viernes, 30 de enero de 2009

Cuba responde visita a Rusia para sentar relaciones de nuevo orden mundial

Dmitri Kosirev (RIA NOVOSTI)

La visita que comenzó el presidente de Cuba Raúl Castro esta semana en Moscú tiene importancia histórica, según valoraciones hechas por el embajador de Cuba en la capital rusa Juan Valdés Figueroa.

Desde el punto de vista del protocolo, la valoración del diplomático cubano es exacta. Se trata de la primera visita oficial a Rusia del representante cubano de más alto rango desde la disolución de la Unión Soviética.

"La importancia histórica" también puede tener otra interpretación: tras el desmoronamiento casi completo de las relaciones entre La Habana y Moscú a comienzos de los años 90, ahora en el marco de las relaciones bilaterales se perfila el restablecimiento de muchos vectores de cooperación y en este sentido, el presidente Raúl firmará varios documentos en el marco de su visita a Rusia.

Por el momento, podemos afirmar que en los próximos años se intensificará el suministros de aviones rusos Iliushin y vehículos Lada, se pondrán en marcha proyectos conjuntos para el desarrollo de altas tecnologías, la exploración de yacimientos de hidrocarburos en el Golfo de México y otros asuntos más.

La actual visita del presidente de Cuba a Rusia supone la culminación de un largo proceso en el que influyó de forma determinante, la reciente visita del presidente ruso, Dmitri Medvédev a Cuba, y los encuentros regulares de los presidentes de las respectivas comisiones intergubernamentales, el viceprimer ministro ruso Igor Sechin y el vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba Ricardo Cabrisas.

Sin exagerar se pude afirmar que el proceso para levantar las relaciones ruso-cubanas participaron los funcionarios gubernamentales de primer orden durante varios años.

La visita del presidente cubano a Rusia tiene connotaciones históricas si se tiene en cuenta que vivimos un período de remodelación del mundo, de una época de cambios, en parte condicionados a la posible nueva política exterior de Estados Unidos.

En el caso de que esos cambios ocurran, la nueva política exterior estadounidense puede conducir a la normalización de las relaciones entre Cuba y EEUU, una decisión acertada y ventajosa para ambos países.

Se da por sentado que en el marco del dialogo ruso-cubano para repasar el estado y las perspectivas de la política mundial, el presidente Raúl Castro y Medvédev abordarán de una forma muy seria las relaciones de ambos países con EEUU.

Si se mira a Cuba como parte de la nueva política de Rusia en Latinoamérica, hay que recordar que esta estrategia genera muchos interrogantes entre la opinión pública mundial, y entre las preguntas más frecuentes figura ¿y para qué?

¿Para qué, por ejemplo, Rusia envía buques de guerra en visita amistosa a Venezuela, que aunque no afronta ningún bloqueo económico como Cuba, es un país muy poco amigo de EEUU?

¿Podrá ser acaso, que nuestro hito en las relaciones con la Habana se deba al hecho de que en toda la zona latinoamericana Cuba es símbolo histórico de independencia política con respecto a EEUU, y continúa siendo la pionera en esa política?

Ahora, en los inicios del siglo XXI en el continente latinoamericano cada vez son más los países "de izquierda" y abiertamente reacios a la política regional de EEUU (especialmente Venezuela) y en ese contexto, Cuba ya no puede considerarse una anomalía.

Se puede interpretar el envió de buques de guerra a las costas de Venezuela como una señal a George W. Bush (expresamente a Bush y no a Barack Obama) de lo que puede hacer Moscú si Washington continúa su política hostil, instigando a Georgia, Ucrania, emplazando su escudo antimisiles en Europa y otras cosas.

Y entonces, es cuando surge la otra pregunta, ¿y si Obama renuncia a esa política que entre otras no le conviene, entonces ya no habrá necesidad de tener asuntos con Venezuela y tampoco con Cuba?

¿Ustedes no se meten en nuestras fronteras y nosotros tampoco nos aproximamos a las suyas como en los tiempos de la Guerra Fría?

Lo que realmente ocurre es que la nueva política de Moscú en Latinoamérica no se improvisó y comenzó paulatinamente en la década de los años 90, cuando los empresarios rusos descubrieron que podían hacer muy buenos negocios son sus colegas latinoamericanos y que estos nuevos socios tenían mucha disposición para hacerlos.

El intercambio comercial de Rusia con Chile y Brasil exportadores fuertes del continente latinoamericano subió en picado con una dinámica propia, después siguió Argentina y paralelamente otros países incluso pequeños como Costa Rica que desarrolla el filón del turismo ruso codiciado en Europa y Asia.

El comercio de armamento de Rusia desde hace muchos años se desarrolla en el continente latinoamericano independientemente del nivel de "antiamericanismo" de cada uno de esos países.

Si resulta más inteligente que Bush, Obama debe normalizará las relaciones con Cuba, allanar los escollos con Venezuela, e incluso comenzar el dialogo con Irán aunque ambos presidentes ya han expresado sus reservas.

Se puede imaginar que mientras los estadounidenses se dedican a reflexionar y calcular sus pasos, Rusia y otros países aprovechan esa pausa para firmar nuevos contratos y tratados de carácter económico sobre todo los convenios que marcarán el nuevo orden mundial.

Una apreciación inexacta, Cada uno de los países está en la obligación de tomar la iniciativa y dar ejemplos de cómo se debe edificar el nuevo orden mundial a partir de la cooperación y comprensión mutua de intereses.

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