viernes, 21 de noviembre de 2008

Los gobiernos en las cumbres y los pueblos en los abismos

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

Con su proverbial discurso didáctico, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al referirse a la moda de las reuniones de jefes de estado y de gobierno, acuñó la frase que reza: “Mientras los presidentes vamos de cumbre en cumbre, los pueblos van de abismo en abismo” para hacer patente la desconexión entre los gobiernos y los pueblos de la mayoría de los países del mundo y, más aún, entre los discursos en las reuniones internacionales y la realidad imperante en sus naciones.

Creo que, incluso, ya el referente de cumbre se ha quedado chico; habría que llamarles reuniones celestes o etéreas, dado que ya no tienen piso de sustentación y flotan por encima de cualquier asomo de realidad. Baste considerar la recién celebrada reunión del G 20, convocada por el ya cadavérico Bush en un intento por configurar un Consenso de Washington de segunda generación. Lo que para el mundo son las exequias del neoliberalismo y de la economía de libre mercado, para los ahí reunidos pareciera que les resultó un Lázaro redivivo. Un rosario de medidas anodinas, todas referidas a la aplicación de cosméticos sobre el cadáver insepulto para que aparezca como vivo; ninguna de ellas evocadora de la exigencia mundial de reemplazo del modelo culpable del desastre económico en curso. Las verdaderas causas de la crisis no fueron rozadas ni por el pétalo de una flor, como dijo Fidel Castro. Así es el grado de extraterrestridad de tales reuniones de presidentes.

Bush, en su discurso imperial, hizo profesión de fe neoliberal y decretó la inocencia del modelo, respecto de los crímenes de los que se le acusa. Ni tardo ni perezoso, el ínclito y espurio Calderón lo secundó, no sin advertir a sus colegas que pudieran caer en la tentación de restablecer el odiado proteccionismo económico o, peor aún, el vetusto y apestoso nacionalismo, no obstante que, pocos días antes en Sao Paulo, había recomendado la unión de los latinoamericanos para consumir productos latinoamericanos, igualmente trasnochado, pero además contradictorio con lo expuesto en Washington. Como quien dice: malhablando del patrón a sus espaldas, pero corrigiendo la postura en su presencia.

Finalmente, lo concluido en tan elevada reunión no es otra cosa que más de lo mismo. Aplicar pequeñas trampas ideológicas para que, de manera coordinada, los debilitados estados apliquen medidas para salvar a los bancos privados de los pecadillos cometidos por sus dueños, por su entendible exceso en el afán de lucro. Para que lo entendamos los mexicanos, se trata de un FOBAPROA mundial. Así de simple, como también simple es su correlato de que será pagado con el sacrificio de la población mundial. Así han de verse las cosas desde el avión o el satélite en que los excelsos mandatarios se reunieron.

Acá abajo las cosas se contemplan de manera muy diferente. Una diferencia determinante es de carácter orográfico; es posible que antes las cumbres correspondieran a montañas de amplia base, en las que los abismos fueran sólo un accidente geográfico; hoy la montaña se deslavó y de ella sólo queda una muy esbelta columna de escasa sustentabilidad; el abismo se amplió y se convirtió en el gran valle, desde el que se acomoda la gente para contemplar el espectáculo de la caída de esa que parece una delgadísima Torre de Babel. Mientras en la cima se disputan los paracaídas, acá abajo felicitamos al que se los perforó. No obstante, no deja de haber ciegos que pretenden escalar a rapell para ingresar a tan exclusivo club, ayudados de una cuerda que denominan “izquierda moderna” con la que pretenden dar oxígeno al sistema caduco. Allá ellos.

Desde luego que acá en el valle las cosas no son fáciles. Los que quedan arriba siguen manipulando la desinformación y los instrumentos de control social. También siguen dictando las políticas de empobrecimiento y administrando los recursos nacionales. El valle está congestionado por la protesta y la movilización populares, se vive en la lucha y en la procuración del acuerdo mínimo entre los diferentes, cuyo único común denominador es el hartazgo respecto de la explotación por los poderosos. Aunque es claro que se avanza; en el mundo entero coinciden, sin necesidad de acuerdo previo, los movimientos de resistencia de campesinos; de maestros, alumnos y padres de familia; de burócratas, ecologistas, mujeres, defensores de los derechos humanos y tantos otros segmentos del descontento social. Todo esto contribuye al adelgazamiento de la torre y, más pronto que tarde, la hará caer.

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