lunes, 29 de diciembre de 2008

Así conocí a Fidel

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

El destacado periodista y escritor cubano Luis Báez, quien ha sobresalido como entrevistador, investigador y cronista de temas políticos en la Cuba revolucionaria, solicitó a unas ciento cincuenta personas de diversas profesiones, oficios, géneros, edades y lugares de trabajo y domicilio que por algún motivo se sintieran capaces de referir anécdotas inéditas que contribuyeran a describir el perfil humano multifacético del líder de la revolución cubana, Fidel Castro, que se las hicieran llegar con el propósito de que formaran parte de una investigación que realizaba. En sucesivas entregas les contaré las que envié a mi amigo Luis como mi modesto aporte a tan interesante proyecto.

Conocí personalmente a Fidel al paso de la Caravana de la Libertad por la provincia de Matanzas tras el derrocamiento de la dictadura de Batista en enero de 1959, cuando yo integraba, desde mediados de 1958, la Dirección Provincial del Movimiento 26 de Julio en calidad de subcoordinador provincial y responsable de propaganda. Trabajé en todo lo relacionado con la organización del acto en que Fidel pronunció un discurso desde el balcón del edificio del Ayuntamiento a muchos miles de entusiastas matanceros concentrados en el parque Martí de la capital provincial.

Eran circunstancias demasiado atropelladas como para derivar otro recuerdo que no sea el de la impactante emoción que me embargó al poder saludar y hablar por primera vez con la persona que representaba la concreción de mis ideales revolucionarios, por los que ya había decidido dar la vida. Fidel era mi ídolo a partir de que los acontecimientos del Moncada y especialmente tras la llegada a mis manos de su alegato de autodefensa en el juicio en su contra que convirtió en revolucionarios mis sentimientos patrióticos y antibatistianos.

El gesto que tuvo Fidel entonces de extender un día su permanencia en Matanzas para trasladarse a la ciudad de Cárdenas para saludar a la familia de José Antonio Echeverría, el máximo dirigente del Directorio Revolucionario, caído el 13 de marzo de 1957 en la operación que intentó el ajusticiamiento del tirano Batista, me impactó y enseñó mucho acerca de la importancia de la unidad de los revolucionarios.

No tuve más contacto directo con Fidel hasta que comencé a trabajar como Director del Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores a fines de 1959, en cuya tarea con frecuencia me tocaba atender actividades diplomáticas que contaban con su participación en calidad de Primer Ministro del Gobierno Revolucionario.

Algo que me impresionó mucho de Fidel en relación con los asuntos que eran entonces objeto de mi atención fue su memoria. La enorme cantidad de personas, tanto extranjeras como cubanas, que le eran presentadas cada día, las grababa en su memoria no solo a los efectos de su identificación física, sino también a nivel de los datos que le eran ofrecidos acerca por cada una de ellas.

Como encontré tan sorprendente esta cualidad de Fidel, estudié el método de captación de impresiones que, en mi opinión, le permitía esta capacidad y noté que Fidel concentraba casi toda su atención, al menos aparentemente, en aquellas personas que acababa de conocer y parecía no prestar tanta a aquellas que ya había grabado en su memoria. Confieso que, a partir de que elaboré esa teoría acerca del método de conocimiento de personas de Fidel, traté de seguirlo, pero no tuve mucho éxito para la mejoría de mi capacidad de memorización.

Otra característica que se me hizo evidente en Fidel es el impacto que su presencia física causa en todas las categorías de personas: amigos y enemigos, jóvenes y adultos, mujeres y hombres, más allá de cualquier consideración de autoridad o dignidad. Esto es notable, incluso, prescindiendo de que intervenga o no su oratoria, de la que se ha hablado y escrito mucho más como facultad extraordinaria.

Téngase en cuenta que no me refiero al Fidel actual, con su enorme prestigio como una de las personalidades políticas más importantes del siglo XX, sino del revolucionario de apenas 32 años de edad contra quien ya se había iniciado una feroz campaña propagandística mundial.

Este escrito es el primero de varios del mismo autor incluidos en el libro del periodista cubano Luis Báez "Así es Fidel", recién lanzado por la Casa Editora Abril, La Habana, en diciembre de 2008.


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