martes, 23 de diciembre de 2008

La pre-modernidad colombiana

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

La teoría de la pre-modernidad (1) con la cual algunos eruditos colombianos han intentado explicarse la compleja y terrible realidad colombiana es realmente valiosa. Pero insuficiente. Pej ¿cómo explicar a la luz de la ciencia social actual ese amasijo inseparable de “roles y funciones”, que encarna simultáneamente el jefe del poder ejecutivo en Colombia, esa simbiosis quimérica de virrey USA, capataz de finca, capo mafioso, artista del espectáculo, caudillo fascista y presidente de una república que se dice moderna?

Está establecido históricamente que la Colombia actual es una formación social particular (lo cual no quiere decir que sea una excepción como sociedad humana), que ha ido desarrollando unas dinámicas Fuerzas Productivas primordialmente dentro del modo capitalista de producción; primero dentro del llamado “capitalismo comercial” de la acumulación originaria del Capital, impuesto por la cruz como empuñadura de la espada del colonialismo español. Reemplazado luego de su derrota por el pragmatismo del imperialismo comercial inglés y desde inicios del siglo XX sustituido por el Imperialismo de EEUU.

Nada ha trascurrido en nuestro país a la manera clásica de la transición feudal-capitalista descrita para Europa por los maestros Marx y Engels, sino de una forma muy contradictoria, sui generis y particular: El capitalismo comercial utilizó para sus fines acumulativos, “todas” las formas pre-capitalistas de trabajo existentes y conocidas en nuestra América indígena. Desde el trabajo forzado de la Mita indígena, el trabajo servil y peonaje de las Encomiendas y Haciendas, el trabajo estricto esclavo de africanos importados, y el trabajo asalariado imperfecto (colectivo o individual) del Concierto, para amasar e imponer mediante la violencia ejercida desde el Poder central, unas Relaciones de Producción jorobadas, es decir deformadas e hibridas, pero extremadamente violentas y bárbaras.

La supra-estructura que se construyó en todos los niveles mencionados para cualquier Sociedad por Marx en la “Introducción” (jurídico-política, ideológica, ética y moral); en Colombia no ha correspondido a la acelerada dinámica de las Fuerzas Productivas, sino por el contrario, ha constituido un pesado lastre regresivo e inerte, que ha “arropado” e inmovilizado el sistema de valores sociales con el manto hegemónico de la religión católica más conservadora, intolerante y fanática de todo el continente americano, convertida en la Ideología dominante del Estado y con la cual el bloque de clases dominante ha gobernando sin reemplazos y desde siempre a Colombia, como un país católico apostólico y romano, en donde el Estado Vaticano tuvo formalmente(es decir por ley) hasta 1991, “Territorios Nacionales” gobernados cada uno por un Obispo nombrado directamente en la catedral de San Pedro en Roma (y que actualmente sigue controlando aunque de manera un poco más informal).

Es la “secularización frustrada ” de la que hablan los filósofos de la teoría de la modernidad postergada; en la educación, en toda la vida cotidiana, en la sexualidad y la natalidad, y sobre todo en el aparato del Estado, cuyo símbolo más evidente es la ceremonia repetitiva de la máxima autoridad religiosa del país, bendiciendo y echándole agua bendita a fusiles, ametralladoras y demás armas oficiales, hoy totalmente muda ante las muertes de los jóvenes desempleados secuestrados y fusilados por el glorioso Ejército de Colombia con esas mismas armas bendecidas, para luego presentarlos ante la opinión mundial como guerrilleros muertos en combate (falsos positivos), en un episodio que hace pocos días conmovió a toda la comunidad Internacional. Sin embargo en el Palacio arzobispal de Bogotá y en la catedral de San Pedro en Roma: ¡Ni pío¡

Los aspectos más relevantes y positivos de la teoría de la modernidad postergada como el de las relaciones Iglesia-Política-Estado, pueden leerse en detalle en el libro citado y en varios artículos de difusión especializados. Pero digo que es insuficiente, porque todo el complejo problema económico, social y ahora geo-estratégico de la Dependencia y sujeción de toda nuestra sociedad al Imperialismo estadounidense, se ha reducido a un simple problema diplomático de “relaciones bilaterales Colombia-USA”, entre una nación ultra-moderna (post-moderna) y otra que está en proceso de serlo.

Es indudable que ese lastre supra-estructural regresivo, pre-moderno y bárbaro, que algunos han dado en llamar “la cultura colombiana de la violencia”, tiene que ser totalmente superado como paso indispensable de lograr una verdadera Paz Democrática en Colombia. Son pocos quienes con algún caletre se atreven teóricamente a desconocerlo. Pero en la práctica es cosa muy distinta. Miremos sino la sintomática elección por el llamado congreso de la república, del “talibán católico” Ordóñez como Procurador de la Nación, aceptada por el grueso de la opinión publica como algo normal y no solo eso, sino elegido en aquel famoso aquelarre con votos de unos senadores que se autodenominan de la Izquierda social-demócrata y lo peor, presentada como un pacto privado y personal entre políticos opuestos, dizque con el fin de sacar al país de la guerra; cuando lo que en realidad se hizo fue reforzar a niveles nunca antes vistos la fusión que existe en Colombia entre Religión -Política- Estado.

No es un asunto de creencias individuales que en un país moderno deben ser toleradas y aceptadas, tal como los intoxicadores de opinión del aparato de propaganda del régimen han querido presentar ideológicamente el asunto; sino que esas creencias religiosas del procurador Ordóñez han sido una praxis política fanática y extremista pre-moderna al mejor estilo talibán, ejercida desde su más tierna juventud y que hoy apoyado por un sector de la llamada Izquierda exquisita llega a la dirección del Estado como jefe del ministerio público, como una contribución más a la infinita reelección presidencial y consolidación perpetua de Uribe Vélez en el Poder.

Entonces, no es como dice a muy católica madame Betancur, ahora convertida en eficaz diplomática del gobierno Francés para Latinoamérica, que mientras haya guerrillas en Colombia no habrá ninguna posibilidad electoral para la Izquierda de canapé, sino que por su propia práctica inescrupulosa y politiquera de pseudo-izquierdistas han ido desenmascarando sus mezquinos intereses en favor del proyecto pre-moderno y bárbaro que encarna Uribe Vélez, reforzándolo y colocándose en el limbo electoral que les corresponde.

La figura del jinete del tigre sigue siendo la guía de todas las futuras acciones politico electorales de Uribe Vélez: Si se desmonta, el tigre (CPI) se lo come y si continúa cabalgando, el tigre ya está dando muestras (en sus propias encuestas) de cansancio. Por eso debe ganar las elecciones a como de lugar y sostenerse en un lugar en donde nadie ni nada lo alcance. Entonces me surge la pregunta: ¿Habrá quien siendo un senador de la republica bien informado, se haga el ingenuo ante esta realidad?

Nota:
1) Jaramillo Vélez .Rubén. La modernidad postergada. Bogotá. Temis. 1994


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