jueves, 11 de diciembre de 2008

Argentina: Llegó la hora de saldar la deuda interna


Carlos Alberto Valduvino (PRENSA RED)

Ha pasado un cuarto de siglo de vigencia de las instituciones en Argentina y los poderosos continúan enriqueciéndose a costa del pueblo trabajador. Es tiempo de construir una Nación que no solo contenga a los que más tienen, sino a todos ciudadanos.

"Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie ... todos
juntos hemos recuperado nuestros derechos".
(Raúl Alfonsín tras ganar las elecciones el 30 de Octubre de 1983).

Después de siete años y medio de una feroz dictadura, el 10 de diciembre de 1983, Raúl Ricardo Alfonsín asumía la presidencia de la Nación, donde nuestra generación recién estaba llegando a los 20 años y escuchamos a lo largo de toda nuestra juventud: "Algo habrán hecho" para justificar la represión del Estado.

El gobierno de Alfonsín, en el nivel económico, se desarrolló en un contexto en el que el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) (1930-1976) ya había prácticamente desaparecido. La industria nacional se hallaba herida de muerte, con sectores enteros quebrados y prácticamente desaparecidos, producto de la doble acción de la especulación financiera y de la competencia de productos importados.

El "Plan Austral" (1985) y "Plan Primavera" (1987), funcionaron durante un breve periodo, mientras tanto se reducía la inflación y se obtenía durante ese corto tiempo la "confianza" de organismos y bancos internacionales.

El juicio a los ex comandantes, la política de Derechos Humanos y el problema militar propiamente dicho, en cuanto que el gobierno tuvo que enfrentar varios levantamientos militares, fueron el marco político por el que tuvo atravesar el presidente Alfonsín.

En al año 1985 comenzó el juicio a los ex integrantes de la juntas militares. Si bien el hecho marcó un precedente histórico para el país y para toda América Latina, pues en la mayoría de los casos en que hubo Golpes de Estado los crímenes siempre quedaron impunes, la impresión de algunos sectores fue que las penas eran insuficientes y muchos de los acusados de menor rango, habían quedados absueltos.

Lo cierto es que los tenientes generales y los ex Presidentes de facto, Jorge Rafael Videla y Roberto Eduardo Viola, el brigadier General Orlando Ramón Agosti y los almirantes Emilio Eduardo Massera y Armando Lambruschini fueron acusados y sentenciados por los delitos de homicidio, privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos a los detenidos.

También fueron sentenciados por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, el brigadier general Basilio Lamí Dozo y el almirante Jorge Isaac Anaya (absuelto por la justicia civil).

Pero un acontecimiento iba a marcar los días del período alfonsinista: el 16 de abril de 1987, un grupo de militares que se conocerían luego como "los carapintadas", guiados por el teniente coronel Aldo Rico, se amotinó en el edificio de la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, con la excusa de resistir a una citación del mayor Ernesto Barreiro a presentarse ante la Justicia.

Los amotinados solicitaban el cese de lo que ellos llamaban "campaña de agresión contra las Fuerzas Armadas" y un aumento en el presupuesto de sus respectivas armas entre otras cosas. Mientras tanto, en todo el país, la gente se concentraba en calles, plazas y municipios para expresar el repudio a la actitud de los "carapintadas" y su apoyo al gobierno constitucional.

Las Leyes de "Obediencia Debida" y "Punto Final" fueron vistas por la sociedad como un inequívoco signo de debilidad del gobierno constitucional frente a las presiones ejercidas por el "partido militar".

El año 1989 sería aún más adverso para el gobierno de Alfonsín. La falta de provisión eléctrica agudizó los problemas, además, el copamiento del Regimiento 3 de Infantería de La Tablada llevado a cabo por miembros del Movimiento "Todos por la Patria" y su recuperación (encargada a la policía y al Ejército) generó un saldo de 39 muertos y explicaciones turbias y oscuridad respecto de los móviles y conexiones de la acción ultraizquierdista (como la denominó el gobierno) y también sobre la forma en que fue resuelta la cuestión.

La hiperinflación, saqueos, violencia en las calles hizo que llegara en forma adelantada a recibir el bastón de mando presidencial quien había ganado en las urnas Carlos Saúl Menem, a pesar de todo, por primera vez en mucho tiempo, un gobierno civil y elegido constitucionalmente era sucedido por otro de igual condición.

Así transitamos nuestros primeros años de Democracia. Muchos de nosotros, conseguíamos en esos años nuestro primer empleo formal y otros tantos encontramos en los espacios políticos-sindicales un lugar para luchar por nuestras convicciones, que ya se comenzaban a vaciar en las estructuras político-partidarias.

Estábamos ingresando a la década infame de los '90. La lectura de "Formación Política para la Democracia", colección que leíamos en el pueblo, haber estudiado historia con Bustinza, leer la historia del radicalismo, encontrar similitudes en concepción filosófica y política al interpretar y entender al peronismo, nos fueron curtiendo y dando identidad de resistencia de lo que vendría.

Transitábamos con compañeros que habían sufrido la cárcel, la tortura, la persecución, el exilio, pero a quienes no pudieron vencer en sus ideales de justicia social.

Fuimos los trabajadores de Prensa y la Comunicación los que sufrimos en carne propia el primer embate a fondo de la política neoliberal. Privatizaron los canales de TV y radios del estado en todo el país, y en los medios en general, se ingresó en el proceso de renovación tecnológica que nos hizo resistir, primero los puestos de trabajo, y después dar la disputa a los medios oligopólicos de la información, que hoy gozan de buena salud, porque si bien estamos intentando llevar adelante una nueva ley de radiodifusión democrática –sigue vigente la de la dictadura militar-, aún no existe la voluntad política de llevarla adelante.

Aprendimos que la palabra "política" es la que nos hace tener razón de vivir, pese a muchos dirigentes hicieron lo posible para generar dudas y pérdida de confianza de una gran parte de la sociedad.

A 25 años de haber recuperado la democracia, que costó muerte o desaparición a 30 mil compañeros; de haber transitado de Raúl Alfonsín a Cristina Fernández de Kirchner en el poder presidencial, pasando por Carlos Menem, Fernando De La Rúa, Adolfo Rodríguez Saa, Puerta, Duhalde y Néstor Kirchner, la deuda interna sigue en esperando.

No se construye una sociedad justa, con excluidos. No habrá justicia social, sin una real distribución de la riqueza. No podremos tener un presente y un futuro de porvenir, si nuestros niños y nuestros viejos, se nos mueren por causas evitables.

Como dijo Alfonsín apenas ganó las elecciones: "Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie...todos juntos hemos recuperado nuestros derechos". Es ahora el cuando todos debemos hacer realidad nuestros derechos. El derecho a la salud, el derecho al empleo, el derecho a la educación.

En 25 años no hemos derrotado a los que más tienen, que siguen acumulando riquezas, en detrimento de la gran mayoría que es pobre o cada vez más pobre.

Con esta reflexión los que transitamos por esta hermosa militancia política- sindical, debemos recuperar los espacios para ejercer el disenso o coincidencias políticas. Retomar el sentido de clase trabajadora e innovadora, y diferenciarnos de los que no quieren cambiar, o de los que simulan cambiar para no modificar nada. Llegó la hora, es el tiempo.

El sueño de hoy es el de siempre. Tener una patria, una nación que nos cobije a todos, y no que sólo contenga a unos pocos. Es tiempo de saldar nuestra enorme deuda interna.

Imagen: Pobreza en Argentina. / Autor: PRENSA RED

Carlos Alberto Valduvino es Secretario Adjunto del Cispren.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.