viernes, 7 de noviembre de 2008

Estados Unidos: ¿el cambio?

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Barack Obama, el candidato demócrata de raza negra, es ya presidente electo de los Estados Unidos y atrás quedan los discursos, promesas, encuestas, mítines e incertidumbres.

No pocos se preguntanhasta que grado de cansancio y desencanto habrá llegado una nación de devenir tan ferozmente delimitado en términos raciales, como para darse el primer presidente no blanco de su historia.

Por otra parte, lo cierto es que cuando el Partido Republicano se siente a analizar el por qué ha perdido el enorme trecho que un día llegó a capitalizar en la Casa Blanca y el Congreso, tendrá que admitir que la gran culpa pesa sobre sus sectores más ultraderechistas, que impusieron al frente de la nación a una atroz marioneta de nombre George W. Bush, quien el propio cuatro de noviembre, en que la gente acudió a las urnas, sumaba apenas veinte por ciento de aceptación popular.

El presumido “líder antiterrorista global”, generador de dos guerras virtualmente perdidas en Afganistán e Iraq, instigador del secuestro y la tortura a pretendidos combatientes enemigos, promotor de leyes de represión interna, protector de magnates y especuladores, destructor de programas sociales y padre de una crisis fiscal de claras magnitudes recesivas, embarró de arriba abajo a su partido y, de paso, se convirtió en una piedra al cuello del binomio McCain-Paulin, que, por cierto, tampoco resultaba tan pulcro ni mucho menos.

¿Qué queda? Pues esperar para ver y creer. Obama ha prometido cambios, pero son muchos quienes no perciben claramente el alcance de estas pretendidas transformaciones. Es probado que el derrotero de los Estados Unidos nunca ha dependido de la voluntad de un hombre ni mucho menos. Detrás de cada Presidente están los intereses que le aúpan como candidato, y los cuales después pasan la factura una vez capturada la Casa Blanca. ¿Debe mucho Barack?

Por lo pronto no pocos respiran con cierto alivio. El conservadurismo extremo ha cedido políticamente en el escenario norteamericano, y la crisis económica que su actuación ha generado, y cuyos peores momentos tal vez están aún por llegar, se llevó a bolina el modelo económico neoliberal y ha vapuleado a la sacrosanta economía de mercado.

Demos pues tiempo al tiempo. Desde hoy, y hasta que el nuevo Presidente asuma, todavía la ultraderecha puede complicar los escenarios en todos los terrenos, y luego resta por saber en la práctica qué trae en cartera el nuevo jefe de la Oficina Oval.

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