martes, 11 de noviembre de 2008

La imagen del régimen colombiano presidido por Alvaro Uribe Vélez

Eduardo Sertanejo

Las riquezas y las miserias en sus extremos pervierten el corazón humano.

Es bien sabido que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. El poder de las riquezas desmedidas corrompe sin medida y el poder de la miseria inaguantable corrompe inevitablemente.

Viejas oraciones rogaban al señor, no nos deis bienes ni riquezas que pervierten el corazón, dadnos sí el pan de cada día y la gracia de la eterna salvación, salvación sólo posible aquí en la tierra cuando el ser humano pueda realizarse plenamente. Noble imprecación que después de tantos años de haber sido escuchada repetidamente a diario en la niñez, se cumple inexorablemente en esta sociedad mundial cuya estrella polar propugna por el consumo, por la ganancia, por la significación de lo humano por lo que se tiene y no por lo que se Es, paradigma que Colombia toma como ejemplo y del cual se deja guiar como si no fuera capaz de imaginarse el abismo a que nos conduce, la más apabullante degradación del espíritu de los colombianos.

Esa imagen de seres encapuchados recibiendo fajos de billetes de manos de un general que representa “la dignidad de la república” por ser colaboradores informantes de actos delicuenciales que perturban la paz del país y debilitan la autoridad del estado, esos lunes de las recompensas para premiar “el patriotismo y el compromiso con la paz”, son lunes de vergüenzas, de la impávida aceptación de que el dinero es lo que motiva a los colombianos para ayudar a construir un país.

Esas imágenes que estrechan manos que pagan por delatar y manos que reciben por traicionar, por desertar, por rencor, por necesidad, son imágenes que traen desde el fondo del pasado aquella sentencia, ¿Quien peca más, si el que paga por pecar o el que peca por la paga?

Esas imágenes de un ser sin rostro, la cara es el espejo del alma, es la imagen de un ser sin espíritu que se avergüenza de sus actos, compromiso y solidaridad con un estado y con unas instituciones en las cuales no cree y de las cuales sabe que proviene el Hambre que lo lleva a degradarse hasta un abismo insondable.

Esas imágenes de un militar que paga, que puede mostrar su cara porque cree que un régimen militarizado lo protege, es una cara que refleja carencias absolutas de afecto, de solidaridad humana, de un ser que desconoce las dulces conmociones de la Ternura.

Puede ser que ese militar no muera en una batalla a campo abierto, puede ser que su ejército no sea derrotado, pero Él y su ejército están derrotados por la Vida, por la indignidad y por la degradación a que están conduciendo a Colombia.

Esas imágenes son la imagen de un régimen degradado que ha caído en los pantanos que se tragarán toda posibilidad de construir un país digno que sea habitado por seres verdaderamente humanizados, son la imagen de un país asolado por unos dirigentes que mantienen el poder por la fuerza, por la fuerza de las armas, por la fuerza de la corrupción para comprar conciencias, por la fuerza del cinismo inveterado de unos dirigentes que hacen política pequeña, un negocio para llenar sus arcas, sus alforjas, pero que se declaran los salvadores del pueblo, que por la inclemencia de las necesidades insatisfechas tienen que venderle el alma al diablo para calmar las desgarradoras heridas del Hambre y de la desproteccion.

No hace muchos años los campesinos de la tierra del pequeño Álvaro Uribe proclamaban, a barriga llena corazón contento, alimento que producían en sus parcelas y que además recogían de la naturaleza la calma de sus encantos y la libertad en sus montañas, campesinos que se comprometían con lo que respetaban, con las creencias que aceptaban haciendo gala de su independencia y haciendo uso de sus libertades.

Eso es lo que hay que rescatar, no por la vía de las armas que protegen los grandes intereses económicos, Por la vía de las posibilidades que ofrece un trabajo limpio, una casa acogedora, un estudio creador, para así si poblar este país con seres humanos pletóricos de alegría y de dignidad.

Un poeta colombiano le dijo un dia ya lejano a Pablo Neruda en circunstancias que desconozco, Esta es Colombia Pablo, a El yo le diría otra vez en las circunstancias de hoy, esta es Colombia Pablo, la Colombia en que impera un régimen igual al que te asesinó a Ti en Chile por Cantarle a la Vida.

Estas desgarradoras consideraciones íntimas fueron escritas en septiembre de 2002 a los pocos meses de iniciarse el primer período del régimen de Álvaro Uribe Vélez, régimen que va a cumplir seis años y que pretende perpetrarse, que es perpetuarse en el tiempo por medio del crimen, creando hecatombes, la hecatombe de la degradación del espíritu de los colombianos a quienes les hace creer que sólo él, corruptor de las conciencias, puede salvar al país del pantano moral al que él mismo ha conducido.

En este trágico mes de marzo de 2008, el pueblo colombiano esta recogiendo los frutos más podridos de una política que conculca todos los derechos humanos, que viola todas las soberanías, incluyendo la propia soberanía colombiana, al plegarse a la política del imperio a la lucha contra el terrorismo, impulsando guerras preventivas que no respetan las fronteras de los países vecinos y hermanos en la historia, que hace casi 200 años lucharon juntos contra el Imperio Español, delirio que ve en cada pueblo que quiere su independencia a un pueblo terrorista, y a los gobiernos que esos mismos pueblos se han dado como gobiernos que apoyan el terrorismo.

Este régimen invade al Ecuador, señala a Venezuela como a un país que le da refugio a los terroristas, después de que el mismo solicitara su colaboración para un acuerdo humanitario con una organización político – militar con la cual es indispensable hablar para conseguir la liberación de los rehenes, apoyo solicitado con la intención perversa de mostrar después ese apoyo al acuerdo humanitario como un apoyo al terrorismo, tratando de borrar de la historia reciente de Colombia que sus gobiernos han tenido que buscar acuerdos con esa misma organización sin que a si mismos se califiquen como gobiernos terroristas.

Su política de Seguridad Democrática y su solidaridad con el imperio norteamericano en la lucha contra el terrorismo, pues no podemos olvidar que fue el único gobierno latinoamericano que se sumó a la invasión de Irak, política de guerra preventiva interna pues invade, desplaza y masacra comunidades por suponerlas aliadas del terrorismo, aupando al paramilitarismo, apoyando los falsos positivos del ejercito, señalando como aliados del terrorismo a todas las organizaciones populares o políticas de oposición al régimen, política de seguridad democrática cuyo único propósito es derrotar por la guerra sin cuartel a la organización político – militar que tiene raíces en la historia de Colombia desde hace más de 40 años, y guerra sin cuartel es la guerra que utiliza todos los métodos, la delación para degradar al combatiente y socavar la moral del enemigo, pagando con desproporcionados recursos del estado la traición y el asesinato.

Los últimos acontecimientos están demostrando la debilidad del régimen y la incapacidad del ejército colombiano de ganar la guerra por medio de una estrategia militar que respete el derecho internacional humanitario, utilizando todas las formas de lucha, el pago de la traición, la recompensa por asesinatos, la invasión a un país hermano que señala como refugio de terroristas y la deslealtad con los gobiernos que le han ofrecido su colaboración para conseguir la paz en Colombia, el señalamiento de terroristas a cualquier dirigente u organización que discrepe de su política de seguridad democrática, que los enemigos agazapados de la paz dentro del estado, no serán capaces de ofrecer al pueblo colombiano.

El genio de Shakespeare escribió en el Timón de Atenas:

¡ Oro ¡ ¡ Oro amarillo, brillante, precioso ¡ No, oh dioses, no soy hombre que haga plegarias inconsecuentes ¡ ….Muchos suelen volver con esto lo blanco, negro; lo feo, hermoso; lo falso verdadero; lo bajo, noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente; …. Esto va a sobornar a vuestros sacerdotes y a vuestros sirvientes y a alejarlos de vosotros; va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto; este amarillo esclavo va a fortalecer y disolver religiones, bendecir a los malditos, hacer adorar la lepra blanca, dar plazas a los ladrones y hacerles sentar entre los senadores, con títulos, genuflexiones y alabanzas. Él es el que hace que se vuelva a casar la viuda marchita y el que perfuma y embalsama como un día de abril a aquella ante la cual entregarían la garganta, el hospital, y las úlceras en persona. Vamos, fango condenado, prostituta común de todo el género humano, que siembras disensión entre la multitud de las naciones “

¡Oh tú, dulce regicida, amable agente de divorcio entre el hijo y el padre! ¡Brillante corruptor del más puro lecho del Himeneo! ¡Marte valiente! ¡Galán siempre joven, fresco, amado y delicado, cuyo esplendor funde la nieve sagrada sobre el seno de Diana! Dios visible que sueldas juntas las cosas de la naturaleza absolutamente contrarias y las obligas a que se abracen; tú que sabes hablar todas las lenguas para todos los designios. ¡Oh tú, piedra de toque de los corazones, piensa que el hombre tu esclavo se rebela, y por la virtud que en ti reside haz que nazcan entre ellos las querella que los destruyen, a fin de que las bestias puedan tener el imperio del mundo!

Inspirado en el genio de Shakespeare, el genio de Marx escribió:

Supongamos que el Hombre es hombre y que su relación con el mundo es una relación humana. Entonces el amor sólo puede intercambiarse por amor, la confianza por la confianza, etcétera. Si quieres gozar del arte tienes que ser una persona artísticamente cultivada; si quieres influir en otras personas tienes que ser una persona que estimule e impulse realmente a otros hombres. Cada una de tus relaciones con el hombre y la naturaleza debe ser una expresión específica, correspondiente al objeto de tu voluntad, de tu verdadera vida individual. Si amas sin evocar amor como respuesta, es decir, si no eres capaz mediante la manifestación de ti mismo como hombre amante, de convertirte en persona amada, tu amor es impotente y una desgracia”.

¿Quién podrá dudar que esta sea la esencia de la realidad colombiana?.

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