jueves, 15 de enero de 2009

Panamá: Amores furtivos

Julio Yao (PANAMÁ PROFUNDO)

Hay amores que pueden caminar bajo la más intensa luz, sinceros y transparentes. Amores que nada tienen que ocultar, disimular o explicar.

Pero hay amores que necesitan caminar en la oscuridad porque allí nacieron. Amores incubados en la penumbra y que rehuyen la luz porque ésta los hiere como a criaturas del Abismo. Estos amores se esconden, se fingen, se escurren y medran temerosos y huidizos porque saben que caminan en bosques prohibidos.

Pero no pretendemos escribir un tratado sobre el amor, ¡que tanta falta nos hace! (el amor, no el tratado), porque del amor nunca se habrá dicho la última palabra. No pretendemos divinizar ni quemar incienso en el altar de un amor que sólo existe en el plano puro, porque hasta Gustavo Adolfo Bécquer tenía que ver cómo conseguía la mantequilla para el pan, luego de ver de lejos a su imaginada "novia" salir de misa los domingos. ¡Hermosos versos que Bécquer escribió a una doncella que nunca supo que tenía un admirador secreto!

Amores furtivos hacen su agosto en la penumbra de los intereses creados e invaden las recámaras de presidentes, ministros, diputados, y de toda esa gente que sostienen relaciones clandestinas con empresas poderosas y con los hombres "más ricos" (y para algunos los "más deliciosos") del mundo pero que, por ser amores ilícitos, no pueden exponerse a la luz del día.

¿Se imaginan los amores furtivos que nacen al calor de Minera Petaquilla, del proyecto de ley 459 sobre islas y costas, de la eliminación del artículo que prohíbe la pesca con mallas en Coiba, de la concesión petrolera a Harken Energy, del CEMIS, de la inexistencia de relaciones con China o de proyectos hidroeléctricos?

Los amores dentro de los anillos del poder tienen de becqueriano tan solo la mantequilla. Aquí no entran consideraciones de "Dios", "Patria" o "Nación". ¡Qué va! Estos amores furtivos e ilícitos tienen que ver con "el aquí y el ahora", con cuentas bancarias y con lo que algunos llaman, "la cuestión concreta".

Los demonios del lucro y la codicia que se posesionan de nuestros políticos corruptos y hablan por sus bocas pueden ser súcubos o íncubos.

Un súcubo "es un demonio que toma la forma de una mujer guapa para seducir a los hombres , sobre todo a los monjes , en sus sueños , para tener relaciones sexuales con ellos. De esta manera, absorben la energía del hombre para mantenerse, y a menudo, llegan hasta tal punto que pueden dejarlo agotado o incluso matarlo". Si se trata de una mujer corrupta, el demonio toma la forma de un hombre y entonces es un "íncubo" el que se posesiona de ella (wikipedia).

Lo anterior explica por qué algunos de nuestros políticos actúan como amantes furtivos y secretos, que hablan como ángeles pero actúan como demonios.

Cuando los miramos, pretenden ser ángeles. Cuando no, actúan como súcubos o íncubos y se entregan a orgías aberrantes.

Buen ejemplo es la Autoridad Nacional del Ambiente. La ANAM le abre un proceso administrativo a Minera Petaquilla después de las denuncias de destrucción del medio ambiente, pero no detiene a los mineros y continúa la cópula antinatura. Las comunidades protestan ante la embajada canadiense, y la ANAM multa y ordena la suspensión de operaciones a Minera Petaquilla, pero ésta no paga la multa y tampoco se detiene. Menos de una semana después, el íncubo se rebela y se posesiona de una vez por todas de la ANAM , haciendo que vomite la aprobación de un Estudio de Impacto Ambiental que es todo un esperpento de la Naturaleza.

Aprobado con múltiples condiciones, Minera Petaquilla se permite el lujo de objetarlas y queda teóricamente sin EIA aprobado, y ni aún así la ANAM le muestra la cruz o le dispara la bala de plata para matarlo de una vez por todas. Es que la posesa se enamoró (Síndrome de Estocolmo lo llaman) de su captor, pero esto rebasa el amor furtivo y se convierte en concupiscencia.

A los íncubos y súcubos, y a sus amantes furtivos que pululan en palacio, les dedicamos los siguientes versos anónimos, no sin antes recordarles que un exceso de relaciones sexuales no solamente agota sino que puede, y suele, matar:

No me mires, que nos miran,
que nos están mirando,
y pueden sospechar
que nos estamos amando.

No me mires, mi amor,
que cuando no nos miren,
¡entonces nos miraremos!.

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