martes, 23 de diciembre de 2008

Costa Rica: ¡Viva la impunidad!

Álvaro Montero Mejía

Queridos amigos y amigas de la Hora del Silencio:

Los personeros del gobierno y en particular los conductores de la política económica, se han dedicado a prevenirnos a todos sobre los peligros eminentes que pesan sobre el pueblo de Costa Rica, el que será, sin duda alguna, víctima de las tormentas económicas y sociales que se avecinan, provocadas por ese huracán que nos depara el mundo capitalista desarrollado y la globalización neoliberal.

Hacemos hincapié en que los males sociales no ocurren por azar; son el resultado de determinadas acciones u omisiones impulsadas por los gestores de la economía mundial y local. La responsabilidad de nuestros políticos y gobernantes es enorme. Atados a los grandes intereses transnacionales, no han dudado en seguir adelante con las recetas económicas dictadas por los organismos financieros desde comienzos de los años 80. Para que nadie piense que estamos sacando un conejo del sombrero, recuerdo cómo pusimos el dedo en la llaga en un pequeño librito escrito en 1985. Dedicado al examen de la deuda externa de Costa Rica, alertamos sobre las consecuencias que nos deparaban el sometimiento a las Cartas de Intenciones con el FMI y a los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el Banco Mundial. Así se iniciaba el proyecto neoliberal en Costa Rica.

Jamás pensaron nuestros gobernantes en la importancia de fortalecer el mercado interno y defenderlo, de colocar en el primer lugar a los agricultores y productores de alimentos, de consolidar un sector estratégico de la economía fundado en la propiedad estatal, de impulsar la propiedad y la producción cooperativa, o el desarrollo de las inversiones públicas que fueran ulteriormente compartidas por un sector dinámico y nacionalista del empresariado local. Todas estas propuestas, fueron estigmatizadas por los neoliberales como delirios "conservadores y estatizantes", contrapuesto al ímpetu "bienhechor y progresista" de la globalización.

Lo que sobrevino a partir de ese momento -que tiene al primer gobierno de los Arias como su esencial y principal punto de partida-, fueron los reiterados intentos por desmantelar y privatizar el Estado de Servicio Público. Con la nueva oligarquía a la cabeza, se produjo un giro de 180° en la política económica del Estado con la famosa propuesta, aplicada rajatabla, de la llamada "promoción de las exportaciones". Luego ingresaron en tropel las corporaciones trasnacionales, con una ley de zonas francas completamente adicta a sus intereses y un gobierno de rodillas ante sus imposiciones. Ninguna previsión fue tomada. Ninguna prevención se puso en marcha. Luego se abrieron la cuenta de capitales y el negocio bancario y florecieron los grupos financieros, para los que no hubo supervisiones ni controles. Fue así como se produjo una auténtica privatización de la política financiera del estado.

Es por eso por lo que la presente crisis mundial nos toma completamente desprevenidos e indefensos. Aunque hubiera sido imposible conocer con precisión lo que ocurriría, o bien prever en detalle sus consecuencias, el país se hubiera encontrado mucho mejor preparado que ahora sí se hubiera ejecutado una política patriótica y previsora. Pero las autoridades económicas, que han sido las mismas durante los últimos 20 años, sólo han tenido como proyecto el desmantelamiento económico de la economía nacional, para abrirla y articularla a esas fuerzas internacionales sometidas ciegamente a las premisas de libre mercado. Lejos de atenuar la catástrofe, no han hecho más que estimularla y colocar en estado de indefensión al pueblo costarricense. Son corresponsables, pero son impunes.

Hace aproximadamente 10 años fue cerrado el Banco Anglo Costarricense, propiedad del estado.(1) Como lo expresara con claridad y lucidez el economista Rufino Gil Pacheco, no era necesario cerrarlo. Fue clausurado, fundamentalmente, para tapar cosas. Algunos personeros fueron a la cárcel por el manejo impropio de sobregiros o inusitados riesgos en el manejo de ciertos instrumentos financieros. El asunto aún se debate. Pero ¿Qué ha ocurrido ahora? Podemos asegurar que cosas muchísimo más graves que aquellas. Se han perdido millones y en apariencia, nadie responsable. ¿Qué ha pasado con las pérdidas del Banco Popular? ¿Cómo se han manejado y a dónde se han depositado los fondos de pensiones? ¿Cuáles han sido las relaciones de los sectores financieros y bancarios con las instituciones quebradas en los Estados Unidos? ¿Cómo han sido manejadas y depositadas en qué bancos o respaldadas con cuáles papeles, las reservas nacionales? ¿Por qué ha sido necesario recapitalizar a los bancos y qué se ha hecho el dinero que prestaron? ¿Por qué los bancos les han aumentado, sin el menor escrúpulo, los intereses a los dueños de viviendas o a los inversionistas locales? ¿Quién ha salido en defensa de los deudores nacionales, a cuánto ascienden sus deudas y cuanto más recuperan los bancos con el aumento de los intereses? Hay responsables, pero son impunes.

Nada de esto se dijo ni se planteó en la Asamblea Legislativa, ni aparece tampoco en la ley de recapitalización bancaria. Sin embargo, seguimos desunidos. Las fuerzas del movimiento patriótico marchan en desorden hacia una posible debacle electoral en el 2010. En apariencia, en esta desgraciada desunión hay responsables, pero también son impunes.

Leído en la calle, frente a la casa de Arias, 22, 12, 08, 8 p.m.

queridos compañeros y compañeras:

hace algunos años, se levantó un gigantesco revuelo por lo que en apariencia, constituían malos manejos en la administración de uno a los mejores bancos de Costa Rica, el Banco Anglo. Sin detenerse a investigar con profundidad lo ocurrido, ese banco fue clausurado por la administración de José María Figueres, provocándole pérdidas inmensas al estado costarricense y a la ciudadanía. Existen elementos importantes que parecen demostrar que aquel acto intempestivo y depredatorio de un bien público de incalculable valor, se originó en la intención de ocultar hechos inconfesables y liberar las cargas financieras que pesaban sobre supuestos deudores que eran en realidad, testaferros de importantes personajes de la política local. Con el cierre, se dejaron de pagar enormes sumas de dinero y muchos de los bienes hipotecados, en vez de ser objetos de remate volvieron a las manos de sus antiguos propietarios. Pero también muchos honrados inversionistas y centenares de trabajadores bancarios, lo perdieron todo. Hoy los asuntos son muchísimo más graves que entonces, pero nadie está dispuesto investigar nada ni a saber cómo y de qué manera, millones de dólares han pasado a manos de intermediarios ocultos o se han perdido en los juegos financieros que originaron la crisis financiera y productiva que hoy estremece al mundo entero. Sin embargo, nadie quiere investigar ni penetrar en las oscuras profundidades de algunos de los aparatos financieros locales.

Es en la segunda oportunidad en que nos referimos a estos hechos, que a pesar de su gravedad ni siquiera fueron mencionados en una reciente ley aprobada por Asamblea Legislativa para recapitalizar el sistema bancario. En la discusión parlamentaria no fueron mencionados los posibles malos manejos que han conducido a la pérdida de millones por parte de algunas instituciones públicas y financieras, ni la manera irresponsable con que se concedieron decenas de millones en préstamos dirigidos hacia la especulación inmobiliaria, ni todo lo que está punto de perderse, ni de dónde proviene la insolvencia actual de los bancos que han debido ser recapitalizados.

Lo más grave es que nadie quiere hablar de esos otros deudores que no han abandonado sus obligaciones, por la sencilla razón de que están pagando sus casas, pero que han sufrido aumentos desmedidos en los intereses de sus préstamos y que los amenazan con la pérdida de un bien tan preciado como la vivienda.

Vivimos en el reino de la impunidad, pero es la impunidad de los poderosos y de los políticos que, aún perteneciendo al movimiento antineoliberal, se resisten a hablar en serio de la unidad de todas las fuerzas sociales patrióticas, como la única herramienta capaz de devolverle al pueblo costarricense el control y la dirección sobre los destinos de Costa Rica. Pero seguiremos insistiendo en la urgencia y el carácter ineludible de esa unidad.

Lo saludo con afecto

Álvaro

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