miércoles, 5 de noviembre de 2008

Puerto Rico en la mirada revolucionaria de Simón Bolívar

Hiram Lozada Pérez

Cuando las chispas de las revoluciones independentistas en el continente suramericano se esparcieron a Puerto Rico, a partir de 1815, España tuvo que tomar medidas económicas y políticas para preservar la fidelidad y la dependencia en la Isla.

Se hizo pues necesario dejar a un lado la política centenaria del olvido y la indiferencia y promover la agricultura y la industria local. Deliberadamente, Puerto Rico era entonces la colonia española más pobre de todas. La corona había tomado medidas para evitar que la Isla produjera bienes manufacturados y tuviera desarrollos de acumulación capitalista. Por eso, por mucho tiempo y casi toda la primera mitad del siglo XIX, nuestra economía era de subsistencia y de relaciones feudales entre los hacendados y la escasa mano de obra de esclavos, jornaleros y agregados.

Puerto Rico entre 1815 y 1830

A partir de 1815, España procuró fomentar el desarrollo económico de la isla, mediante la expansión de la agricultura comercial. Se decide también a incrementar la vigilancia a los esclavos y el control del comportamiento ideológico de la población. En el aspecto militar se fortalecieron las milicias como medida defensiva contra los separatistas del patio y las repúblicas vecinas.

En 1802 la población de la isla era de 118,309 almas: 78,281 eran blancos, 55,164 eran mulatos, 16,414 negros libres y 13,333 esclavos. La población caminaba hacia el mestizaje. Entre 1815 y 1822 la población aumentó con las inmigraciones de decenas de miles de familias leales al régimen español, quienes huían de las guerras revolucionarias en Sur América. El desarrollo económico de la colonia a partir de 1815 se diseñó a la medida de los intereses de inmigrantes extranjeros y los peninsulares.

Aunque hubo unos breves e intermitentes momentos de liberalismo, entre 1812 y 1824, productos de los efímeros períodos constitucionales en España, la Isla sufrió durante la mayor parte del siglo XIX de gobiernos con facultades extraordinarias y centralización administrativa. A cambio de su fidelidad, las élites y los sectores dominantes obtuvieron ventajas económicas y comerciales. Se habilitaron puertos en Ponce y Aguadilla, se repartieron tierras baldías, se redujeron los impuestos a la exportación agrícola, hubo liberalización del tráfico de esclavos y se permitió el comercio con Estados Unidos, Inglaterra y las Islas del Caribe. Las élites peninsulares, extranjeras y criollas obtuvieron ventajas económicas sin la necesidad de hacer la revolución. Los trastornos producidos por la revolución haitiana (1791 - 1804) y las guerras de independencia en las colonias españolas (1810 - 1824) ofrecieron condiciones favorables para las oligarquías en Cuba y Puerto Rico. Se les permitió el libre comercio de sus productos con cualquier puerto y barcos de cualquier nacionalidad.

En Cuba y en Puerto Rico la oligarquía y los sectores medios se mostraron satisfechos con el "status quo". La crisis de la independencia en Sur América produce bonanzas en Cuba y Puerto Rico, en parte porque no hay competidores. Las corrientes políticas radicales e independentistas, inspiradas por los ideales de la Revolución Francesa y del liberalismo inglés, así como el ejemplo de Bolívar, fueron dominadas y reprimidas por las autoridades realistas".

El régimen de privilegios para los peninsulares y los extranjeros recién llegados se le niega a los criollos. Todo para los incondicionales; nada para los puertorriqueños, excepto vigilancia, control y represión. Ello separa y define a los criollos.

En la primera década del siglo XIX se manifestaron en la Isla las primeras tendencias separatistas. En 1810 circula un pasquín llamando a los puertorriqueños a tomar las armas. Las ideas revolucionarias de Estados Unidos, Francia y Haití se propagaban discretamente por todo el país. Se vislumbran los primeros signos de la modernidad. Entre 1803 y 1806 se introduce la imprenta. Se publica el primer periódico, La Gaceta de Puerto Rico, entre 1805 y 1806.

A partir de 1824, sobre Puerto Rico se posa la larga noche del absolutismo y la opresión. El régimen conservador se propone el control y la disciplina del sector laboral, compuesto por esclavos, libertos, agregados, jornaleros y "vagos".

En el aspecto político, el control incluía perseguir y suprimir el incipiente pensamiento separatista y mantener las defensas de la Isla alertas y preparadas para repeler intentos de invasión de las fuerzas independentistas de Tierra Firme. En 1813 el gobierno español creó cuerpos de policía secreta en San Tomas, Curazao y Venezuela para detectar cualquier atentado separatista. La política de represión y opresión de los gobernadores pudo apagar los incipientes proyectos separatistas dentro de la Isla.

En 1822 las autoridades española lograron, con la ayuda del gobernador holandés de Curazao, desbaratar, antes del desembarco por Añasco, la expedición del alemán Ducoudray Holstein. Era un plan bien fraguado y armado para proclamar la República de Boricua. Pero los(as) historiadores(ras) no están seguros(as) si fue una aventura de mercenarios extranjeros o un proyecto de puertorriqueños en Mayagüez y Añasco o la combinación de ambas cosas. Lo cierto es que en tierras puertorriqueñas fueron apresados dos de los conspiradores, Dubois y Romano, quienes fueron fusilados en El Morro el 12 de octubre de 1822. Luego en 1825, fueron desterrados los patriotas María Mercedes Barbudo y su hermano José, en cuya residencia en San Juan conspiraban los separatistas. Así las cosas, cualquier proyecto libertador tenía que venir del exterior, desde el continente suramericano.

La revolución independentista en la América Española

La historiografía coincide en que la revolución independentista del continente suramericano fue inicialmente obra de los terratenientes, los grandes comerciantes y la aristocracia criolla. Fue una revolución de arriba hacia abajo. La dependencia política con respecto a España era un obstáculo al desarrollo de América Latina. La política mercantilista y monopolista de la metrópoli impedía el desarrollo de las empresas americanas.

Las oligarquías latinoamericanas rechazaron los movimientos liberales de la España republicana. Pero cuando regresó el absolutismo y se restauró la monarquía bajo Fernando VII en 1814, los criollos ricos ya no estaban dispuestos a regresar al antiguo régimen.

Durante los años de la guerra en el continente (1815 - 1824), los puertorriqueños esperaban por su desenlace, escuchaban rumores y temían o deseaban una invasión de fuerzas revolucionarias, desde México o Colombia, mientras los sectores dominantes se enriquecían.

Los rumores eran ciertos. El 15 de junio de 1815 hubo una reunión entre puertorriqueños, cubanos, mexicanos y dominicanos en Ciudad de México, en la cual se firmó un poder a favor del cubano José Álvarez de Toledo, para que organizara un ejército libertador que sacara a España del Caribe. Washington estuvo muy atento. El presidente Monroe le pidió a Álvarez que se trasladara a Washington y le diera detalles. Parece que Washington hubiera apoyado este proyecto para impedir que los ingleses se apoderaran de las antillas españolas.

Puerto Rico en los planes del Libertador

Porque en la isla no existía un proyecto libertador organizado, que lograra amortiguar o resistir los mecanismos represivos, la única alternativa libertadora tenía que venir desde afuera. Juan Bosch lo expresa de esta manera: "El puertorriqueño no podía rebelarse porque vivía inmerso en un ambiente de poder militar que lo paralizaba".

En 1823 los patriotas cubanos y puertorriqueños coincidían en que la libertad de ambas islas dependía de la ayuda del ejército del Libertador y sus generales. Había que esperar que la guerra terminara en el continente, que se expulsara definitivamente a los españoles del Perú y que se consolide la independencia.

Pero había otro inmenso problema. Los Estados Unidos no simpatizaban con ninguna acción en el Caribe que afectara el "status quo". Apoyaban abiertamente la continuación de Cuba y Puerto Rico bajo el colonialismo español. Manuel Maldonado Denis señala que Estados Unidos impidió, junto con Inglaterra, que la obra libertadora de Bolívar incluyera la liberación de Cuba y Puerto Rico. Lo cierto es que no se dieron las condiciones favorables para ello. Los planes de anexión o la ocupación de ambas islas, de una forma u otra, era parte de la política expansionista de los Estados Unidos desde la presidencia de John Adams (1797 - 1801) en adelante. Cuando llegara el momento, sería más fácil para Estado Unidos comprarlas o tomarlas de España.

Bolívar siempre tuvo en sus planes la liberación de Cuba y Puerto Rico. Lo dice temprano en 1815 en su Carta de Jamaica. Y lo repite en 1820 en una carta al general Santander. Pero también conocía de la oposición de Estados Unidos y del interés de Inglaterra de ocupar ambas islas.

En 1823, con la participación de revolucionarios cubanos, hubo un proyecto de expedición a las islas bajo las órdenes del General Manuel Manrique. Pero el proyecto se detuvo con la muerte de Manrique en 1823. Ese mismo año, el general Antonio Valero (1790 - 1863), quien nació en Fajardo, Puerto Rico, llegó a Venezuela desde México. Entonces le expresó al general Santander, vicepresidente de la república colombiana, su proyecto de atacar inmediatamente a los españoles en Cuba y Puerto Rico. Santander le contestó que había que aplazar el proyecto porque todo el presupuesto y el ejército del país estaban empeñados en la campaña del Perú.

En 1824 Valero se reunió con Bolívar en Lima. Estuvo acompañado del patriota cubano José Agustín Arango. Bolívar les dijo lo mismo que les había dicho Santander. Pero dijo más. Dijo que había pensado hacía tiempo en el plan de echar a los españoles de las Antillas y que lo había prometido al coronel José Rafael Heras, hijo de Cuba, quien luchó en Carabobo y murió en Venezuela.

En enero de 1827, cuando Inglaterra amenaza con la guerra a España, por motivo de controversias entre la última y Portugal, Bolívar consideró que sería el mejor momento de atacar a los españoles en Cuba y Puerto Rico. Le propuso al general José Antonio Páez dirigir una expedición de 10,000 hombre de infantería y 1,000 de caballería, que contaría con la ayuda de México. El plan tenía tres objetivos: (1) culminar el proyecto de liberar a toda América del dominio español, (2) garantizar la estabilidad de Colombia y el sosiego de sus regiones besadas por el Mar Caribe, y (3) dar empleo útil al ejército colombiano, el cual no veía acción desde las guerras en Perú y en el Alto Perú, hoy Bolivia.

Bolívar entendía que la ocasión era favorable para la deseada expedición a Puerto Rico, primero, y después, a Cuba. Inglaterra le hubiera provisto de buques y dinero. Y entonces, pese a la oposición de Estados Unidos, llevaría a cabo la empresa militar. Pero no hubo entonces guerra entre Inglaterra y España. La oportunidad única se esfumó.

Bolívar conocía muy bien cuál era la posición de Estados Unidos. Por eso no le agradó que Santander invitara a los Estados Unidos al Congreso de Panamá en junio de 1826. Estados Unidos maniobró contra los objetivos bolivarianos del Congreso Anfictiónico en Panamá. Aunque sus delegados no acudieron - uno falleció en el trayecto y el otro llegó tarde -, la sombra negativa de sus influencias afectaron los debates. Bolívar intentó, sin éxito, la creación de un cuerpo político permanente que sirviera de vínculo federativo entre los nuevos estados latinoamericanos. En cuanto al asunto de la independencia de Cuba y Puerto Rico, Bolívar propuso una expedición, costeado por todos los Estados participantes, Colombia, Perú, Guatemala y México. Pero estos se limitaron a expresar vagamente que "el estado actual de las islas de Cuba y Puerto Rico es incompatible con la seguridad de sus respectivos países."

El Libertador entendía que una expedición a Puerto Rico sería más fácil que la invasión a Cuba. No encontramos las bases de esta teoría del Libertador. En 1815 se había lamentado que Puerto Rico era una de las posesiones que más "tranquilamente" tenían los españoles, a pesar de los vejámenes. No sabemos, por otro lado, cuánta información tenía Bolívar sobre la situación interna de esta Isla en 1827. Valero, quien desde la infancia no había visitado a su país natal, no le hubiera podido informar de datos pertinentes. En cuanto a Cuba, el Libertador se había reunido con numerosos patriotas cubanos, quienes le aseguraban que allí habría una insurrección, sobre todo en la región camagüeyana, que apoyaría la expedición de su ejército.

En febrero de 1827, pasada la euforia de la victoria en Perú, Bolívar sopesó los factores internos y externos que lo obligaban a aplazar cualquier expedición a las Antillas. Entre sus consideraciones estaban las siguientes: (1) Colombia no tenía los recursos económicos para asumir, sin el apoyo de Inglaterra, una empresa de tal magnitud; (2) los conflictos políticos y personales entre él y Santander, entre éste y Páez, y las intrigas y maquinaciones de agentes estadounidenses; más (3) las presiones externas de Inglaterra y Estados Unidos. Algunos patriotas cubanos, desilusionados, pensaron que el proyecto frenado no fue otra cosa que un ardid diplomático para inquietar a España y desalentar sus intentos de restaurar, con otra guerra, su dominio perdido en el continente.

Lo cierto es que nunca sabremos cuál sería la suerte de una expedición libertadora en Puerto Rico, cómo la hubieran recibido los diversos sectores de la población, cuánto hubieran resistido las fuerzas españolas y qué hubiera hecho los Estados Unidos. Nunca lo sabremos. No obstante, no hay dudas del fervor del Libertador de extender su misión histórica a Cuba y a Puerto Rico, porque eran bastiones de las oligarquías españolas y guaridas de donde partían las agresiones a las jóvenes repúblicas. Entre 1824 y 1827, el entusiasmo de Bolívar por la expedición osciló entre el optimismo exaltado y el frío pragmatismo.

Cuando se enteró de la victoria del general Sucre en Ayacucho en 1824, "se puso a bailar como un loco." Estaba loco de alegría. Es posible que en ese momento pensara que su ejército era invencible. La campaña del Perú fue titánica. Tuvo que vencer a las fuerzas de la naturaleza y descender de los picos nevados de los Andes. Allí estaba el ejército español en su plaza más poderosa y protegida. La oligarquía y el pueblo peruano no lo esperaban con los brazos abiertos. Según John Lynch, "los peruanos eran indiferentes a una y otra causa." En ese estado de euforia, Bolívar probablemente no consideró las dificultades de una expedición a las islas del Mar Caribe. Sus naves cargadas de tropas, bestias, armamentos y víveres podrían ser fácilmente destruídas por la poderosa Marina de Guerra de los Estados Unidos o por sus corsarios. La oposición de Estados Undios no era meramente diplomática. Ofreció a España una flota y un ejército para bloquear los esfuerzos de Bolívar.

La expedición a Cuba y a Puerto Rico exigía de planes estratégicos y logísticos muy distintos a los escenarios bélicos en Tierra Firme. Después de la euforia, el Libertador pensó en todo eso y se convenció de que sin la ayuda de Inglaterra y otros países, como México, no era posible el proyecto.

Luego, entre 1828 y 1830, ya no pensaría más en la expedición caribeña. Ese fue "el período más sombrío de su carrera.." Fue humillado, traicionado, vilipendiado y escapó por pura suerte de un intento de asesinato.

Con la muerte de Bolívar en 1830, murió también la posibilidad de una expedición militar libertadora a Cuba y Puerto Rico.

Hiram Lozada Pérez es abogado y presidente de la Asociación Americana de Juristas, Capítulo de Puerto Rico.

Referencias:
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- Pedro Albizu Campos, "Nulidad del Tratado de Paris", Escritos, Publicaciones Puertorriqueñas Editores, 2007
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- Juan Bosch, De Cristobal Colón a Fidel Castro, El Caribe frontera imperial, Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1983
- Lidio Cruz Monclova, Historia de Puerto Rico (Siglo XIX) San Juan, 1970, Vol. 1
- Luis M. Díaz Soler, Puerto Rico, desde sus orígenes hasta el cese de la dominación española, Editorial U.P.R. 1999
- James L. Dietz, Historia Económica de Puerto Rico, Ediciones Huracán, 1997
- Loyda Figueroa, El caso de Puerto Rico a nivel internacional, Editorial Edil, San Juan, 1979
- John Lynch, Las Revoluciones Hispanoamericanas (1808 - 1826), Editorial Ariel, Barcelona, 1974
- Manuel Maldonado Denis, Puerto Rico, una interpretación histórica social, Siglo XIX Editores, México, 1978
- Manuel Moreno Fraginals, La historia como arma, Editorial Crítica, Barcelona
- Jesús Raúl Navarro García, Puerto Rico a la sombra de la independencia continental, 1815 - 1840, C.E.A., San Juan, 1999
- Francisco Pérez Guzmán, Bolívar y la independencia de Cuba, Letras Cubanas, La Habana, 1988
- Fernando Picó, Historia General de Puerto Rico, Ediciones Huracán, 2006
- Emeterio S. Santovenia, Bolívar y las Antillas hispanas, Espasa Calpe, SA, Madrid, 1935
- Gilette Saurat, Bolívar, El Libertador, Editorial Oveja Negra, Colombia, 1987
- Francisco A. Scarano, Puerto Rico, Cinco Siglos de Historia
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