jueves, 11 de diciembre de 2008

Para defender las montañas

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

En América Latina, al igual que en muchas otras regiones del mundo, las montañas son símbolo de rebeldía y libertad. Ellas han sido refugio de perseguidos y de allí han partido a lo largo de siglos los combatientes que han llevado las teas de las luchas por la justicia social y la independencia al resto del territorio de muchas naciones.

Desde hace cinco años, por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se celebra en todo el mundo, el 11 de diciembre, el Día Internacional de las Montañas "para crear conciencia de la importancia que tienen las montañas para la vida, de señalar las oportunidades y las limitaciones que afronta el desarrollo de las zonas montañosas, y de crear alianzas que produzcan un cambio positivo en las montañas y las tierras altas del mundo".

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) tiene a su cargo la coordinación de las actividades que por tal motivo tienen lugar en todo el mundo, apoyándose en los comités nacionales que ya existen en 78 países y en la Alianza Internacional para el Desarrollo Sostenible en las Regiones de Montaña, constituida en Johannesburgo, Sudáfrica, en 2002 y conocida como Alianza para las Montañas,

El hambre y la amenaza de sufrirla son realidades permanentes para millones de pobladores de las montañas en todo el planeta por la crudeza climática y la abrupta geografía, muchas veces inaccesible, que exponen a la población de las montañas a una escasez de alimentos que frecuentemente se combina con marginación política y social.

Un estudio de la FAO de 2002 indica que el 90 por ciento de la población mundial de las montañas (casi 325 millones de personas) vive en los países en desarrollo y que hasta 245 millones de estas personas (más del 75 por ciento) corren el riesgo de sufrir hambre, o ya la padecen.

Estudios de nutrición indican también que la población de las montañas sufre de altas tasas de falta de micronutrientes básicos, en especial vitaminas y minerales. Estos son factores que contribuyen a que las tasas de mortalidad infantil sean considerablemente más altas en las regiones montañosas. También son más elevadas en ellas las tasas de mortalidad materna.

La delgada cubierta del suelo de las montañas limita la producción de alimentos, y el alto costo de los fertilizantes químicos comerciales y la necesidad de su empleo mediante una gestión técnica igualmente costosa, los sitúa fuera del alcance de la vasta mayoría de los agricultores montañeses. Factores ambientales también impulsan la necesidad de hallar alternativas a los fertilizantes químicos que, en muchas regiones montañosas, además de ser una fuente importante de gases de efecto invernadero y de contaminación del agua de las capas freáticas, han dañado la fertilidad del suelo por una gestión deficiente.

Dado que casi tres cuartas partes de la población de las montañas sufre inseguridad alimentaria y los ecosistemas agrícolas de las regiones montañosas experimentan cada vez más presiones ambientales, en su declaración final, los dirigentes del mundo participantes en la reciente Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, señalaron que los propósitos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas no se alcanzarán a menos que se prioricen debidamente las inversiones en las zonas montañosas.

Se trata de orientar la investigación agrícola y el desarrollo más allá de los cereales básicos que son objeto del comercio internacional e incluir los cultivos que durante generaciones han alimentado
a las comunidades de las montañas; brindar mayor atención a los programas de mejoramiento de las razas pecuarias autóctonas (muchas de ellas en peligro de extinción), adaptadas a los sistemas de producción de las montañas; crear cadenas de suministros seguros y fiables que conecten a los productores de las montañas con los mercados locales, regionales y mundiales; crear políticas específicas para las regiones montañosas que tengan en cuenta la fragilidad del medio ambiente y las necesidades de las montañas, así como los intereses y las prioridades de la población local, en vez de aplicar en las montañas políticas y leyes creadas para las zonas llanas.

Pero, para que estas políticas, leyes e inversiones mejoren la vida en las montañas verdaderamente- se advierte- deben realizarse con participación plena de los pobladores.

Datos: División de Ordenación Forestal de la FAO
Nota: Cuba es miembro de la Alianza para las Montañas y el punto Focal en Cuba es el
Programa de Desarrollo Integral de la Montaña conocido como Plan Turquino.


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