martes, 4 de noviembre de 2008

México: La ley del trabajo, Velázquez, Abascal y los 40 mil ladrones

Pedro Echeverría (especial para ARGENPRESS.info)

1. Si el gobierno panista, los priístas y los perredistas mayoritarios han obtenido una victoria aprobando (en perjuicio del pueblo) la privatización del petróleo, ahora les corresponde seguirse sin parar para aprobar una nueva Ley Federal del Trabajo que adecue la productividad y la disciplina obrera a la modernidad capitalista.

¿Quién puede negar que las nuevas propuestas de reformas a la ley federal del trabajo tienen la intención de beneficiar a los grandes empresarios, atraer la inversión extranjera y crear nuevos empleos, pero con salarios de hambre y sin garantías laborales para los trabajadores? No se puede negar porque a pesar de no haberse aprobado hasta ahora, en lo esencial se ha venido aplicando: sustitución de contratos colectivos, contratos por días y por horas, eliminación de derechos conquistados, suspensión de huelgas en los hechos, sindicalismo blanco, topes salariales.

2. Sin embargo, aunque los dos gobierno pro empresariales del PAN (los de Fox y Calderón) hayan puesto más empeño en aprobación de esa ley antiobrera, fue durante los gobiernos neoliberales (particularmente el de Salinas de Gortari) cuando todo ese tipo de reformas de carácter privatizador se impulsaron. ¿Quién puede olvidar a aquel churumbel, Arsenio Farell Cubillas, que de 1982 a 1994 (durante casi 12 años) fue el secretario del Trabajo que eliminó en la práctica el movimiento obrero independiente, dividió al sindicalismo oficial, impuso los topes salariales, incrementó el control de los sindicatos y usó la fuerza del ejército? Hasta el decrépito Fidel Velázquez (líder de la CTM con medio siglo como máximo dirigente, fue hecho a un lado por Farell al apoyar éste a la CROC. Fue cuando la misma bandera de la CTM de trabajo de 40 horas con pago de 56 (aunque demagógica) se derrumbó

3. A fines de 1993 no solo se había derrumbado el movimiento obrero por causa del capitalismo privatizador y las medidas autoritarias del secretario del Trabajo, sino que también el ánimo de lucha de la izquierda radical estaba por los suelos porque el presidente Salinas gritaba por todo México y el mundo que nuestro país había firmado con los gobiernos de los EEUU y Canadá el famoso Tratado de Libre Comercio (TLC) y que ese paso le había dado a México la categoría de ser del primer mundo. Había impuesto a su candidato presidencial (Colosio) y toda la clase política buscaba negociar con él. Ante ese desánimo se registró el levantamiento zapatista en Chiapas al iniciarse 1994, provocando un nuevo sacudimiento a quienes nos sentíamos derrotados. Así surgió otra etapa de lucha que logró indudables avances en la conciencia y la organización de nuestro pueblo. Hubo alguna recuperación obrera, pero limitada.

4. Lo que más tarde hizo Fidel Velázquez (agosto 1996) de firmar los "Principios de la Nueva Cultura Laboral" con el sector privado, con la Confederación Patronal presidida por Carlos Abascal, fue una traición y un entreguismo total de un viejo líder que le habían cortado las uñas y extirpado los dientes a los 96 años de edad. Abascal, hijo de un destacado líder cristero en los años cuarenta, fanático del catolicismo y representante empresarial, visitó personalmente a Velázquez en la CTM y éste hizo lo mismo mes y medio después acudiendo a la Coparmex para sellar una gran alianza obrero/patronal. Ese fue el antecedente por el que el Fox, al asumir la Presidencia, haya nombrado a Abascal como secretario del Trabajo. Éste, aunque no logró que se apruebe la nueva Ley del Trabajo privatizadora, sí consiguió imponer una serie de normas no escritas que permitieron que las empresas impongan sus reglas por la vía de los hechos.

5. Velázquez falleció un año después de entregarse a Abascal dejando ese cínico comportamiento a sus sucesores. De tal manera que cuando arribó el panismo a la Presidencia todos los organismos obreros antes priístas se convirtieron en un gran apoyo del panismo. En noviembre de 2004 el presidente del PRI (Roberto Madrazo) pidió a los diputados de su partido votar por la reforma de la ley del trabajo presentada por Fox/Abascal y los dirigentes empresariales, pero aquel paso no se dio; quedó pendiente porque la política electoral se calentó y Madrazo y Rodríguez Alcaine (líder de la CTM) no quisieron arriesgar votos priístas; también porque el objetivo era evitar que López Obrador se presentara como candidato y se estaban en arreglos para eliminarlo mediante el desafuero. Entre tanto la CTM, la CROC, el sindicato minero de Gómez Urrutia, en medio de la agitación política, decidieron rechazar la ley Abascal.

6. En México hay eminentes abogados laborales de izquierda que durante muchos años han venido luchando para que las leyes se apliquen en beneficio de los trabajadores: Adán Nieto, Ortega Arenas, Gómez Gutiérrez, Fernández del Real y otros viejos; sobre todo los que hoy participan en las luchas sociales de izquierda que han sido asesores de sindicatos independientes, mismos que a través de los años han dado luchas importantes. Estos abogados, entre los que se encontraba mi viejo amigo Julio Macosay (quien falleció hace algunos años) han ayudado a la extensión de las batallas de los trabajadores. Son ellos quienes con sus estudios, conferencias y opiniones han logrado mantener una oposición fundamentada entre los trabajadores. Sería importante que en estas próximas luchas contra la nueva ley privatizadora del trabajo, el lópezobradorismo (que es el que hoy tiene mayor capacidad de movilización) pudiera agrupar a organizaciones obreras y sus asesores jurídicos para impedir la aprobación de esa ley.

7. Acabo de recibir por Internet de mi atento amigo Alfonso un material acerca del fortalecimiento, ya en los años setenta del siglo XX, de las posiciones de los promotores a ultranza del libre mercado. Lo inicia con una cita del historiador británico Eric Hobsbawmn, quien explica: "El recientemente creado (1969) premio Nobel de Economía respaldó el neoliberalismo después de 1974, al concederlo ese año a Friedrich von Hayek y, dos años después, a otro defensor militante del ultraliberalismo económico, Milton Friedman. Tras 1974, los partidarios del libre mercado pasaron a la ofensiva, aunque no llegaron a dominar las políticas gubernamentales hasta 1980, con la excepción de Chile, donde una dictadura militar (la de Pinochet) [...], permitió a los asesores estadounidenses instaurar una economía ultraliberal, tras el derrocamiento, en 1973, de un gobierno popular. Con lo que se demostraba, de paso, que no había una conexión necesaria entre el mercado libre y la democracia política".

8. Todavía tenemos posibilidades en México de frenar esa ley "modernizadora" cuyo objetivo, como lo fue en la República de Chile donde los trabajadores fueron sometidos a leyes y reglamentaciones con el fin de elevar la productividad capitalista; aún podemos evitar la legitimación de muchas prácticas de la patronal que se niega a firmar contratos colectivos y a respetar los derechos conquistados durante muchas décadas de luchas de los trabajadores. El gobierno calderonista pro empresarial y sus aliados priístas y perredistas, se auxiliarán de todas las trampas posibles para presentar como "muy avanzadas y muy modernas" sus propuestas, pero no podrán engañarnos. Se trata de una reforma que busca someter más a la clase obrera, a los trabajadores, a una serie de reglamentaciones para que se dedique a producir más, a trabajar más horas sin gozar de los salarios que les corresponde ni de los derechos que desde hace décadas han conquistado.

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