viernes, 21 de noviembre de 2008

¿Qué es Al-Kaeda? Mito y realidad


Abel Samir (especial para ARGENPRESS.info)

Llegar a conocer a fondo lo que es AL-Kaeda (La Base) obliga a estudiar y conocer a su creador, Osama bin Laden. ¿Quién es Osama bin Laden? Digo es y no era, porque hasta aquí no hay pruebas de su fallecimiento, aunque ya no aparezca fotografiándose, ni tenga pre-sencia en actos públicos, ni en reuniones de prensa. Es lógico que así sea, toda vez que Osama tiene precio sobre su cabeza, es a partir del gobierno de Bill Clinton en USA el enemigo público número uno de Estados Unidos.

¿Y por qué eso?, cabría preguntarse. Ha habido una serie de atentados terroristas de los que USA culpa a bin Laden. Este hombre habría sido, según los norteamericanos, el cerebro detrás de esos atentados en los que USA ha sido afectada, como el ocurrido en las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania ocurridas en 1998. Acaso, ¿existe alguna prueba de eso? Nada, absolutamente ninguna prueba, sólo son conjeturas que adoptan la calidad de pruebas, aun-que en todo país, especialmente en USA, se es inocente hasta que no se pruebe lo contrario. El año 1997 hubo una reunión importante a alto nivel de los países del continente africano en Sudáfrica, y allí se tocó el problema palestino, pues bien, todos los delegados condena-ron a Israel, y el delegado norteamericano fue el único que no aprobó la condena, prefiriendo retirarse de aquella importante reunión. La actitud sistemática de USA de apoyar a Israel en todas sus acciones contra los palestinos, incluso aquellas que atentan contra los dere-chos humanos cayó como una bomba en los países musulmanes, en donde ya habían surgido movimientos fundamentalistas que estaban en contradicción con sus gobiernos, en especial con aquellos que eran y, siguen siéndolo, aliados de USA. Osama bin Laden fue una de las personas que condenó la actitud norteamericana. Y consideró, sin equivocarse, que USA e Israel, en esencia representan en la re-gión una unidad de intereses geopolíticos y geoestratégicos. Por eso en su carta abierta al pueblo norteamericano dice: “Es la religión, en la unidad con Alá, sinceramente, la mejor manera, de obtener justicia, misericordia, honor, pureza y piedad. Es la religión la que muestra bondad a sus semejantes, estableciendo la justicia entre ellos, garantizando sus derechos, y la defensa de los oprimidos y los perseguidos. Es la religión la que busca el bien y prohíbe el mal con la mano, la lengua y el corazón de Alá. Es la religión de la Yijad el camino de Alá, con la palabra de Alá y la religión el reino supremo. Y es la religión de la unidad y de los acuerdos sobre la obediencia a Alá, la que permite la total igualdad entre la gente, sin excepción de su color, sexo o idioma”. Esta carta apareció por primera vez en inter-net en noviembre de 2002. Hace el siguiente análisis más correcto que los análisis de Abbas, el presidente de la ANP: ¿Por qué lucha-mos y nos oponemos a ustedes? La respuesta es simple. Ustedes nos atacaron primero y nos siguen atacando. Ustedes nos atacaron en Palestina: Palestina que se ha hundido bajo la ocupación militar por más de 80 años. Los británicos entregaron Palestina, con la ayu-da y apoyo de ellos, a los judíos, que la han ocupado por más de 50 años; años repletos de opresión, tiranía, crímenes, asesinatos, expul-siones, destrucciones y devastaciones. La creación y la existencia hasta hoy de Israel es uno de los más grandes crímenes y ustedes son los líderes de esos criminales. Y por supuesto, no es necesario explicar y demostrar el grado de apoyo norteamericano a Israel. La creación de Israel es un crimen que debe terminar. Todas y cada una de las personas cuyas manos se han ensuciado contribuyendo a este delito deben pagar su deuda, y pagarla con creces”.

Pero para entender mejor a Osama bin Laden, es necesario conocer un poco más del hombre, del ser humano y de sus senti-mientos, antes de verlo sólo como un terrorista, inhumano, cruel, sin conciencia y un retrógrado. Para empezar, aun cuando desde que tuvo uso de razón vivió rodeado de riquezas y no tuvo que luchar para ganarse el pan de cada día, como la gran mayoría de la huma-nidad, a diferencia de los ricachones, este hombre ha sido descrito por los que lo conocen, como un hombre modesto, tímido, introverti-do y de carácter apacible. Jamás se entregó a la vida licenciosa como la que llevan tantos príncipes y ricachones saudíes, y los monarcas sauditas. Se inició en las doctrinas religiosas del Islam desde joven en una madrassa de su país.

Además, un hombre inteligente que a los 22 años se graduó en ciencias económicas en la universidad “Rey Abdul Aziz” de Arabia Saudita con una mención de honor. Acaso eso ¿lo descalifica ante quiénes sólo ensalzan valores sociales positivos en los que provienen de la clase trabajadora? Probablemente sea así. Es difícil entender que un millonario deje toda su comodidad, su vivencia holgada, su familia y sus amistades, para irse a vivir a una cueva de una montaña inhóspita y perseguido a muerte. Algunos articulistas señalan que cuando se trasladó con su familia a Kandahar, al sur de Afganistán, durante el dominio de los talibanes, se hizo construir una mansión. Es probable que así haya sido, pero, acaso, ¿es reprobable eso? Y, ¿qué grande sería esa mansión? ¿Por qué nunca la han mostrado sus enemigos? Sobre el uso de su dinero sabemos que gran parte de él lo ha empleado también en financiar, sin ganar nada, en obras de carácter social, como apoyar económicamente a las familias afganas cuyos jefes de hogar hubiesen muerto en combate. En Sudán costeó una fábrica de medicamentos que los norteamericanos bombardearon con la excusa de ser una fábrica de explosivos. Asimismo, sufragó la construcción de carreteras en ese país tan subdesarrollado. Se sabe también que muchos de los combatientes de Al-Kaeda reciben ayuda económica de su bolsillo para trasladarse de un país a otro.

¿Cuáles son sus pensamientos? Y, ¿por qué su lucha? Entender el pensamiento de este hombre obliga a ver este mundo musulmán con ojos distintos de aquellos que están muy influidos por la cultura occidental y por la fe religiosa judía o cristiana. Es del todo necesario, si uno quiere entender las razones que aparecen como sinrazones. Como diría Marx, hay que ir a la esencia del pensamiento religioso, del cual depende, en gran medida, la cultura; y dejar por el momento de lado lo inesencial, los circunstancial y lo secundario. ¿Por qué digo esto? Porque Osama bin Laden no es un personaje de leyenda, tampoco un mito, ni menos alguien no existente, como hay personas que lo sostienen. Es un hombre más, entre todos los hombres, pero un hombre de ciertas cualidades, producto de las cuales ha pasado a la Historia. Es la primera vez en la historia de USA que ocurre un atentado como el del 11 de septiembre, un atentado de esas enormes proporciones y de esa naturaleza que se achaca a un islamista como bin Laden. Y no sólo por eso será conocido, recordado, odiado y vili-pendiado. Aunque sea o no culpable del atentado, ha hecho historia. “La Historia la hacen los hombres, decía Marx, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente y les han sido legadas por el pasado”.

Y, ¿cuáles son las circunstancias con las que Osama bin Laden se ha encontrado en su camino, las circunstancias legadas por el pa-sado y en las que ha desarrollado su lucha?, veámoslas.

El mundo musulmán está fuertemente dividido no sólo por razo-nes religiosas como entre chiítas y sunitas, también entre los partida-rios de USA, de su cultura y los que son sus enemigos por razones no sólo culturales, también por razones económicas, políticas y geo-políticas. Entre los que flirtean con Israel y los que se han declarado sus enemigos. Entre los amigos de USA se encuentran una serie de monarquías antidemocráticas que tienen mucho en común, especial-mente por su falta de moral, de ética y por la riqueza personal que disfrutan producto de los medios económicos de sus países y por la corrupción reinante. En este mundo nació y se educó bin Laden. El intento de criticar a su monarca le valió el exilio entre 1991 y 1992. Su primer exilio lo vivió en Sudán, en donde había un régimen cercano al fundamentalismo que lideraba el general Omar al-Hassan al-Bashir. En Jartum estableció muy buenos vínculos con diferentes religiosos que eran partidarios del fundamentalismo. El hecho de vivir en Sudán no le imposibilitó de continuar dirigiendo sus empresas que tenía dis-persadas por Arabia Saudita. Hay que entender que, bin Laden no es un socialista que esté de acuerdo con la propiedad colectiva y con la empresa capitalista de Estado. En él debe haber muchas razones pa-ra eso, la principal razón, sin dudas, es que la consciencia es casi siempre producto del lugar que tiene el individuo en la producción. Y un empresario realmente socialista o comunista es una utopía. Mire-mos un poco nomás a los nuevos ricos de la Federación Rusa. Después de la caída de la URSS se conoció muchas cosas que mos-traron un mundo muy alejado del mundo idílico que nos presentaban. Eso influyó en que mucha gente vea ese modelo como algo pura-mente utópico. Y, ¿por qué no lo podría verlo así el joven idealista Osama bin Laden?

Sobre Osama bin Laden se ha escrito mucho y se cuentan histo-rias, muchas de ellas, muy alejadas de la realidad. Entre aquellas per-sonas identificadas con el socialismo o con una sociedad comunista hay mucha tergiversación de la verdad histórica y algunos han levantado mitos creados con la clara intención del desprestigio. Creo que es necesario escribir sobre lo que es real y echar a un lado lo que no corresponde a la verdad probada. Para eso hay que ver al hombre en su esencia, nos guste o no él o sus ideas, estemos de acuerdo o no con sus métodos. Lo importante es la verdad apoyada en hechos concretos y no solamente en especulaciones o indicios. Los humanos no somos perfectos, ni buenos ni tampoco malos del todo, además, que bueno y malo son relativos a quiénes favorecen o perjudican.

El marxismo plantea que la fuerza propulsora de la historia es la lucha de clases. Sin embargo, estas luchas se ven aniebladas por las ideas y las ideologías. En el escrito “Feuerbach, Oposición entre las concepciones materialistas e idealistas”, Marx y Engels señalan que “el factor dominante en la historia son siempre las ideas”. En el caso de bin Laden, el hombre trata de mantener una ideología (la vida familiar, la religión, las leyes) en peligro de cambio, de oponerse a una ideología que proviene de occidente, no sólo el temor a una nueva religión, sino también el temor a costumbres corrompidas, y sobre todo, una cultura, factor este último, en un proceso de cambios, (por lo que sostenemos que la cultura tiene un carácter histórico) cada vez más orientado a lo erótico y a los placeres mundanos, que terminan por corroer las bases que sustentan la unidad familiar del mundo islámico. Y en el Islam, la unidad familiar es la base de la estabilidad social y de los clanes. La religión musulmana es para bin Laden la fuente de la felicidad terrenal, siempre y cuando se sea un creyente al estilo de ellos. La Yijad (Guerra Santa) es el medio de imponer sus criterios y de enderezar los entuertos que, según bin Laden, han hecho los humanos seguidores de Mefisto. En esto último no se diferencia mucho de cristianos que ven lo mismo, sólo que para ellos los buenos y representantes de Dios son ellos y los otros los representantes del demonio. Aquí se presenta una situación cuyas raíces profundas las encontramos en la historia de Oriente Medio. El enfrentamiento entre judíos y no judíos, después entre cristianos y musulmanes no ha terminado, sólo que han cambiado las formas y los personajes. A esas contradicciones se les agregan las econó-micas y las geopolíticas entre USA y otras naciones como Irak, Irán y geoestratégicas con Afganistán.

En el Islam el clan es todavía una institución muy arraigada y que les da fuerza a los individuos miembros. Pertenecer a un clan fuerte de muchos miembros les da poder y prestigio. Por esa razón todavía los matrimonios son arreglados. Desde niños ya se busca la unión de un clan con otro, como ocurría en la antigüedad en Europa, incluso durante el modo de producción feudal. Los reyes casaban a sus hijos con los de los reyes vecinos para formar un futuro reino o una unión que le diese garantías de poder a futuro. Eso ya no existe en el mundo occidental, pero en ese mundo eso es algo que sigue vigente y que la gran mayoría de los padres defienden y apoyan. Esas ideas no son sólo de los fundamentalistas. Vemos hoy que en Jordania todavía ocurren asesinatos invocando razones de faltar al honor, es decir, que una muchacha se case sin el consentimiento no sólo de los padres, también del clan familiar.

La intervención soviética en Afganistán en 1979 creó un senti-miento antisoviético en el mundo musulmán, sobre todo en la juven-tud religiosa. Miles de jóvenes de todo el mundo islámico marcharon a Afganistán para participar en la lucha contra los soviéticos. En ese mismo año sucedió la revuelta de la Meca contra la monarquía saudí acusada de haber adoptado costumbres relajadas y haberse aficiona-do a hábitos propios de los impúdicos occidentales. Muchos de estos príncipes viajaban de vacaciones a Europa a tirar el dinero a mon-tones en casinos, prostitutas elegantes, y otras diversiones, mientras su pueblo pasaba necesidades. Osama bin Laden, un joven recién egresado de la universidad también se alistó. Probablemente llega-ban primero a Pakistán, ya que el gobierno de ese país apoyaba la lucha contra los soviéticos. Todavía no existía el movimiento talibán. Que bin Laden haya sido un miembro de la CIA o a su servicio, son sólo especulaciones lanzadas para desprestigiar al hombre. USA, al igual que Arabia Saudita, aportó medios económicos, además apoyo logístico y de inteligencia a los muyahedines que pertenecían a dife-rentes grupos, conforme a la estructura típica de clanes, sobre todo a aquellos que eran de la zona pashtuna. Los uzbecos, los tajicos y otras etnias de la zona norte estaban más influenciados por la URSS, ya que los países vecinos de Afganistán, ubicados al norte, eran de esas etnias y todavía formaban parte de la unión. La participación de bin Laden en esa primera época fue la de un guerrillero más.

El fundamentalismo chiíta de Irán estaba en contradicción con el fundamentalismo sunita al cual pertenece bin Laden. Lo mismo los de la zona norte. Los chiítas constituyen una minoría en Afganistán. De manera que es absurdo presentar a los iraníes aliándose con los af-ganos. También absurdo es lo que plantean algunos articulistas, en el sentido que USA temiera que Irán suplantase a los fundamentalistas afganos. Algo imposible que pudiese ocurrir en aquella época y me-nos ahora.

A partir de 1980, Osama Bin Laden, entrenado posiblemente en Pakistán o por guerrilleros que habían sido entrenados allí, se trans-formó en un agitador y en un organizador, probablemente posea cier-to carisma, de otra manera sería difícil de entender que tenga tantos seguidores dispuestos a dar la vida por él. Posteriormente, alrededor de 1983 se estableció en Pakistán, en la ciudad de Peshawar y allí estableció una oficina de reclutamiento no sólo para pakistaníes, sino también para todo musulmán que quisiera empuñar un arma. Finan-ció el traslado de hombres y armas de esa zona a la zona de opera-ciones en Afganistán. Se hacía por tierra aprovechando lo difícil que es el terreno y que no cualquiera puede ubicarse allí. Experiencia que aprovecharía más tarde contra los yanquis y sus aliados. A partir de 1986 Osama bin Laden deja esas actividades administrativas y orga-nizativas y se integra a la lucha en la provincia de Nangarhar, cuya capital es Jalalabad, en el noreste de Afganistán, relativamente cerca a la frontera con Pakistán. En esa área operaba una guerrilla al man-do de Hekmatyar que era el líder del llamado Partido Islámico.

El trabajo que realizó en Peshawar le sirvió para establecer rela-ciones y contactos con diferentes grupos y partidos islámicos que ya estaban enfrentados en sus países con los gobiernos llamados “laicos”, es decir, prooccidentales, porque de laicos no tenían nada. En las montañas cercanas a Jalalabad, cerca de la frontera, los mu-yahedines excavaron túneles para resistir el bombardeo aéreo y así poder esconder también material logístico y combatientes. De esa forma la guerrilla se hizo invisible a la vista de los soviéticos. En tanto que las fuerzas afganas del gobierno “democrático” no llegaban a esas zonas, su área de acción se reducía las ciudades principales y un cierto radio de acción relativamente pequeño alrededor de estas.

En 1988 surgió Al-Kaeda (La Base). Surgió no como una orga-nización más, sino como una escuela de formación de combatientes islámicos. Eran los modernos mamelucos, siguiendo la tradición de aquellos valerosos combatientes selectos de la época de las cruza-das. Se les impregnaba del Yijad (Guerra Santa) y del espíritu de sacrificio. La muerte debía ser bien recibida, porque así lo quería Alá. Era una hermandad, los combatientes eran hermanos, sin diferencias de ningún tipo, igualados ante los ojos de su dios. Allí, no existían las clases ni los privilegios. Se compartía tanto la alegría como el dolor. Este espíritu soldaba a la gente, la pasión por redimirse ante los ojos del creador era todo. Creer y morir para vivir en el más allá con muchas doncellas y gozar de todo. Por algo la gran mayoría, por no decir casi todos, era gente que, o pertenecían a la clase trabajadora o a la clase media intelectual. Osama bin Laden era una excepción. Por eso la gran admiración y el respeto que sentían por él sus hermanos.

Al-Kaeda nunca tuvo la estructura típica de las organizaciones y partidos revolucionarios como fue el bolchevique, el chino, el cubano, o cualquier otro, sea marxista o no. Algunos, los que sobresalían por sus condiciones, por su valentía y por otras razones pasaron a integrar una especie de consejo alrededor de bin Laden. La mayoría cumplía un período de entrenamiento y lucha, para irse a su país de origen o a otro país a llevar la idea, para agitar la Yijad. Se trans-formarían en los Yijadistas. Algún tipo de contacto tendrían que dejar por si alguna vez se les necesitaba y por si ellos necesitaban ayuda financiera. Eran como las aves: vivían con sus progenitores hasta que pudiesen volar, después su tarea era reproducir la idea e iniciar la lucha en otras tierras, en otros montes o en otras ciudades. Eran libres en todo caso. El compromiso no era con bin Laden, era con su propio yo, con su espíritu. Eso convertía a Al-Kaeda en una organi-zación dispersa, fluida, ubiqua (esta allí, pero no está), cada parte independiente, que puede funcionar por sí sola, sin importar que más allá, un grupo hermano sea abatido, muchos tendrían que morir, pero vendrían otros. Esta es la filosofía de la organización. Inútilmente se buscará la estructura. Es como un árbol con cientos de ramas que nacen de un tronco y que de sus frutos nacerán otros árboles y otras ramas y otros frutos, y así hacia el futuro. Al-Kaeda es una red con múltiples nudos donde se establecen contactos cuando se requieren.

Por esa razón no es bin Laden el que establece un atentado o una acción determinada. No esta dentro de sus atribuciones ni de sus posibilidades. Como decían los talibanes al requerimiento de USA pa-ra que le entregasen a bin Laden: “No tiene fax, no tiene teléfono, ni radio, no puede contactarse con esos grupos lejanos”. No mentían, decían algo que a los norteamericanos les sonaba a una burda men-tira. Los talibanes sabían que detrás de los atentados contra los yan-quis habían organizaciones hermanas, pero no bajo la orden directa de bin Laden.

El cerebro del atentado del Trade Center en 1993, durante el gobierno de Bill Clinton, fue Ramsi Yousef, un desconocido para Osa-ma bin Laden. No hay prueba alguna de que hayan tenido alguna forma de contacto. Por esa razón, a los presos en Guantánamo no se les han formulado cargos que se relacionen con ese atentado. De manera que Al-Kaeda no estaba involucrada. Recién después de 1998 le tratan de achacar a Al-Kaeda los atentados contra embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania. Como si Al-Kaeda fuese la única organización terrorista islámica que busca vengar al mundo musulmán de los abusos cometidos por USA y sus acólitos contra los intereses musulmanes y contra el pueblo palestino en particular.

El atentado contra el World Center de New York el 11 de sep-tiembre fue realizado por un grupo pequeño de árabes Yijadistas que se habían preparado desde mucho tiempo para ese terrible atentado. Eran individuos inteligentes, con conocimientos suficientes para volar unos aviones modernos y dispuestos desde el comienzo a ofrecer sus vidas. ¿Dirigía este grupo bin Laden? Osama bin Laden nunca ha reconocido que él hubiera organizado el atentado. No es necesario que bin Laden esté manejando los hilos de todo lo que acontece en el mundo como parte de la yijad. Es difícil de entender para quienes han participado en organizaciones rígidas, con jefaturas inamovibles y con estructuras intermedias que recuerda la estructura estatal de cual-quier país. Además, es muy difícil para los occidentales, se declaren ateos o creyentes, entender la filosofía que existe en el yijadista. Tan-to es así que, una serie de escritores y articulistas de toda clase, lan-zan teorías absurdas sobre estos atentados, teorías basadas en la incapacidad de meterse en la ideología de esos modernos mame-lucos. Creen que los miembros de la CIA serían capaces de ofrendar sus vidas en aras del capitalismo, como lo hacen los yijadistas en aras de su religión. En esa diferencia reside la fuerza de Al-Kaeda.

Es muy interesante entender las palabras emitidas por uno de los hombres más cercanos a bin Laden, Aiman Al-Zawahri. Este hombre entre otras cosas, con respecto al 11 de septiembre dijo:

“Los Estados Unidos de Norteamérica han sido atacados por Alá Todopoderoso en uno de sus órganos vitales, y sus edificios más grandes han sido destruidos. ¡Por la gracia y gratitud de Alá! El horror se ha vertido sobre los Estados Unidos desde el norte hasta el sur, desde el este hasta el oeste, y gracias a Alá están ahora padeciendo los Estados Unidos sólo una muestra de lo que nosotros hemos pade-cido. Nuestra nación islámica ha estado sufriendo lo mismo durante más de 80 años (una alusión a Palestina), de humillación y desgracia: sus hijos han sido asesinados, su sangre ha sido derramada, y sus lugares santos han sido profanados (otra alusión a Palestina, a la mezquita de Jerusalén).” Las palabras de Al-Zawahri se pueden inter-pretar de varias formas, pero no son ninguna prueba de que bin La-den haya planificado u ordenado ese ataque.

Para terminar, quisiera formular lo siguiente sobre bin Laden: el camino que tomó, que no fue fácil recorrerlo, sobre todo para un hom-bre de su posición económica y social, se debió, más que nada, a Palestina.

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