocurrido dos veces en la historia de los EEUU. La primera, en el año 1801, fue elegido Presidente Thomas Jefferson (había pertenecido al partido demócrata republicano, cuando aun no se había dividido); la segunda, en 1825, fue elegido John Quincy Adams.

Finalmente, cuando los procesos electorales son dudosos, es la Suprema Corte la que decide, como ocurrió en el año 2000, todo lo cual constituye una flagrante violación de la voluntad mayoritaria del pueblo norteamericano, un mentís sobre el carácter democrático y una inocultable fórmula de imposición de los propietarios del poder en los EEUU.

Los medios de comunicación silencian las fórmulas distintas a Obama-Biden y McCain-Palin. Pero, a pesar de este silencio, en estas elecciones también participan Ralph Nader-Matt González; el Partido Libertario con Bob Barr-Wayne Allyn; el Partido de la Constitución, con Check Baldwin-Darrel Castle; el Partido Verde, con Cynthia McKinney-Rosa Clemente; el Partido Independiente, con Alan Keyes-Brian Rohrbough; el Partido Boston Tea, Charles Jay-Thomas L. Knapp; el Partido de la Prohibición, Gene Amondson-Leroy Pletten; el Partido Socialista, Brian Moore-Stewart Alexander; el Partido Socialista de los Trabajadores, Róger Calero-Alyson Kennedy; el Partido por el Socialismo y la Liberación, Gloria La Riva-Eugene Puryear.

Los medios silencian que el mismo 4 de noviembre, se elegirán gobernadores de 36 de los 50 Estados, incluyendo los 10 Estados de mayor población (California, Nueva York, Massachusetts, Colorado, Arkansas, Minnesota, Maryland, Idaho, Nevada, Alaska, Rhode Island, Alaska, Rhode Island, Oregon, Iowa, Wisconsin, Michigan, Maine, Ohio, Colorado y Florida). Asimismo se elegirán 435 integrantes de la Cámara de Representantes y, 33 de los 100 Senadores, entre otros de Maryland, Missouri, Montana, New Jersey, Ohio, Pennsylvania, Rhode Island, Tennessee y Virginia.

El ocultamiento de información o la información deficiente, se explica por la conveniencia y relaciones de intereses con el poder de demócratas y republicanos que mantienen los grandes medios y agencias, pero sin duda constituye una violación flagrante del derecho de información y, sobre todo, una evasión de la responsabilidad que corresponde a los medios de comunicación. El ocultamiento de información revela la ausencia de permeabilidad de ese sistema frente a cualquier forma de observación nacional o internacional. Lo paradójico es que mientras los procesos electorales en nuestro país y en el resto del continente, son sometidos a la observación, casi como una fórmula de coloniaje, control y sumisión por parte de la OEA, el Centro Carter, la Unión Europea y otros organismos internacionales, en los EEUU esta posibilidad no sólo está vetada, sino que serviría para muy poco.

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