viernes, 21 de noviembre de 2008

México: Accidente de estado

Teodoro Rentería Arróyave (especial para ARGENPRESS.info)

La tragedia aérea que enlutó a 15 familias entre ellas la del extinto secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, y al propio Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, al contrario de lo que se dijo y se dice sobre la trágica muerte del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, Luis Donaldo Colosio Murrieta, de que fue un magnicidio de Estado, ahora toda hace suponer que se trató de un “Accidente de Estado”.

Desde el primer Comentario a Tiempo en el que abordamos el tema, expresamos que en vista de que oficialmente se descartaba el atentado en la caída del Learjet 45, propiedad de la Secretaría de Gobernación, pero concesionado, esa es la palabra, a una empresa particular puesto que a su cargo estaba el mantenimiento y la tripulación del mismo, sólo quedaban dos tesis sobre las causas que originaron el desastre:

La primera, que como es obvio, desecha la Asociación Nacional de Pilotos Aviadores, ASPA, en el sentido de que se trató de una falla humana, al respecto es de mencionarse que este es un recurso demasiado manoseado, el de echarle la culpa a los muertos, valga la expresión lógica, que ya no se pueden defender.

El encargado o vocero de la tragedia, secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez Kuenzler, como primer recurso entregó a los medios la grabaciones del piloto con el controlador aéreo y luego las que registró una de las cajas negras, donde claramente se advierte, según se especuló, que tanto el piloto como el copiloto, por su diálogo, se desprende que uno entrega los controles al otro, que no estaban familiarizados con el aparato, es decir no estaban preparados para conducirlo.

La otra tesis que queda, descartado insistimos el atentado, consiste también en la falta de cumplimiento por parte de la tripulación de los protocolos de aeronavegación al no respetar la distancia mínima de 4 millas respecto de la nave que los antecede en el espacio aéreo. En aquel momento se dijo que viajaban a 2.800 millas.

En el último informe de las autoridades ya se cambió la versión, ahora nos dicen que la distancia mínima es de 6 millas y el Learjet siniestrado, fue mantenido en 5.150 millas del Jet de Mexicana de Aviación.

En ambos casos resulta de una gravedad tal posición en el espacio aéreo, ya que inclusive cuando se conduce un vehículo en tierra siempre se aconseja “guardar la distancia debida”, cuanto más en el espacio donde hasta el más bisoño piloto sabe que la turbulencia que produce el aparato que va adelante puede provocar la caída de la nave que le sigue.

La situación de las versiones oficialistas se complica al saberse que el avión propiedad de la Secretaría de Gobernación estaba en manos de una empresa privada sin mayores méritos de experiencia y sin ser proveedora del Gobierno federal. Ante todo este enjambre de declaraciones, en las que intervino hasta el embajador de Estados Unidos, Tony Garza, por cierto ¡que desatino! es de concluirse: que estamos ante un “Accidente de Estado”.

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