viernes, 30 de enero de 2009

Desde España: ¡A la carga!

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

El otro día publiqué unas reflexiones que titulaba Me rindo. Bueno, pues un amigo que me aprecia poco y yo a él menos, me puso un correo para afeármelo y preguntarme si no me avergonzaba...

Yo, que hago mucho más caso a los amigos por interés y a mis enemigos que a los buenos amigos y aun a mis seres queridos, sentí efectivamente mucha vergüenza. Pero lo achaqué a esa debilidad nerviosa, a esos bajones que todos tenemos en ciertas épocas y trances a ciertas horas del día. A fin de cuentas el ser humano es tan frágil y banal, que una migraña o una mala digestión son capaces de hacer del genio un memo.

Cuando esos vaivenes del humor no repercuten en grandes masas o en todo un pueblo, maldita la falta que hace recordarlo. Pero cuando las horribles decisiones las toma un político, un gobernante, un empresario, un arzobispo, un director mediático o un juez después de una noche de perros, de un desengaño o de haber leído a Ramírez, y además no dimite, es porque esa clase de gente que se permite decirnos cómo debemos pensar es la de más baja estofa que hay en la sociedad. Los hombres y mujeres de verdadera valía y talento acreditado no se meten en política ni en religión; se niegan a gobernar y a dar lecciones a nadie, y tienen demasiado pudor para juzgar a otros.

De modo que pensando sobre todo esto anoche y acordándome de los severos reproches de mi amigo a medias, me tiré de la cama, levanté la cabeza y casi casi surgiendo de mis cenizas morales, me dije: ¡A la carga!

Ver también:
- Desde España: Me rindo


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