lunes, 8 de diciembre de 2008

Argentina, Rosario: Patotas sindicales, barras bravas y policías

CORREPI

La batalla campal protagonizada por dos sectores enfrentados de ATILRA, el sindicato de los trabajadores de la industria lechera, que culminó con 13 heridos y un muerto, vuelve a mostrar la permanente asociación de la burocracia sindical y sus patotas, las barras bravas del fútbol, y la policía.

El episodio no es nada novedoso, si recordamos tantos otros similares donde usan para dirimir sus conflictos internos los recursos que más a menudo emplean contra los trabajadores y el pueblo. Como en San Vicente, cuando se enfrentaron sectores de distintos gremios en la disputa por estar más cerca del féretro de Perón; el asesinato, también en Rosario, del tesorero de Camioneros, Beroiz; las disputas en el sindicato de Luz y Fuerza de Villa María, con tiroteos al por mayor, o, más recientemente, la gresca, con un muerto, entre las patotas de dos sindicatos petroleros en La Pampa.

Menos novedosa aún es la asociación de las patotas sindicales peronistas con barras bravas futboleras, y a su vez con la policía, como ya se verificó, por ejemplo, en el caso de los tres bonaerenses asesinados en la planta transmisora de La Plata en octubre del año pasado, donde los imputados pertenecen a los tres grupos, cuando no son de dos a la vez.

Mientras en Rosario la noticia posterior a la fatal batahola es la denuncia de que la policía liberó la zona para dejar actuar a las patotas (otra situación nada novedosa), lo destacable son las declaraciones del "socialista" gobernador Hermes Binner, que no deja dudas sobre la utilidad práctica de los grupos de choque "privados" para preservar el "buen nombre y honor" policial.

Dijo Binner: "Si la policía hubiese actuado como lo hacía en otros tiempos, hoy estaríamos hablando de gatillo fácil y de los crímenes que quedaron impunes". En cambio, como los que actuaron (de uno y otro lado) fueron los patoteros del sindicato, hoy, en Rosario, la policía (una de las más fusiladoras y torturadoras del país) está a salvo de todo reproche, y puede recibir el halago de su jefe político, que aspira a tener "... una policía que prevenga, que sea amiga de la gente. (...) porque el policía tiene que ser amigo de la vecinal, del club, de la parroquia, de la escuela, tiene que ser una parte integral de nuestra sociedad, y nosotros debemos abrir el espacio para valorizar el servicio que debe prestar la policía".

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