viernes, 19 de diciembre de 2008

El foso afgano

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

En una visita a Afganistán, que precedió en horas a la subrepticia llegada de George W. Bush a esa nación centroasiática, el secretario norteamericano de Defensa, Robert Gates, anunció para el cercano verano la llegada de siete mil nuevos efectivos de su país a los frentes de combate contra la insurgencia local.

Gates, quien se entrevistó con altos mandos estadounidenses en Kabul, y lo hizo más tarde con la jefatura de las tropas de varias naciones de la OTAN comprometidas en la guerra, reiteró que su país permanecerá en suelo afgano y hará lo posible por ganar el conflicto.

Era, sin dudas, el preámbulo de los sórdidos compromisos que luego haría el presidente de la Unión con el gobierno impuesto en Kabul por los ocupantes.

En efecto, W. Bush, que aterrizóde noche y a oscuras en la base aérea de Bagram, después de los zapatazos recibidos como despedida en Bagdad a manos de un iracundo periodista iraquí, se entrevistó con el presidente Hamil Karzai, a quien prometió más ayuda militar estadounidense ante al recrudecimiento del escenario bélico.

"Reconozco que necesitamos más soldados. El presidente electo Obama va a tomar una decisión sobre las tropas y le hemos estado pidiendo a aliados de la OTAN que envíen más soldados", dijo W. Bush.

De hecho, el electo mandatario demócrata, quien asumirá su cargo el cercano 20 de enero, se ha mostrado partidario de mayores empeños militares en Afganistán.

Pero una nota significativa fueron los señalamientos del saliente ocupante de la Oficina Oval con respecto a Pakistán.

Para el primogénito del clan Bush se hace indispensable reducir a los que calificó “milicianos de Osama Bin Laden” aposentados en el vecino país, como un paso indispensable para lograr la victoria en territorio afgano.

En pocas palabras, extender la guerra más allá de las fronteras afganas y forzar al gobierno de Islamabad a entrar de lleno en el campo de batalla.

Para los observadores suena cínica semejante alusión, porque ya hace buen rato que aviones militares norteamericanos incursionan contra territorio de Pakistán, y no son pocas las víctimas civiles de tales asaltos aéreos, que las autoridades de Islamabad estiman una abierta violación de su soberanía e integridad territorial.

De manera que, como hizo en Bagdad, la gira de despedida del jefe de la Casa Blanca por Kabul se redujo a persistir en las soluciones militares, e incluso a extender el fuego a otros patios cercanos bajo el ya aburrido estribillo de “defender la seguridad de los Estados Unidos contra el terrorismo”.

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