jueves, 21 de agosto de 2008

Paraguay: Liviandad y grandeza de las ilusiones

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

El clima de fiesta que se respira en Paraguay por el cambio de gobierno, está abriendo un encomiable periodo de cooperación regional que, si las medidas prácticas superan las promesas, la buena voluntad y las ilusiones iniciales, podría sellar importantes aportes de Brasil y Venezuela al gobierno que preside Fernando Lugo, desde el viernes 15.

Muy necesitado está el exObispo de una colaboración concreta para intentar sacar al país del pozo profundo en el que lo ha dejado 61 años de corrupción e insensibilidad social del Partido Colorado, sumados a varias décadas de gobiernos erráticos del Partido Liberal, principal aliado ahora de Lugo, en virtud de las contradicciones y vericuetos de la política.

Lula espera esta semana a Lugo para comunicarle su decisión de contribuir financieramente a los primeros tres meses de la nueva administración, pocos días después que su colega venezolano Hugo Chávez suscribiera, con el flamante mandatario paraguayo, más de una docena de acuerdos de cooperación en áreas de gran interés social, como la capacitación tecnológica, producción, energía e industrialización, con la promesa de garantizarle el suministro de petróleo a precio solidario, por muchos años.

Lo más razonable “es juntarse”, dijo Eduardo Galeano, uno de los invitados más celebrados en la ceremonia de asunción de Lugo. Logró, incluso, que pobladores de La Chacarita, el barrio más mísero de la capital, asistieran de pie, acostados en la vereda frente al Teatro Municipal, para seguir por una pantalla gigante su conferencia magistral.

Leonardo Boff, patriarca de la Teología de la Liberación, coincidió con el escritor uruguayo en reclamar solidaridad con este alumbramiento de la esperanza popular, ahogada durante más de un siglo. De la misma forma trajo su abrazo fraterno el sacerdote y ex ministro de Educación de la Nicaragua Sandinista, Ernesto Cardenal.

San Pedro y Canelones

En ese marco de hermandad, las ciudades de San Pedro de Ycuamandiyú, centro del noreste latifundista paraguayo, y la uruguaya Canelones, corazón de la mayor producción hortícola y frutícola del país, han concluido una alianza de ayuda para el mutuo desarrollo.

Este último convenio confirma la posibilidad de construir herramientas propias entre las comunidades ciudadanas del interior de los países más chicos de la región y puede constituir un inicio de respuesta a la dañina asimetría del MERCOSUR, opinaron los signatarios, los jefes comunales José Ledesma, “Pacová” (banana), como le llama el pueblo sanpedrano, y el médico Marcos Carámbula.

La decisión, afirmaron ambos en ocasión de la firma en la capital Ycuamandiyú, responde a la creciente voluntad integradora que últimamente expresan los pueblos indoamericanos y que han comenzado a interpretar correctamente muchos de sus dirigentes.

El Departamento de San Pedro, con 350 mil habitantes, es el segundo de los 19 que componen la administración territorial paraguaya, a las orillas del hermoso río Jejui. Un conglomerado humano que despunta ciudades, con la agresora diferencia de clases sociales que registra todo el mapa nacional.

La mayoría de la población está orgullosa porque Lugo consagró en esas tierras más de una década de su vida de Obispo amigo de los pobres y ahí se convenció de la necesidad de incursionar en el combate político para contribuir a sacar a su país del atraso, la injusticia y la corrupción.

Destacan del flamante Presidente su permanente empeño en combatir el analfabetismo y la miseria y sus iniciativas a favor del desarrollo del conocimiento y de la infraestructura de la región, junto a su decidida defensa de los campesinos sin tierra frente a la represión policíaco-militar y de los capangas de narcotraficantes y contrabandistas de toda calaña que, desde hace un siglo, pululan en la zona con la venia de las autoridades nacionales.

Ycuá (manantial, fuente, origen) y mandiyú (algodón, en idioma guaraní), con 50 mil habitantes, es la cabeza de uno de los departamentos paraguayos más marginados por el centralismo asunceno que, desde hace 130 años, empuñan los dos partidos tradicionales, el colorado y el liberal.

La región viene pagando, desde lejos en el tiempo, un alto precio en vidas y esperanzas, por su tozuda y secular reivindicación de justicia y de recuperación de parte de unas 12 millones de hectáreas, entregadas en los últimos 60 años a miembros del gobierno, amigos, parientes o testaferros. Sus dirigentes campesinos exigen medidas correctivas urgentes, “de lo contrario seguiremos ocupando latifundios o tierras fiscales ocupadas por los grandes ganaderos y productores de soja”.

Después del derrocamiento de la tiranía del General Alfredo Strossner, en 1989, San Pedro es uno de los principales teatros de agitación de grupos de campesinos que denuncian la ausencia o falsedad de títulos de propiedad de sus actuales propietarios, beneficiados por años con regalías de miles de hectáreas que han mantenido improductivas, sólo como factor de especulación para venderlas a capitalistas extranjeros.

Por diversas sinrazones y algo de amnesia, la mayoría de su población, distribuida en 18 distritos, está adherida al Partido Liberal, principal apoyo electoral a Lugo en las nacionales del pasado 20 de abril. Al igual que los colorados, y también fraccionados en tres corrientes, los azules estaban amenazados de implosión. La candidatura del exObispo los salvó y recibió sus votos en contrapartida.

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El conflicto en el Cáucaso: Otra falla mayor en el sistema internacional

Juan francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info) 

El hecho de que el conflicto entre Georgia y Rusia continúe negociándose unilateralmente, o en función de la supremacía de potencias por la zona transcaucásica, demuestra la crisis sostenida del sistema internacional. El conflicto demuestra que la polarización por la supremacía global probablemente acabó, sin embargo la necesidad de expandirse, es un sine qua non, al menos en la generación de poder del estado.

Amparado bajo la carta fundamental de Naciones Unidas, el organismo no sólo entró a tallar a destiempo con el usual instrumento del Consejo de Seguridad, sino que desde que se desbandó la ex URSS, no ha podido prevenir que las disputas provoquen crisis internacionales como la iniciada con la intervención militar rusa. 

El conflicto lleva 18 años, aunque sus raíces provienen desde la misma conformación de los estados europeos. No obstante, Georgia no hubiera actuado con la beligerancia observada, sin el respaldo de EEUU y la Comunidad Europea. El problema mayor decanta a partir del 20 de septiembre de 1990 cuando el Parlamento local declara soberanía y la creación de la República de Osetia del Sur. En diciembre del mismo año, el Parlamento de Georgia rechaza esta autonomía y poco después Osetia es invadida por el ejército Georgiano. 

El conflicto ruso georgiano gravita más allá de una intervención militar rusa provocada por un grupo separatista local. Esta es la parte visible. 

En el movimiento militar ruso que ha puesto en alerta a la alianza transatlántica, no surgen puramente destellos virtuales filtrados por el tráfico mediático, o por las pautas en el juego de las potencias. Allí están los antecedentes inmediatos de una expansión territorial de esta alianza hacia Polonia, República Checa, Rumania, Bulgaria, Hungría, rodeando a Rusia en algunos casos con baterías bélicas antimisiles, que podrían ser hasta nucleares. 

Están los antecedentes históricos, haciendo de la geografía transcaucásica una zona tremendamente sensible por su ubicación estratégica. La inmensidad de Rusia se ahoga por su vientre caucásico donde Georgia es el epicentro; por allí respira hacia el sur y se proyecta a Occidente, por ser una zona de tránsito. Definitivamente la región transcaucásica se ubica próxima a los países del Asia Central, Turquía, Irán e Irak, colindando así con la zona de mayor concentración de recursos energéticos en el mundo. 

Desde el desbande la ex URSS, el apetito occidental por el Cáucaso es irredimible. Casi similar al que exhibe por el medio oriente. Desde hace más de una década, la región transcaucásica es prioridad central en la ofensiva de la alianza transatlántica para ocupar el espacio de la antigua dominación soviética. M.A. Smith (Conflict Studies Research Center. Reino Unido.1999) basándose en Stanislav Chernyavskiy (1998) - un alto funcionario del gobierno ruso- apuntaba que EEUU haría uso de cualquier medio para controlar la zona. Las opciones más atractivas consisten en EEUU convertido en árbitro de los conflictos étnicos, o a través de la utilización de un poder regional como Turquía para penetrar en la zona transcaucásica. La invasión militar rusa reciente provocada por la incitación del movimiento georgiano sobre Osetia del Sur le estaría abriendo la primera opción. Sin embargo, la posibilidad de asociar tanto a Georgia como Azerbaiyán a la OTAN, amenazaría seriamente a la pretensión rusa de continuar controlando la zona. 

En 1936, no en vano Georgia se transforma en república soviética bajo la presión de Stalin. Es el año en que se forma el eje Alemania- Italia, que haría detonar en menos de tres años la Segunda Guerra Mundial. El mismo año en que estalla la guerra civil española. 

El elemento financiero también está presionando. Rusia no ha podido invertir en la industria energética de la zona en una dimensión correspondiente a su aspiración de controlar la zona. En este sentido no ha podido enfrentar el poderío del capital de las compañías occidentales, optando por el predominio político y militar. En una arista más profunda, a Rusia le pesa el legado anticomunista heredado de la expansión soviética. 

El último muro del mundo Bipolar

Sin embargo el problema subyacente mayor está en la ONU. El organismo es quizás el último muro del mundo bipolar arrastrando vestigios y vicios de la Guerra Fría clásica. O, más bien, esta continúa existiendo como cultura dejando atrapado al organismo en su red. El ente más planetario del orbe, también ha sido víctima de la dualidad de su propia construcción conceptual basada en la confrontación bipolar estimulando así el unilateralismo. La utilización del Consejo de Seguridad como órgano centralizador de las decisiones así lo ha demostrado, a pesar del asumido fin de la guerra fría. 

El “nuevo orden mundial” -prematuramente augurado por Estados Unidos y refrendado por el sistema de organizaciones internacionales en los comienzos de los noventa, a partir de la “caída de los muros” y la descompresión de la Guerra Fría- es una desafortunada elucubración de nivel macro que no ha resistido el paso del tiempo. Osetia del Sur recurre a Rusia, y por otro lado está el tema de la identidad, el leitmotiv de las naciones o de las que quieren serlo como las localidades de Osetia del Sur y Abkhazia.

El órgano global destinado a complementar las transformaciones a partir de la “caída de los muros” y a liderar un nuevo marco conceptual de relaciones y la reconstrucción de las zonas más afectadas por la guerra fría, es un instrumento cada vez más sometido al juego de las potencias. En el marco de la bipolaridad, existía la posibilidad del equilibrio y de una menor concentración de poder. 

Ahora el poder está cada vez más concentrado en el Consejo de Seguridad, y en cinco países con derecho a veto. El resto de los países son apenas comparsas de un grupo musical de cámara, donde ni siquiera asoma la posibilidad del no alineamiento. Osetia del Sur no puede ser independiente por esa falla en el sistema internacional. Si la responsabilidad entera es de la ONU quizás sea inapropiado. Los países “hacen la ONU”, y para hacerla funcionar en forma diferente deben acelerar su reforma, tarea que está pendiente. 

El panorama no es fácil para Rusia que tampoco podría contar incondicionalmente con China, conociendo la autonomía de esta nación en materia internacional. EEUU e India -este último un aliado histórico de la Ex Unión Soviética- están a punto de sellar una alianza estratégica incluyendo el desarrollo nuclear de India, que ya tiene la bomba atómica. Frente al acorralamiento, más que su poderío militar, Rusia ha tenido que mostrar su capacidad de decisión, y la señal de lo que está en juego.

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