lunes, 3 de noviembre de 2008

La gran suerte de Obama

Manuel E. Yepe

Es incuestionable que Barack Obama, quien al concluirse este artículo le restarán menos de 24 horas para ser votado Presidente de los Estados Unidos, tendrá que enfrentar una situación de crisis económica más compleja que la que se haya encontrado cualquier otro mandatario de su país al asumir el cargo.

En cambio, tiene la gran suerte de que será el sucesor de uno de los presidentes más impopulares en la historia de su país.

Como Obama ha dado muestras de ser una persona inteligente y hábil, contrasta vivamente con su predecesor. Siendo, además, joven y mestizo, el nuevo presidente representa la posibilidad de cambios éticos en una sociedad que ha sufrido tanto tiempo el gobierno de conservadores y racistas

En la situación económica que tiene a Estados Unidos, a las puertas de una crisis tan honda que solo es comparable con la de los años 30 del Siglo XX, el fin de la "era de prosperidad" -que alcanzó escandalosos excesos a partir de la flotación del cambio dólar-oro dispuesta por el presidente Richard Nixon, y, más tarde, con las engañosas políticas de Reagan y los Bush, padre e hijo, de recortar los impuestos a los ricos para estimular la economía en aras del bienestar general- la "crisis de las burbujas" y la recesión son los perversos regalos que los neoconservadores dejan a Obama en el campo económico.

Con sus relaciones internacionales sumamente deterioradas y el liderazgo mundial de los Estados Unidos irremediablemente perdido, el planeta entero parece esperar que el nuevo presidente llegue a la Casa Blanca…aunque con esperanzas muy diversas.

La mayoría, espera el fin de las intervenciones y agresiones de los Estados Unidos en cualquier lugar del mundo, en primer lugar la retirada de las tropas de Estados Unidos y sus aliados de los países donde actualmente están desplegadas. Cree que la superpotencia podría contribuir, bajo otra conducción, al surgimiento de un mundo de paz y recuperar el prestigio y los vínculos con otras naciones que alguna vez tuvo.

La comunidad mundial desea que un nuevo equipo en la Casa Blanca signifique que Estados Unidos renuncie a la idea de imponer la agenda internacional; que renuncie a su política de imponer su modelo de democracia en el mundo; que acepte el establecimiento de controles internacionales a la economía del mundo, incluyendo la de Estados Unidos; que adopte una política favorable al desarme global y la prohibición del desarrollo de armas nucleares por todas las naciones, sin excluir a los Estados Unidos; que acepte el multilateralismo democrático fortalecedor y modernizador de las Naciones Unidas; que reconozca la autoridad del Movimiento de Países No Alineados, la existencia de los nuevos bloques regionales y el papel de China como potencia mundial; que ponga fin a las guerras de Afganistán e Irak sobre la base de la retirada de las tropas estadounidenses y las de sus aliados que están allí por presión de EEUU; que adopte y apoye una política de paz en el Medio Oriente con reconocimiento y garantías para la nación Palestina; que renuncie a la utilización de la OTAN con propósitos imperiales, reconozca su carácter obsoleto tras el fin de la guerra fría y propicie su desintegración; que ponga fin al bloqueo económico, financiero y comercial que ejerce contra el pueblo cubano hace 50 años y a la execrable base naval de Guantánamo; que renuncie definitivamente al propósito de utilizar a la América Latina como retaguardia de su política imperial, y que ponga fin a su política dominación o hegemonía sobre otras naciones en todo el planeta.

Pero también hay poderosísimos intereses en Estados Unidos y en otras naciones que han apoyado la elección de Obama porque lo consideran mejor que su oponente para tratar de renovar el liderazgo mundial norteamericano, precisamente por esa imagen diferente que proyecta. Ven en él la posibilidad de salvar la esencia del imperialismo creándole una imagen menos violenta y cruel, más hábil y negociadora, más multicultural y menos chovinista, una política menos agresiva y más conciliadora. Creen que Barack constituye un simple riesgo o una concesión necesaria ante un peligro mayor.

Corresponde al pueblo estadounidense, no a sus monopolios y su complejo militar industrial, asegurar que desde la Casa Blanca se proyecte al mundo un camino de rectificaciones, de colaboración y de paz.

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