martes, 4 de noviembre de 2008

"Ser mujer, negra, y meterse en política, desafía al conservadurismo colombiano"

Katy García (PRENSARED)

Mujeres organizadas reclaman una solución política al conflicto colombiano. Rocío Claros, militante de la organización Mujeres por la Paz, denuncia la violencia que sufren las mujeres en su país. Acusó al gobierno de tolerar violaciones en zonas donde se instalan bases militares y de asesinar a los bebés de mujeres embarazadas para crear una "cultura del horror".

Rocío Claros, militante de Mujeres por la Paz, participó en la Constituyente Social realizada en Jujuy. Su tarea principal fue difundir una campaña internacional en pos de una solución pacífica en su país. En el Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en Neuquén, en agosto del corriente año, lanzaron junto a otras estructuras la plataforma continental por la paz. "La idea es reunir organizaciones de mujeres y mixtas para exigir el fin del conflicto colombiano de manera política y no solamente con el silenciamiento de los fusiles", destaca Claros.

El llamado está dirigido a sensibilizar a la comunidad internacional para lograr acuerdos humanitarios que permitan la liberación de rehenes de la guerrilla y de presos políticos en manos del gobierno. "La preocupación la hemos extendido a todo el continente teniendo en cuenta que no es un conflicto solo de Colombia, sino que es algo que atañe a toda Latinoamérica", detalla. Se refiere a los hechos ocurridos en Bolivia, donde Santa Cruz fue apoyada por la derecha colombiana y a la invasión operada en Ecuador.

Claros, advierte que las fronteras están en riesgo porque "la dictadura civil colombiana no tiene escrúpulos y cuenta con el apoyo del imperio para manipular a los gobiernos y a las organizaciones". Asimismo opina que la soberanía de los países está amenazada y cita como ejemplo lo ocurrido con los campesinos paraguayos.

La militante colombiana cree que las mujeres pueden ayudar a resolver conflictos. Sin embargo se aleja de Ingrid Betancourt y reivindica lo actuado por Pilar Córdoba. "En la Argentina, las Madres de Plaza de Mayo son un símbolo de resistencia al igual que los encuentros de mujeres, también son un ejemplo para el resto de Latinoamérica", recalca.

¿Las mujeres en Colombia, están organizadas?

Hay bastantes organizaciones, como la Asamblea de las Mujeres por la Paz que nuclea a otras organizaciones sociales a nivel nacional y tiene fuerza en todo el país. Está la Ruta Pacífica que reúne a mujeres donde la violencia se manifiesta de manera álgida. Se hace un acompañamiento, con marchas anuales en esos lugares y también está la Organización Femenina Popular que es clave en la denuncia de los procesos que se han dado en la zona petrolera y cómo las multinacionales han venido a arrasar con el territorio y los recursos. Muchas mujeres han sido asesinadas, perseguidas, violadas y usadas como trofeo de guerra.

¿Cuál es su opinión sobre Ingrid Betancourt?

Pienso que fue un trofeo de guerra, pero ella negoció y eso no se puede ocultar. Pero esta mujer es tomada como un símbolo en el conflicto y sus organizaciones son bastante visibles. Pero hay un montón de organizaciones de base que seguimos luchando, seguimos resistiendo, a este terrorismo de Estado que se viene gestando y que confunde al pueblo a través de los medios de comunicación. Hay una mujer muy emblemática en el periodo de resistencia colombiano y es la senadora Pilar Córdoba. Ella estuvo en el Encuentro Nacional de Mujeres en Argentina promoviendo la plataforma. Apoyamos ese proceso porque el hecho de ser mujer, negra y meterse en política desafía al conservadurismo colombiano. Pero más que los gobiernos, nos interesan las organizaciones de base y sus reivindicaciones.

¿Cuáles son esas reivindicaciones?

No son muy distintas que las de acá. Que haya igualdad de género, una política de salud sexual y reproductiva coherente con las necesidades de las mujeres. El tema del aborto ha tenido más desventajas que acá porque la Iglesia tiene mucha influencia. Se logró hace unos años que se despenalicen algunos artículos, pero más allá de esto el valor del cuerpo de la mujer no existe y es considerada desde la visión del hombre, con múltiples papeles. Por otra parte, en zonas donde la guerrilla tiene poder, instalan una base militar y al poco tiempo las chicas quedan embarazadas. En su mayoría son indígenas, ni siquiera hablan español y no califican los hechos como violaciones, sugiriendo que son relaciones consentidas. Pero en realidad no tienen conciencia clara de lo que les pasa.

¿Además de igualdad de derechos, qué están exigiendo?

Reclamamos que se visibilice la situación planteada porque son víctimas de este conflicto. Además, los paramilitares han tomado una modalidad horrorosa, que espanta. Consiste en utilizar mujeres embarazadas para romperles su vientre y asesinar a su bebe frente al pueblo. Como es tan sangriento, no se dice. Es parte de la cultura del horror. Queremos que haya un reconocimiento a la subjetividad de las mujeres, y los derechos que tenemos. Porque hemos visto que en Nicaragua salieron del conflicto, pero las mujeres siguieron igual, incluso penalizaron el aborto. Si hay una revolución, queremos que nos incluya realmente.

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