"El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice".
Confucio
Confucio
La mayoría de los líderes criollos siempre han representado una paradoja en América Latina: mientras menos capaces son para solucionar los problemas de sus países, más autorizados se sienten para dar consejos a sus homólogos de otras naciones.
Así, el ex presidente de Argentina Carlos Menem, que propuso alguna vez a su Congreso “dejar de robar un año para sacar al país de la crisis”, insistía en enseñar a Bill Clinton no solamente a bailar tango, sino también sus experiencias financieras. Fujimori no se quedó atrás. Durante la crisis política en Rusia, mandó una carta a Boris Yeltsin aconsejándole cómo tomar y disolver el Congreso que se oponía a la disolución de la Unión Soviética.
Sin embargo, todos quedan pequeños en comparación con el actual presidente del Perú Alan García. En su primer gobierno, mientras permitía la violación de los derechos humanos, exhortaba a Fidel Castro a tomar el camino de la democracia, para la satisfacción del gobierno norteamericano. Simultáneamente no tuvo reparo en robarle a Fidel la idea del “no pago de la deuda externa” y presentarla como suya, pero sin dejar de pagar puntualmente la del Perú.
En estos días su “capacidad” de asesoría aumenta en proporción al crecimiento de su barriga y las arrugas en su alma. Ahora se dedica a dar consejos al electo presidente de EE.UU. Barack Obama para que tenga cuidado con no retirar tropas de Irak porque Irán podría “tener mayor vigencia, e Israel se verá forzado a actuar”. Hace una semana, en el foro de APEC, sorprendió con su visión de que la crisis financiera era simplemente “crisis de la riqueza” que “no durará más de 18 meses”.
Mientras García da sus pronósticos geo- estratégicos, la crisis se hace incontenible, el descontento social y el narcotráfico escalan día a día, y se descubren nuevos casos de corrupción en el gobierno. Frente a estos desafíos, él y su premier Yehude Simon acaban de enviar al Congreso el proyecto totalitario de ley para modificar el Código Civil y poder encarcelar a los líderes de oposición.
Simultáneamente, siguiendo su olfato oportunista, se desligó de su amigo Alvaro Uribe al darse cuenta que el Plan Colombia ya no tiene futuro, y viró hacia el Plan México que representa el nuevo diseño norteamericano para América Latina, comenzando con la militarización de México bajo el pretexto de la falta de gobernabilidad. García llamó a Felipe Calderón pidiéndole mandar 300 policías al Perú para luchar contra el narcotráfico.
Más absurdo no puede ser: México es uno de los países más inseguros del mundo. Dice Guillermo Pomares en la Jornada que “da miedo todo; la inseguridad nos hace salir poco de casa, viajar sólo de día, no acudir a grandes concentraciones, cuidado con las narcotienditas en todos los vecindarios y el dinero no alcanza ni para lo indispensable”. La policía mexicana está catalogada como una de las más corruptas y más infiltradas por los narcos. Hasta su jefe INTERPOL fue involucrado en el negocio.
Que la providencia proteja al Perú de esta “iluminación” de García y su deseo de aliarse más con el Gran Patrón y su “plan zopilote”.
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